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Ignacio Larrañaga

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Ignacio Larrañaga
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 5 de noviembre de 2013
Ignacio Larrañaga fue un sacerdote franciscano ejemplar, incansable, un extraordinario comunicador que dedicó su vida a ayudar a las personas que sufren. 
 
Tuvo una sensibilidad inigualable y sentido común agudo, lo cual le permitió explorar las entrañas del ser humano y encontrar la orientación adecuada a sus problemas, para alcanzar la “felicidad”. 
 
Ignacio murió el pasado 28 de octubre a sus 84 años, dejando un gran legado. 
 
De origen humilde, nació en Loyola, España, el 4 de mayo de 1928. Ingresó al seminario y fue ordenado sacerdote en Pamplona, donde desarrolló un apostolado discreto como organista. 
 
Fue enviado a Chile para emprender su obra pastoral como predicador, escritor, director espiritual y organizador de conferencias, cursos y retiros. 
 
En 1965 fundó el Centro de Estudios Franciscanos y Pastorales para América Latina (CEFEPAL), un instituto de renovación conciliar. 
 
En 1974 inició en Brasil el método de evangelización “Encuentro de Experiencia de Dios”. 
 
En 1984, emprendió su obra: Talleres de Oración y Vida. 
 
Escribió más de 16 libros, que han sido traducidos a varios idiomas. 
 
Todos permiten observar su amplio criterio y conocimiento, al citar a diversos autores no cristianos.
 
Muéstrame tu rostro, 1974, desvela todo el itinerario hacia Dios, desde los primeros pasos hasta llegar a la contemplación; aborda el silencio del Creador y las distracciones humanas. 
 
El Silencio de María, 1976, analiza a la mujer de profunda fe, del silencio, de la meditación, que busca el sentido oculto de los hechos y las palabras. Ella, conserva los recuerdos de Jesús en su memoria, tal como se aprecia en algunos pasajes del Evangelio de San Lucas.
 
Aquí cita a Gibrán: “Al amanecer, aún permanecía entre nosotros; era como una bandera abandonada en el desierto”.
 
Sube conmigo, 1978, un libro para todos los cristianos que en diferentes grados, están integrados en grupos comunitarios, en los juveniles y los laicos, para consolidar los lazos íntimos entre ellos.
 
En el capítulo “Soledad, solitariedad, solidaridad”, destaca:
 
“Por su interioridad (soledad), el hombre es superior al universo entero. A estas profundidades (de sí mismo) retorna, cuando entre dentro de su corazón… GS 14.
 
“El hombre es, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades, sin relacionarse con los demás, GS 12.
 
Luego cita a Pablo Neruda: “Sube a nacer conmigo, hermano. Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado”.
 
Salmo 132: “¡Qué cosa tan estupenda cuando los hermanos viven unidos bajo un mismo techo!”
 
El hermano de Asís, 1980, aborda a Francisco, el santo de la profunda metanoia personal, que llegó a reconstruir en sí mismo al hombre nuevo.
 
“Nada se improvisa en la vida de un hombre. El ser humano es siempre hijo de una época y un ambiente, como lo son los árboles y las plantas. Un abeto no crece en las selvas tropicales ni un ceibo en las cumbres nevadas. Si en la cadena de las generaciones surge un alto exponente humano, no brota de improviso como los hongos en las montañas”.
 
“Nuestra alma es recreada a imagen y semejanza de los ideales que gravitan a nuestro alrededor, y nuestra raíces se alimentan como los ósmosis y sin darnos cuenta, de la atmósfera de ideas que nos envuelve. Si queremos saber quién es un hombre, miremos a su alrededor. Es lo que llaman entorno vital”.
 
Del sufrimiento a la paz, 1984, un gran libro que brinda los medios prácticos para neutralizar o, al menos atenuar todo y cualquier sufrimiento. Los primeros capítulos los dedica a quienes no tienen fe, o la tienen débil. 
 
Su cita, del Apólogo Chino:
 
“Dijo el amigo al amigo, sobre el puente: mira qué alegres están los peces en el río. 
 
El otro replicó: ¿Cómo tú, no-pez, conoces la alegría de los peces en el río?
 
Y respondió el primero: por mi alegría sobre el puente”. 
 
El pobre de Nazaret, 1990, un texto sobre la vida de Jesús, con un enfoque humanista. Evoca la relación con sus padres, el trabajo y gran parte de su vida, que permaneció oculta, hasta su predicación. 
 
El autor cita a Ramón del Valle Inclán: “Nada es como es, sino como se recuerda”. 
 
En Salmos para la vida, 1994, enseña a rezar en un mundo marcado por el ajetreo, el ruido y las distracciones. 
 
Transfiguración, 1997, un breve volumen para mejorar la espiritualidad. El libro alienta en los momentos de abatimiento. 
 
Su cita es de Jean Paul Sartre: “Los ideales son como las estrellas: nunca las alcanzaremos… pero trazaremos nuestro camino siguiéndolas”. 
 
La Rosa y el Fuego, 1997, una especie de autobiografía en la que el autor comparte algunas experiencias significativas de su vida.
 
Las fuerzas de la decadencia, 2004, un libro extraordinario que aborda las materias como: olvido, cansancio, fracaso, ansiedad, temor, enfermedad, dolor, ancianidad, muerte y soledad. 
 
Larrañaga tiene más títulos: Itinerario hacia Dios; El matrimonio feliz; Dios adentro; El sentido de la Vida; y El arte de ser feliz. 
 
Este último, un verdadero tesoro, de sólo 100 páginas: 
 
“Fuimos colocados en el jardín de la vida, para saborear la existencia como un privilegio único”. 
 
“No pretendo el sueño imposible de eliminar de raíz las penas de la vida. Pero sí deseo mitigarlas, arrancar algunas espinas, sanar heridas y enjugar muchas lágrimas”. 
 
El P. Larrañaga grabó también muchos audios y vídeos, como Creciendo en el amor y Vida conyugal.
 
Algunas de sus conferencias pueden consultarse en Internet.
Mis correos: 
vivereparvo45@yahoo.com.mx
vivereparvo45@hotmail.com
Staff Puebla On Line 2009
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