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Sociedad oprimida y reprimida

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Sociedad oprimida y reprimida
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 8 de enero de 2013
Todos se preguntan: ¿Qué va a pasar?
Casi nadie dice: ¿Qué vamos a hacer? 
Julián Marías
México sufre por el empobrecimiento de millones de familias, por la injusticia, por el control de los monopolios, por la inseguridad, por la corrupción generalizada, por la impunidad, por la falta de empleos y por la desconfianza en las instituciones.
Esta es una sociedad resquebrajada y no puede defenderse de los problemas colectivos que la aquejan.
No habrá forma de construir un México mejor, justo, libre, equitativo, solidario, democrático y en paz, sin la participación de los ciudadanos. Es una condición sine qua non. 
¡Hacen falta auténticos líderes que encabecen a la gente y estén de su lado!
Si el pueblo se atemoriza en sus legítimas demandas perderá cada vez más espacios y presencia.
Los poderes reales y fácticos, son sus enemigos, unos verdaderos depredadores. Los nuevos caciques rurales y urbanos son entes malignos capaces de todo y casi siempre se imponen a la ley y a la justicia. 
La igualdad jurídica no forma parte de la cultura política y social de los mexicanos. 
Las autoridades tampoco son capaces de resolver todo y en el mejor de los casos sólo administrarán las dificultades.
No se debe claudicar en la lucha porque la auténtica democracia se construye desde abajo y con la participación de todos.
Este es un reto mayor ante un sistema político que ha servido para repartir privilegios y una sociedad que se define por la jerarquía y la exclusión. 
Resulta impostergable la consolidación de la democracia en la que los derechos ciudadanos se conviertan en límites jurídicos reales y efectivos del ejercicio del poder. 
Se requiere eficacia de los gobiernos y sobre todo una nueva cultura cívica.
Desde hace varios siglos el país está desgarrado por normas y comportamientos disfuncionales que lo han mantenido en el subdesarrollo. 
¿Es posible cambiar el rumbo? 
Sí, con la movilización de millones de ciudadanos, sin ellos la nación estará condenada al fracaso.
Parece que la clave está en la participación social que abandere causas, principios y valores comunes. 
Falta fomentar la conciencia crítica, el equilibrio de poderes y la lucha contra estructuras corruptas. 
Urge la vinculación entre la política y la ética, el reconocimiento de las personas como seres libres, con derechos y deberes. 
Hay que actuar a favor de un orden justo y los ciudadanos están llamados a ser los protagonistas. 
Al respecto, la Conferencia del Episcopado Mexicano subraya en su artículo “La democracia en México ha de consolidarse en la paz, el desarrollo, la participación y la solidaridad”:
“Los ciudadanos no pueden eximirse de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”. 
“La misión de los fieles laicos es, por tanto, configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los otros ciudadanos según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad”. 
“Los partidos políticos tienen la tarea de favorecer una amplia participación y el acceso de todos a las responsabilidades públicas”. 
 “Los partidos están llamados a interpretar las aspiraciones de la sociedad civil, orientándolas al bien común”. 
“La aspiración hacia la igualdad y la participación, trata de promover un tipo de sociedad democrática”. 
“El cristiano tiene la obligación de participar en la búsqueda del modelo político más adecuado en la organización y en la vida de su comunidad”. 
“El prójimo no es solamente un ser humano más. Debe ser amado, aunque sea enemigo, y por él se debe estar dispuesto incluso al sacrificio”.
“La solidaridad no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien de todos”. 
“Las nuevas relaciones de interdependencia entre hombres y pueblos deben transformarse en relaciones que tiendan hacia una verdadera solidaridad”. 
“En la época de la globalización, la actividad económica no puede depender de la gratuidad que fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien común”. 
“Se trata, en definitiva, de una forma concreta y profunda de democracia económica”. 
“La solidaridad es, en primer lugar, que todos se sientan responsables de todos, por lo tanto, no se la puede dejar en manos del Estado”. 
“Cuando la lógica del mercado y del Estado se ponen de acuerdo por mantener el monopolio de sus respectivos ámbitos de influencia, se debilita a la larga la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos, la participación y el sentido de pertenencia”.
¿Sí se puede?
¿Todo esto es una utopía?
¿En qué mundo vivimos?
¡Decídete: participa, denuncia! 
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Staff Puebla On Line 2009
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