Rafael Moreno Valle y el cochino círculo rojo
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Interpretando la Encuesta BEAP que hemos publicado en días pasados en torno al segundo año de gestión de Rafael Moreno Valle, en primer lugar lo obligado: El gobernador sí es aprobado por la mayoría de poblanos, es innegable. Es ubicado por la gente como trabajador y que realiza muchas obras públicas.
Lo anterior nos indica que sus desplantes autoritarios y excesos de protagonismo mediático al parecer no son aún conocidos o descifrados por el grueso de la sociedad.
Eso se queda en su mayor parte en el mentado “círculo rojo” y sólo los ciudadanos acostumbrados a leer, enterarse de los que sucede en política y con mediana formación académica, se han venido dando cuenta de la verdadera personalidad y ejercicio de gobierno de Rafael Moreno Valle.
Y eso es quizás –lo dicen algunos enterados cercanos al mandatario poblano- lo que causa que el gobernador no cambie su estilo ni sus acciones de autoridad. Le dicen sus “encuestadores” que está “bien calificado” y que es “aprobado abrumadoramente” por los poblanos.
Lo anterior no sólo endulza los oídos del gobernador, sino que lo impulsa a seguir actuando como lo hace: a gritos, insultando a sus colaboradores, despreciando las críticas, aborreciendo a los medios independientes y… gastando los recursos del erario a su mejor parecer, porque “él es el experto”. Desplantes autoritarios, pues.
Lo que no le han “interpretado” sus “estrategas” es que el famoso “círculo rojo” es el de los ciudadanos pensantes y que influyen en sus círculos, trabajos, familias.
Son los formadores de opinión por antonomasia.
Esos mismos –periodistas, líderes sociales, empresariales, académicos, religiosos- son los que opinaron muy duro contra Mario Marín luego de los escándalos por las llamadas de Kamel Nacif en torno a Lydia Cacho. Y mientras sus “estrategas” le juraban que no pasaba nada porque seguía “bien calificado” en las “encuestas”, los líderes de opinión –el cochino círculo rojo- diariamente reproducían opiniones negativas en contra del gobernador en todas sus áreas de influencia.
Y efectivamente, aunque Mario Marín no cayó ni fue obligado a renunciar, el escándalo formó un estado de opinión muy adverso que tarde o temprano se manifestó en las urnas.
Entonces, resumiendo: No todo son las cifras de las encuestas –y miren quién lo dice-. Los gobernantes también deben observar las lecciones que da la historia. Y sobre todo la historia reciente: los excesos de confianza en la “imagen y marca personal”, suelen traer resultados ingratos.