En el PRI de Puebla priva el canibalismo político
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Hace un par de semanas se lo adelantaba en este espacio, hoy es más evidente que nunca.
Los “liderazgos” priistas hacen todo lo posible por descarrilar a su partido en la coyuntura de la elección local de julio próximo.
Lejos de sumar, fomentan la división y el encono buscando únicamente su beneficio personal.
Piden cuotas, exigen posiciones para sus incondicionales y venden caro su aparente amor, para por debajo de la mesa patear al pesebre que los cobija políticamente.
No hay duda, quienes tienen un peso específico en la toma de decisiones partidistas y en la operación de la estrategia electoral, no juegan del lado del PRI, al contrario, se han convertido en sus acérrimos y más peligrosos enemigos.
¿Qué ganan?
Si el tricolor poblano sufre una nueva catástrofe electoral, cada uno de ellos intentará apoderarse de lo que quede para a partir de ahí iniciar una “refundación” tricolor basada en su supuesto liderazgo y en una renovación de cuadros, conductas y actitudes.
Todo esto, claro está, buscando el apoyo absoluto de la presidencia de la República para, ahora sí, intentar recuperar el gobierno del estado para el 2018.
A pesar de que tendrían una responsabilidad directa en un escenario de derrota electoral, ya alistan la estrategia de justificación y reparto de culpas.
En este escenario, quienes cargarían con la responsabilidad política y mediática son el delegado Fernando Moreno Peña y el líder estatal Pablo Fernández del Campo.
Y es que, en el escenario a futuro de los rebeldes priistas, amos personajes no sólo son fácilmente sacrificables sino absolutamente prescindibles.
Moreno Peña cargará con su ascendencia colimense, se le acusará de no conocer Puebla ni la forma local de hacer política y a Pablito lo crucificarán en la siempre rentable cruz del marinismo.
Ellos, como siempre, intentarán salir impunes.
Más allá del resultado final, este proceso electoral nos ha mostrado las estampas más vergonzosas en la vida interna del priismo poblano.
Ahí están los berrinches y desplantes de Doger.
La hipocresía política de Blanca Alcalá.
La apatía y maniqueísmo de Lastiri.
La traición de los Morales y la abyección de los inmorales.
Capítulo aparte merece la actitud del diputado federal Javier López Zavala, el máximo perdedor en la historia de la política poblana.
Aquel que será recordado siempre por el vergonzoso papel que tuvo en la elección local de 2010, siendo el primer candidato tricolor en fallar en su búsqueda por la gubernatura de Puebla.
Todos ellos, créame, ganan mucho más con una derrota del PRI.
Por eso, los operadores políticos de Casa Puebla han estado muy ocupados aprovechando la división priista.
Se reúnen, pactan, negocian con Dios y con el diablo con tal de tener más oportunidades de ganar la mayoría de las posiciones que estarán en juego el próximo 7 de julio.
Sí, es la elección más importante en la vida política del gobernador Moreno Valle y va con todo.
Hasta el momento, se le han alineado todos y cada uno de los siempre caprichosos astros de la política.
¿Se mantendrá su buena estrella hasta el final de la contienda?
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