Puebla: El Yunque no sabe ganar pero sí hacer perder
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Desde que logró la candidatura panista al gobierno del estado, Rafael Moreno Valle controló someramente al PAN poblano, y desde que asumió como mandatario, tuvo bajo su égida a todos los partidos políticos y a muchos medios de comunicación.
Durante 2011 y la primera mitad del año 2012 parecía ser dueño de la situación política poblana sin necesitar aliados.
Todos debían ser sus subordinados, soportarlo y obedecer sin reparo sus mandatos.
El panismo esclerótico lo ha visto con temor, recelo y hasta con odio.
Pero Moreno Valle puede ser presidente de la República.
Y en la medida que esa expectativa tenga fuerza, el gobernador proyectará poder.
Pero todo se ha ido complicando.
Enrique Peña Nieto gana y asume la presidencia de México para restaurar la disciplina de un PRI que ahora tiene jefe y proyecto.
El PRI poblano ya no obedece ni se ciñe a los dictados del gobernador.
La línea baja desde Los Pinos, Bucareli e Insurgentes Norte.
Y viene la elección intermedia, en la que si fracasa el mandatario estatal, todos le perderán el miedo e irán a cobrarle las facturas de agravios reales o supuestos.
Tony Gali es su gallo para la candidatura insignia, la que marcará el éxito o el fracaso de todas las demás.
Y no le está siendo fácil hacerlo candidato del PAN.
El panismo esclerótico se ha opuesto y ha encontrado fórmulas para diferir su nominación (al momento de escribir estas líneas, Tony aún no es candidato oficial de Acción Nacional), pues el éxito del gobernador erosiona y acota la fuerza del grupo hegemónico en el PAN poblano.
Con esa óptica, las estructuras formales del blanquiazul se aplicarán a entorpecer la campaña e impedir que se consolide el poder de un gobernador, cuya dimensión política contrasta con el ínfimo porte de las dirigencias del partido.
Esa es la impronta del panismo que no sabe ganar, pero sí sabe hacer perder.
Y si bien Moreno Valle tiene amplios recursos, en la actual situación y para enfrentar a un priismo revitalizado, con jefe en Los Pinos y con un candidato competitivo, se requiere de un panismo organizado y con vocación de triunfo.
¿Dónde podría estar ese otro panismo?
Efectivamente existe, pero ha sido sumamente discreto, ha operado en los escenarios nacionales, tiene contactos en todo el país y ha superado las más duras pruebas a las que pudiera ser sometido un actor político.
Y ahora aparece cuando es más necesario.
Se manifestó ya como un grupo compacto, experimentado, conocedor del partido y del electorado y que puede hacer ganar a un candidato competitivo y abierto con quien se pueda operar en libertad.
No es sumiso, pero es leal y eficaz.
El sábado 6 de abril, entre las 10 y las 12 horas, en un céntrico hotel, estos panistas se dejaron ver ante un Tony Gali necesitado de esencia partidista, y sin negar la cruz de su parroquia ni pedir chambas, le demuestran que pueden ser el factor clave de su campaña.
Y al gobernador le dicen con sutileza que esa indudable inteligencia que posee, requiere de aliados eficaces y valerosos, de esos que no se someten a despotismos y tienen capacidad de operación ahí donde los recursos del poder compiten con otros más abundantes.
El mensaje es fuerte cuando la derrota es un escenario no sólo posible sino probable y las consecuencias de ella afectarían no sólo al proyecto del 2018, sino al tránsito de un sexenio que apenas va hacia su tercer informe sin la certeza de ver aprobadas sus cuentas públicas.