Lectura televisiva
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Es indudable que la televisión en México goza de grandes privilegios, maneja el poder de la información, sin preguntarnos, la clasifica y nos indica qué conviene saber y qué no, además determina el grado de su importancia, en pocas palabras, no sólo informa, sino que marca una agenda informativa.
La televisión crea y destruye imágenes, dicta valores, forma estereotipos, nos gobierna sin pedir el voto, se infiltra en la función pública, presiona a políticos, quienes necesitados de fama ceden a sus peticiones con tal de aparecer por unos segundos en la pantalla, acrecentando así el refrán de que un político que no sale en televisión es un político que no existe, pero ahí no termina todo, nuestra televisión no se conforma y va más allá, presiona a partidos políticos e impone a candidatos para cuidar sus intereses, ¿les suena la telebancada?
Y qué decir de su función de juez y libertador moral que ejerce una presión mediática para después transformarla en presión social, llegando al extremo de hacer pasar por inocente al culpable o viceversa, y para colmo -y aunque usted no lo acepte- tiene la facilidad de entrar en los hogares mexicanos y gozar de un lugar especial en cada sala o habitación.
Al final la famosa caja idiota resultó más inteligente que otra cosa.
Pero ¿realmente es tan poderosa, manipuladora y merecedora de todos los males que le aquejan? acaso ¿el tele-espectador es inocente?, ¿será cierto que al apagar el televisor y negar su existencia se termina todo?
La respuesta puede estar más cerca de lo que imaginamos, no se necesita ser comunicólogo, periodista o experto en televisión para saber que el proceso de comunicación culmina en el receptor, en aquel personaje que tiene la capacidad para decidir qué acepta o rechaza de los contenidos televisivos, así por muchas horas que los especialistas del show mediático se esfuercen en proyectarnos un mensaje, por muchas estrategias que utilicen los creadores de los teatros televisivos, al final el receptor es quien tiene la última palabra.
Y si el receptor juega un papel fundamental, por qué no actuar y pasar de un estado pasivo a activo, ¿por qué no prepararse para entender el lenguaje televisivo?, ¿por qué no crear materias curriculares del tema?, ¿por qué no ver la televisión por análisis y no por rutina?, ¿por qué no saber el tiempo exacto de apagarla? Reflexionemos que es preciso conocerla para entenderla, de modo que exista un auditorio exigente que reclame calidad en la programación televisiva.
Sartori decía que la televisión está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns, en el cual la palabra ha sido paulatinamente sustituida por imágenes vacías de contenido, situación no extraña en nuestros días, donde el ser humano prefiere la imagen a la lectura, ésa es la oferta de la televisión, evitar pensar, pero en vista de que las imágenes que nos proyecta tienen un código con fines particulares-empresariales es necesario aprender a descifrarlos, es necesario aprender a leer la televisión.
Y es que el problema real radica en que sus dueños la ven como negocio, donde los espectadores representan un número del rating, y la sociedad la ve como distracción, como entretenimiento, y ni uno ni otro la considera educativa, ignoran lo que realmente hace, en México hay familias enteras que su única fuente de información y cultura es la televisión, familias que sus hijos pasan más horas viéndola que las que pasan estudiando.
Por otra parte, no podemos negar que la televisión tiene programación positiva, pero es poca, la mayoría de programas ofenden el pensamiento humano, denigran a la persona, programas que generan violencia, no tocan de fondo los problemas reales de México, esconden la pobreza, la desigual social y sólo exponen su visión del país, su versión de la democracia, una versión que muchas veces lejos de servir como medio informativo-analítico, sirve como aparato ideológico del Estado.
Los cambios que se avecinan en las reformas de telecomunicaciones necesariamente exigen mejoras en el plano tecnológico, pero también en los contenidos, en la competencia, en la democratización y en la valorización del ser humano.
@JaphetAlcocer
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