Bartolomé de las Casas, primer teólogo de la liberación
joomla.2014j25
El próximo 17 de julio se conmemora el aniversario luctuoso de Bartolomé de las Casas. Murió en 1566 a los 82 años de edad. Rescatar del olvido su vida es de gran importancia en estos tiempos de miedo y apatía ante la injusticia social. La vida de Bartolomé es una gran inspiración para mantener una lucha, desde las convicciones sagradas, a favor de la dignidad y la justicia.
El próximo 17 de julio se conmemora el aniversario luctuoso de Bartolomé de las Casas. Murió en 1566 a los 82 años de edad. Rescatar del olvido su vida es de gran importancia en estos tiempos de miedo y apatía ante la injusticia social. La vida de Bartolomé es una gran inspiración para mantener una lucha, desde las convicciones sagradas, a favor de la dignidad y la justicia.
La historia de este gran personaje es la historia de una transformación radical. El siendo parte del grupo dominante se convertirá al lado de los pobres, y los defenderá como nadie lo había hecho. Fue hijo de Pedro Las Casas, un colonizador que llegó junto con Colon en el segundo viaje de éste al nuevo mundo. Esto le ayudará a tener un lugar importante en el grupo dominador. Era hábil para los negocios, pero también sensible a “las cosas de Dios”. Aprovechará una gran oportunidad cuando el Capitán Narváez le pida que lo acompañe como capellán a “pacificar una isla”. Su trabajo consistía, en leer en perfecto latín el “requerimiento”, texto cristiano que les explicaba a los indígenas que su tierra ya no era de ellos sino de Dios. Y a través de su administrador el Papa les pedía que “pacíficamente” entregarán la tierra y todas sus pertenencias, ya que ahora los españoles serán los nuevos administradores de las riquezas de Dios en el nuevo mundo. Si no obedecían, también decía el escrito, tenían que sujetarse a las consecuencias violentas por ir en contra de la voluntad divina. La mayoría de las veces los indígenas no entendían la nueva lengua de Dios, pero si comprendía, y rápido, las intenciones podridas de los mensajeros de Dios, de manera al defenderse de los españoles venía la guerra. Obviamente la ventaja la tenían los españoles, que aunque eran menos tenían armas que además de matar producían un miedo colectivo atroz. Por hacer este trabajo de capellán Bartolomé lo volverán encomendero. La encomienda era una esclavitud disfrazada. La lógica era la siguiente: el indio hereje por desconocer al verdadero Dios si quería vivir debía ser “encomendado” a un español cristiano que le enseñara la verdadera doctrina. Como pago a su generosidad los indígenas “encomendados” debían “servirle” al español catequista. Bonita forma de enseñar el evangelio.
En 1514 Bartolomé no soportará más este “estilo de vida” dominador. Desde la matanza de Canao, hoy Cuba, donde sirvió de Capellán su conciencia no lo deja tranquilo. No puede dormir, tiene pesadillas, los rostros indígenas masacrados por los españoles y bendecidos por él se les aparecen cada noche. Él sabe que ha hecho mal. Por eso recurre con los religiosos dominicos para que le ayuden. Pero resulta al revés, le niegan la comunión hasta que trate bien a sus indígenas encomendados. Estrategia que tomará la comunidad de dominicos con los españoles ricos. Esta comunidad verá el maltrato injusto que les daban los dominadores a los indígenas y se volverá una comunidad profética que defendía los derechos humanos de los indígenas. Esta comunidad liderada por Pedro de Córdova tendrá como estrategia negar los sacramentos hasta que los encomenderos cambien. Lección que tocará a la conciencia intranquila de Bartolomé. En medio de la dudas seguirá participando en la comunidad y en un domingo de adviento, el cuarto para ser exactos, de 1511, escuchará el famoso sermón de Antonio de Montesinos en contra de los terratenientes. Estas palabras llenas de evangelio y de valentía harán que Bartolomé pida entrar a esa comunidad. Es el testimonio y coherencia de la comunidad lo que le impacta a Bartolomé, su alma, su corazón, su ser necesita un cambio para vivir. Como todo “novicio” ira poco a poco aprendiendo las sagradas escrituras y la vida en comunidad. Vida comunitaria llena de justicia evangélica. En este período será cuando lea el texto de Eclesiástico 34, texto decisivo en su vida:
“Sacrificios de posesiones injustas son impuros, ni son aceptados los dones de los inicuos; el Altísimo no acepta las ofrendas de los impíos [ni por sus muchos sacrificios les perdona el pecado]; es sacrificar un hijo delante de su padre quitar a los pobres para ofrecer sacrificio.
El pan de los indigentes es vida del pobre, El que se lo niega es homicida; Mata a su prójimo quien le quita el sustento, Quien no paga el justo salario derrama sangre” (Eclo 34, 18-22).
Con todo este caos interno Bartolomé entra en un proceso interior de silencio por más de tres años. Viviendo a fondo este proceso Bartolomé de las Casas se lanzará a la defensa de los indígenas, encontrando en esta defensa la razón de su existencia. Su pensamiento se volverá base para lo que hoy llamamos derechos humanos, y serán sus palabras las primeras que podemos considerar como teología de la liberación. Pondrá a los indígenas como los “nuevos cristos azotados” y le pedirá a la iglesia coherencia con sus prácticas. Denunciará la guerra injusta de los españoles y la violenta encomienda, sostén económico de la nueva España. Hará todo lo posible porque los indígenas “no mueran antes de tiempo” es decir injustamente.
La muerte se lo llevó hace 548 años. Los que algunos saben, es que todavía sigue su espíritu entre nosotros, defendiendo y alimentando, desde la fe cristiana, la vida de los indígenas.
El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
Sus comentarios son bienvenidos