Peña Nieto, la Divinidad
fernando.maldonado
Fernando Maldonado
En medio de un clima enrarecido por la lucha por el poder, con un evidente agotamiento del discurso, sin ideas novedosas y con una notable ausencia de propuestas que permita al electorado dilucidar entre una oferta y otra, la premisa es la nueva Divinidad.
Son los nuevos mitos urbanos que irremediablemente se convertirán en las leyendas del mañana. Son encarnación de una deidad a la que hay que adorar, aun a costa de los excesos en el usufructo del poder en todas las ramificaciones del árbol genealógico.
El caso Puebla ilustra como nunca la fresca estampa que lejos está de dibujar una clase política madura y moderna; incluyente, pensante y tolerable.
Prácticamente no hay un solo grupo de poder poblano que busque detentar el poder político en la entidad que no haya buscado ganarse el interés y el apoyo del gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, la nueva Divinidad política.
El mexiquense es heredero de una de las estirpes más poderosas en el país. El grupo Atlacomulco ha hecho de este país y sus instituciones lo que han querido para beneficiar un minúsculo clan familiar.
No se trata de una agrupación cualquiera. De ese pequeño pueblo en el vecino estado han surgido regentes del Distrito Federal, un total de seis gobernadores, secretarios de Estado, senadores y diputados federales.
No es exagerado decir que sus integrantes han dado continuidad a esa rancia y condenable herencia que nos dejó el presidente Plutarco Elías Calles y su siniestro operador, el gordo Luís N. Morones: El saqueo del país.
Es en ese abrevadero en donde el hombre de copete engomado ha conocido las mieles del poder político y empresarial. Sus tutores fueron Carlos Hank González, el hombre que acuñó la frase aquélla que terminó por pintarlo de cuerpo entero: “Un pobre político es un político pobre”.
En el país del no pasa nada, el hombre que heredó el poder en territorio mexiquense, Arturo Montiel fue pillado con las manos en la masa, cuando no abandonaba aún el palacio de gobierno en Toluca.
Enrique Peña Nieto, el sucesor y ahora paladín de la clase política su omnímodo y bondadoso manto para protegerlo de las garras de la justicia.
No son los mejores ropajes los que visten al mito urbano que la clase política tanto invoca. Un poco mas de información acerca de este personaje que saltó de la burocracia al canal de las estrellas haría palidecer a quien presume su cariño y apoyo político.
Pero la realidad nos ha mostrado a lo largo de las últimas semanas que la memoria es corta, que el conocimiento de personajes labrados en los talleres de orfebrería política más rudimentarios es insuficiente.
Un poco mas de luces sobre estos personajes obligarían a quienes presumen su apoyo en Puebla, a guardar silencio prudente, y decoro.