Educación en México, entre las peores de la OCDE; otra herencia de FCH
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De acuerdo con la más reciente Evaluación Internacional de Alumnos (PISA por sus siglas en inglés) del año 2009, México se ubicó en el lugar 48 de los 65 países participantes y en el último de los entonces países miembros de la OCDE
Apro informa que el legado del gobierno calderonista en materia de educación es, por donde se le vea, desolador. Según el Plan Nacional de Desarrollo (PND), la calidad educativa que se imparte actualmente tiene al país en los últimos lugares entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Además, la oferta de profesionistas que logran concluir una carrera no corresponde con la demanda de trabajo y la ciencia y la tecnología se distingue por su bajo nivel de inversión.
En el eje número tres “México con educación de calidad” del PND se aportan más datos:
“A falta de capital humano más desarrollado, históricamente la competitividad ha estado basada en proveer una mano de obra de costo accesible”.
Ello explica por qué la base exportadora mexicana se vio afectada con la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), en 2001, que compitió con bajos costos laborales, señala el documento. Y pese a que México ha recuperado competitividad en ese rubro, la meta que se ha propuesto alcanzar en el mediano plazo el actual gobierno es que la competitividad de la mano de obra esté basada preponderantemente en su calidad.
“Los países que logran un apropiación social del conocimiento, aceleran el crecimiento económico en forma sostenida e incrementan la calidad de vida de su población.
Es fundamental que México sea un país que provea una educación de calidad para que potencie el desarrollo de las capacidades y habilidades integrales de cada ciudadano en los ámbitos intelectual, afectivo, artístico y deportivo, al tiempo que inculque los valores por los cuales se defiende la dignidad personal la de los otros”, señala el documento.
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El PND señala que la calidad de la educación básica sigue siendo “un reto mayor”.
De acuerdo con la más reciente Evaluación Internacional de Alumnos (PISA por sus siglas en inglés) del año 2009, México se ubicó en el lugar 48 de los 65 países participantes y en el último de los entonces países miembros de la OCDE.
Actualmente, el Sistema Educativo Nacional atiende 35.2 millones de niños y jóvenes en la modalidad escolarizada.
De éstos, 25.9 millones –el 73.4%– cursan educación básica: 4.8 millones preescolar, 14.8 millones primaria y 6.3 millones secundaria. Ese universo es atendido por 1.2 millones de maestros en casi 228 mil escuelas de todo el país.
En términos de eficiencia el nivel es bajo y conforme avanza el nivel educativo, disminuye el número de educandos. Por cada 100 niños que ingresan a primaria sólo 76 concluyen la secundaria en tiempo y forma. Esta situación, señala el PND, ha limitado la posibilidad de ampliar la cobertura en la educación media superior que la ley establece como obligatoria. A la fecha, la cobertura es de 66.3%.
Los planteles de educación media superior atienden a 4.4 millones de jóvenes –el 91.3% a los bachilleratos y el 8.7% a educación profesional técnica—y del total 85.9 de cada 100 egresados se inscriben en alguna institución de educación superior.
Ese nivel de educación atiende actualmente a 3.3 millones de alumnos, lo que representa una cobertura de apenas 29.2%.
“Para mejorar la calidad de la educación se requiere transitar hacia un sistema de profesionalización de la carrera docente, que estimule el desempeño académico de los maestros y fortalezca los procesos de formación y actualización”, sugiere el PND.
La vía para lograrlo, señala, es fortalecer los procesos de formación inicial y selección de los docentes, así como fortalecer la infraestructura, los servicios básicos y el equipamiento de escuelas.
Además del estancamiento en el sistema de educación básica, media y superior, el actual gobierno tendrá que combatir el rezago educativo en la población adulta.
De acuerdo con el PND, hay alrededor de 32.3 millones de adultos que no han completado su educación básica, lo que equivale al 38.5% de la población mayor de 15 años. La cifra incluye los poco más de 5.1 millones de personas analfabetas, cuya condición limita su integración al mercado laboral.
Además, el gobierno estima que hay alrededor de 15 millones de personas mayores de 18 años que no han completado el bachillerato, requisito para acceder a mejores oportunidades de empleo.
Y mientras el problema del rezago educativo no se resuelve, el PND advierte que las habilidades que se requieren para tener éxito en el mercado laboral, han cambiado por la abundancia de información de fácil acceso que existe, en parte gracias al internet, lo que hace necesario “que los ciudadanos estén en condiciones de manejar e interpretar esa información”.
La juventud en específico, señala el documento, tendrá que responder a un nuevo ambiente laboral “donde las oportunidades de trabajo no solo se buscan, sino en ocasiones se tienen que inventar ante las cambiantes circunstancias de los mercados laborales y la rápida transformación económica”.
Ante ese panorama, el PND señala que es fundamental fortalecer la vinculación entre educación, transformación y el sector productivo.
De igual forma, añade, es necesario fomentar mecanismos que permitan certificar que las personas que cuentan con experiencia laboral, pero no estudios formales, puedan acreditar sus conocimientos y habilidades mediante un documento oficial.
Otro reto planteado por el gobierno de Peña Nieto es eliminar el desequilibrio entre la demanda de los jóvenes por ciertas carreras y las necesidades del sector productivo.