Pemex. Ajedrez presidencial
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El ajedrez es arte y cálculo
G. Kasparov
El Gobierno de Enrique Peña Nieto enfrenta a su primera crisis seria. Los muertos en la Torre de Pemex recrudecen la tragedia de seguridad que se vive en el país. La seguridad debilitada en grado sumo por el narcotráfico; la seguridad en el puesto trabajo, ofendida al extremo por la corrupción y la negligencia.
Alguien hizo mal su trabajo y por eso los muertos yacen. Si fue un atentado, los servicios de inteligencia habrán demostrado (una vez más) su escasa eficiencia y urgente transformación. Si fue un accidente, el mismo pudo ser evitado, pues la ley prevé revisiones por parte de un número abrumador de autoridades para cerciorarse que los puestos de trabajo y las oficinas públicas cuenten con condiciones de seguridad mínimas. Las inspecciones que en materia de protección civil, ecología y de trabajo (por mencionar algunas) debieron llevarse a cabo, no fueron realizadas o se hicieron de manera inadecuada.
Si alguien preguntaba hasta cuándo le duraría a Peña Nieto la excusa de ser nuevo en el puesto y haber heredado un ejecutivo en ruinas, el día le llegó el pasado jueves. Sus movimientos han sido efectivos para la imagen pública, pero de dudosa calidad en los resultados. El letargo gubernamental es sinónimo de incompetencia en una sociedad imbuida en la vorágine de la inmediatez y, sobre todo, ante el reclamo de deudos que exigen una versión clara y una explicación certera.
En todo el embrollo, la desprotección del trabajador en su propio centro de trabajo no es novedad y recorre todas las esferas y todos los trabajos. Pasta de Conchos fue el episodio minero más vergonzoso de las administraciones panistas y la Torre de PEMEX puede convertirse en un Talón de Aquiles y en el primer gran tropiezo de la administración de Enrique Peña Nieto. La desolación se apodera del trabajador mexicano: mal pagado, sin seguridad social en un gran porcentaje y sin las garantías de seguridad mínimas para desempeñar su trabajo, además de los riesgos de salir a la calle y estar a merced de los cárteles de las drogas. Lo cárteles le arrebatan con la fuerza bruta la tranquilidad; los gobiernos ineficientes, de todos los colores e ideologías, lo hacen con la corrupción y negligencia que genera un escenario pésimo como el de la semana pasada.
El Gobierno de Peña está jugando un ajedrez peligroso. Una pieza mal colocada puede marcar el resto de su sexenio. No basta que se cerciore de las labores de rescate o que visite a los enfermos. Necesita dar una versión clara, certera y creíble de lo sucedido. Y ya se le está haciendo tarde.
En un tema adyacente, la explosión del pasado jueves puede ser, a su vez, dinamita para la reforma de PEMEX que Enrique Peña Nieto preparaba. El tejido fino iba avanzando y la discreción mediática caracterizaba el avance de la reforma.
La exposición de PEMEX en el primer plano de la prensa nacional no estaba prevista en la agenda de Peña Nieto. Eso lo ha entendido Andrés Manuel López Obrador y ha aprovechado el momento para relanzar su oposición a la reforma energética del hoy Presidente. Peña quería a PEMEX fuera de los reflectores. El caso de Florence Cassez había quitado los reflectores a las declaraciones “inoportunas” (pero con destinatarios claros) del Secretario Luis Videgaray en el foro económico de Davos.
Lo que Peña y su equipo no han comprendido es que, para sacar de la prensa el caso PEMEX, no basta dejar que el tiempo transcurra, sino que se requieren respuestas, las cuales no se están dando.
El galimatías que enfrenta el equipo de Peña no parece tener solución sin perder algún peón o alfil en el camino.
Bajo la hipótesis del accidente, tendría que dar una respuesta sin afectar sus relaciones con el sindicato petrolero y sin enemistarse con el Gobierno del Distrito Federal (partícipe y posible corresponsable).
Bajo la hipótesis del atentado, sus energías tendrían que enfocarse en apagar un fuego que aleja a inversionistas y preocuparía, aún más, a la desprotegida población.
El ajedrez peñanietista está en un momento clave para su administración. Ganar la partida es su objetivo. La explosión en PEMEX le hará perder un par de fichas y tendrá que cambiar de estrategia.
Peña mueve en su ajedrez político y reformista.
El país espera.
El Rey está en jaque.