Brujería, hechicería y maleficios en casa histórica de San Luis Tehuiloyocan, Puebla
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La brujería, hechicería, maleficios, herejía, bailes prohibidos, sodomía y el judaísmo son sólo algunas de las transgresiones a la fe y a la moral que eran castigadas por el Tribunal del Santo Oficio y por los Juzgados Eclesiásticos Ordinarios durante la época colonial. Dichas temáticas son abordadas por historiadores de varias instituciones de México y del extranjero, que participan en el III Coloquio de Cultura Novohispana: Transgresiones en el Virreinato durante los siglos XVI-XVIII, que se realiza en la Dirección de Estudios Históricos
La brujería, hechicería, maleficios, herejía, bailes prohibidos, sodomía y el judaísmo son sólo algunas de las transgresiones a la fe y a la moral que eran castigadas por el Tribunal del Santo Oficio y por los Juzgados Eclesiásticos Ordinarios durante la época colonial. Dichas temáticas son abordadas por historiadores de varias instituciones de México y del extranjero, que participan en el III Coloquio de Cultura Novohispana: Transgresiones en el Virreinato durante los siglos XVI-XVIII, que se realiza en la Dirección de Estudios Históricos (DEH).
En el coloquio participó el arquitecto e historiador José Antonio Terán Bonilla, de la DEH, quien impartió la conferencia Transgresiones de la fe. Un recinto para el culto demoniaco en el siglo XVIII, en la que hizo referencia a una casa que localizó en 1979, en la comunidad de San Luis Tehuiloyocan, en Puebla, que durante el siglo XVIII sirvió para realizar ceremonias demoniacas organizadas por seis sacerdotes que no estaban de acuerdo con la Iglesia católica.
Sostuvo que en esa casa, que fue rescatada y hoy es una biblioteca pública, se hacían rituales a cielo abierto, en la que se sacrificaban niños, animales y se mancillaba a doncellas, sin embargo, por su lejanía nunca fue localizada por la Santa Inquisición.
Destacó que la casa aún conserva parte del policromado, en el que se aprecian figuras e inscripciones elaboradas con la técnica del mosaico (alineamientos de pequeñas piedras), y que pone en evidencia las actividades clandestinas que debieron realizarse en el patio de la casona.
as puertas de la casa están flanqueadas por dos monos antropomorfos, ambas representaciones llevan sombrero rematado por una cruz. “Ante cada animal hay algo que sugiere un altar y encima un recipiente en llamas. Todo ello aviva la idea que se trataba de un ritual, máxime que debajo de ambas figuras se aprecia un doble círculo con seis puntos, atributo asociado a la celebración de la misa negra”.
Por último, mencionó que en la viguería de esa casa aparece inscrita de manera inversa la oración del Magnificat, lo que era un acto considerado sacrílego.