Michael Jordan cumple 50 años
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Conoce la historia del mejor basquetbolista de la historia
Excélsior informa que en 1985 un joven de piel negra, con cabello demasiado corto y piernas largas (1.98 metros de estatura) desafió a Isaac Newton y las leyes de la física. Amenazaba con volar. El novato Michael Jeffrey Jordan, con el número 23 en el jersey rojo, convertiría con un salto eterno el antes y el después en el circo de la NBA.
Los que tuvieron la oportunidad de mirar al basquetbolista entendieron que no era de este planeta. Bugs Bunny lo llamaría después para salvar al mundo en un duelo contra extraterrestres, Spike Lee investigaría la fuente de sus habilidades, Michael Jackson le enseñaría a bailar, los Toros de Chicago y Nike lo adorarían. El gigante rubio hecho leyenda Larry Bird confesaría: “he visto a Dios disfrazado de basquetbolista”.
En aquel año Desmond Tutu se convierte en el primer obispo de raza negra, la telefonía móvil está en pañales y Microsoft lanza al mercado Windows 1.0, la primera versión. En el cine se estrena Volver al futuro, con Michael J. Fox y Christopher Lloyd.
En la duela del Hoosier Dome, en Indianápolis, se da el concurso de clavadas previo al juego de Estrellas en la NBA. En el escenario sólo quedan dos rivales: Dominique Wilkins, de los Halcones de Atlanta; así como Michael Jordan, el novato de los Toros de Chicago.
El número 23 fue capaz de detener el tiempo. Desde la zona lateral de la duela se levantó, se quitó la cinta blanca de protección que tenía en los dedos y la colocó sobre la línea de tiros libres. El público enmudeció esperando la clavada. Jordan comenzó a correr, para elevarse desde la línea de tiro libre. Y voló. Recorrió en el aire más de cinco metros para hundir el balón en la canasta y devolver la respiración a quienes contuvieron el aliento. La imagen permanece, 28 años después, como la jugada más espectacular en la NBA, aún cuandoWilkins ganó aquel duelo.
II
Jordan se acostumbró desde pequeño a jugar contra la adversidad. Le ocurrió en 1978 cuando Clifton Herring, coach del equipo Laney High School (Carolina del Norte) publicó la lista de los muchachos que integrarían el equipo. Michael no estaba entre ellos. Uno de los argumentos fue que el casi niño de 15 años de edad era un ‘enano’ para este deporte (medía apenas 1.80 metros). Su maestra de matemáticas también le había vaticinado su ‘fracaso’ en el baloncesto. “Las matemáticas sí te dejarán dinero”.
Jordan corrió a casa, se encerró en su cuarto y lloró.
Deloris, su madre, intentó explicarle que todas las cosas negativas debía utilizarlas a su favor. El cuarto hijo de la familia Jordan no se despegaría del balón y se hacía la promesa de llegar a ser alguien en este juego.
Mientras peleaba por colarse al equipo de la preparatoria, Moses Malone (Houston), Dr. J Julius Erving (Filadelfia) y el legendario Kareem Abdul Jabbar (Los Ángeles) dominaban el mundo de la NBA.
Sin llegar a ser un gigante como los astros mencionados, Jordan alcanzó los 1.98 metros de estatura y la habilidad con la pelota, suficientes para ser elegido al equipo All American y recibir una beca para la Universidad de Carolina del Norte.
Su llegada lo involucró con el coach Dean Smith, quien pulió su juego, convirtiéndolo más en un jugador de equipo que en un elemento solitario. El cambio radical llegó en la final de 1982 ante Georgetown, cuando anotó la canasta del triunfo.
“Entendí que estaba listo”, platicaría Jordan, quien llegaría al circo de la NBA como la tercera opción en el draft. Antes de que los Toros lo eligieran, los Rockets se fueron por Hakeem Olajuwon y los Trail Blazers tomaron a Sam Bowie. A Michael no le encontraron el suficiente talento para reclutarlo antes.
Comenzó el mundo a saber de Michael. Fue en la temporada 1990-91 cuando, comandados por Phil Jackson, los Toros comenzaron su legado. En años consecutivos despacharon en las Finales a Lakers de Los Ángeles, Trail Blazers de Portland y Soles de Phoenix.
Y de la mano del astro se asomaban Scottie Pippen, Horace Grant y John Paxon.
Todos querían tenerlo a su lado, como la revista Sport Illustrated, quien puede presumir de llevarlo a su portada en 50 ocasiones.
Aunque Jordan había ganado el oro olímpico en Los Ángeles 84, fue en Barcelona 92 cuando todos los seres mortales se maravillaron con His Royal Airness (su majestad) y el inolvidable Dream Team.
En la duela olímpica estaban gigantes como Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barkley, Karl Malone, Scottie Pippen y Patrick Ewing. Junto a ellos, Jordan se miraba pequeño. Pero bastaba con levantarse del banquillo para que la arena entera se iluminara con miles de flashazos. Y entre los aficionados, atletas como la tenista Steffi Graf y el pugilista Evander Holyfield disfrutando las clavadas del que fuera calificado como el Atleta del siglo XX, según ESPN.
