Lucha interna en el PRI, lo más difícil para Enrique Agüera
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Una vez pavimentado el camino para concretar la unción de Enrique Agüera como candidato del PRI a la presidencia municipal de Puebla, lo que deben preguntarse en el búnker del exrector es cómo hacerle para impedir que los diferentes grupos priistas operen en contra… ¡pero de él!
La etapa de definición del candidato fue como un paseo por la playa comparada con lo que vendrá a partir de ahora.
Además de enfrentar al oponente del equipo rival, que como se sabe, responderá al nombre de José Antonio Gali, Agüera y compañía tendrán que batallar con las enormes complejidades del partido tricolor.
De entrada, habrá que sortear la operación cicatriz.
José Chedraui hizo pública su adhesión al exrector desde el sábado.
“Felicito a @enriqueaguera por ser el candidato del PRI a la Alcadia Poblana, muchas felicidades y mucho EXITO. Me sumo, como lo dije al 100%”, escribió el empresario en su cuenta de twitter.
De Víctor Giorgana, Oscar Aguilar y Víctor Gabriel Chedraui no tendrá que preocuparse.
Aunque quisieran, ninguno de los tres tiene con qué hacerle daño.
El problema para Agüera se llama Enrique y se apellida Doger.
Fiel a un estilo, el también exrector de la BUAP llevará su inconformidad hasta las últimas consecuencias, y si lo cree conveniente para sus intereses, cumplirá la amenaza proferida en privado para operar a favor de Gali.
Otro frente de batalla en el PRI es el de los aspirantes a Casa Puebla.
Después de Doger, la incógnita se centrará en Blanca Alcalá, Jorge Estefan, Javier López Zavala y Juan Carlos Lastiri; en saber si los cuatro estarán dispuestos a sumarse al abanderado, con todo y que un eventual triunfo lo coloque como virtual candidato a gobernador en el futuro.
Se sabe que Agüera piensa haber tendido eficientes puentes de comunicación y entendimiento con Lastiri, a quien mira, gracias a eso, como aliado en la guerra por venir.
Podrá dudar de Estefan, más por el parentesco con Gali, de quien es concuño, que por un proyecto personal, que lo tiene.
Aun así, la relación entre Agüera y Estefan arroja un saldo más o menos positivo que abona a la confianza mutua.
Los focos de alerta se prenden cuando se nombran a Alcalá y Zavala.
La senadora cobijó a José Chedraui en la disputa interna, pero a diferencia de Estefan, que también lo hizo, fue notablemente áspera en su trato con el exrector.
Algunos concluyen que Blanca Alcalá quería a Chedraui en la candidatura para verlo perder y después encaminarse a la gubernatura sin rival priista por delante.
Con un discurso que en ocasiones dista mucho de su actuar, Zavala representa el último de los obstáculos para Agüera dentro del PRI.
De dientes para afuera podrá decir que sí, que cómo no, que él y toooda su estructura trabajarán a favor del candidato; sin embargo, movido por el deseo de gobernar Puebla que aún conserva en su intimidad, en los hechos podría ser otro su comportamiento.
Y de eso deberán también estar pendientes los agüeristas.
A la par de la confrontación con Gali, o incluso antes que ella, el candidato del PRI tendrá que luchar contra dos grandes enemigos internos: la falta de unidad y la simulación, viejos conocidos en elecciones pasadas.
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