Un año después Air Jordan conmocionaría a la NBA con su retiro. El asesinato de James Jordan, su padre, le ocasionaría un gran daño y las ganas de cumplirle a su papá el sueño de ser beisbolista. Dice la biografía de Michael que su padre lo llevaba de niño a los diamantes para que probara suerte como pelotero.
El número 23 dejaba las duelas para incorporarse a la novena Barons de Birmingham, sucursal AA de los Medias Blancas de Chicago. “Cada vez que iba a los entrenamientos de beisbol, hablaba con mi padre en el carro. Le platicaba lo que íbamos a hacer. Le decía: “estoy aquí por ti, porque quiero cumplir tu sueño”, describe Jordan entre lágrimas, en el documental Jordan, al máximo.
Gracias a fracasar con el bat, Michael Jeffrey regresó a Chicago en 1995 y dos años después obtendría otro anillo tras vencer a los Sonics de Seattle. Un año más tarde el legado de MJ creció tras vencer en la final ante el Jazz de Utah con molestias en la espalda y un tiro de antología en los últimos segundos.
Además de los seis títulos con Chicago, del número 23 se recuerda el duelo ante Larry Bird y sus 63 puntos en un juego de postemporada (1986), así como el juego ante Utah, cuando nuestro personaje ingresa a la duela con gripe y fiebre alta, con 16 puntos en contra y el tiempo agonizando. Michael anotaría 38 puntos y, con un tiro desde el perímetro, con 30 segundos en el cronómetro, se llevaría otro título a casa.
Después de otro retiro no cumplido, jugaría con los Wizards de Washington hasta 2003. El 16 de abril, en Filadelfia, Michael Jordan sería ovacionado por última ocasión como jugador activo.
III
A una década de su retiro, un Michael Jordan se asoma todavía con la cabeza rasurada, pero con 98 kilos de peso. Divorciado de Juanita, su única esposa, el estadunidense se mantiene inmiscuido en el deporte. Es copropietario de los Bobcats de Charlotte y fundó el Michael Jordan Motorsport, debido a su amor por las motocicletas. También se entretiene en el negocio de sus cinco restaurantes de lujo en la ciudad que lo vio brillar.
Hoy Michael Jeffrey cumple medio siglo de vida y la leyenda de la NBA amenaza con regresar. Se rumora que ha entrenado en secreto y quiere volver a las duelas para celebrar un par de partidos con los Bobcats.
El morbo de observar a un Jordan cincuentón frente al aro hace que ya se hable de observarlo el próximo miércoles ante los Pistones de Detroit y el viernes ante los Toros de Chicago.
Aquellos testigos de la renuncia de Benedicto XVI y la llegada de un meteorito sobre territorio ruso, también podrán tuitear: ¡Jordan ha vuelto!
Icono deportivo y social del siglo XX
La estela de luz que dejó Michael Jordan en su carrera deportiva lo llevó a ser nombrado el atleta más importante del siglo XX por la cadena estadunidense ESPN, dejando en un lugar secundario al mítico beisbolista de los Yanquis Babe Ruth y al boxeador Muhammad Alí. El impacto del ex jugador de los Toros transformó a la NBA en una liga global en la década de los 90 y sus récords lo llevaron a ser considerado el mejor basquetbolista de todos los tiempos.
Sus seis anillos de campeón, sus seis nombramientos como Más Valioso de las Finales, sus dos medallas de oro en Juegos Olímpicos destacan en la ornamenta de su corona que se baña en oro cuando se analizan las cifras económicas que representó a la liga su presencia en las duelas, pasando de un negocio que generaba 44 millones de dólares anuales en venta de productos a uno de 1.56 billones de dólares al final de la temporada de 1990-1991, cuando alcanzó su primer título de la NBA.
Jordan fue el sol bajo el que el basquetbol dio un salto en su importancia mediática. En el despuntar de Jordan hacia el otro del más grande, en una época en la que legendarios jugadores como Larry Bird, de los Celtics, y Magic Johnson, de Lakers, batallan por el protagonismo, la liga marcó su plan de expansión económica más allá de las fronteras estadunidenses con contratos de televisión para transmitir los juegos que llegó a 1.3 billones de dólares. En las estadísticas, en las Finales en las que los Toros aparecieron los promedios de audiencia televisiva fueron de 16.3 puntos de rating; cuando Jordan no aparecía en las Finales, tras su primer retiro, la audiencia cayó a 12.9.
El chico que nació en Brooklyn en 1963 también ha inspirado la edición de 70 libros que tienen relación con él, destacando los cinco que él escribió, han generado ventas por más de 17 millones de dólares, mientras que la fragancia para hombres que lleva su nombre ha recaudado 155 millones en ventas.
En su andar en la brillante década de los 90, su papel estelar en la película Space Jam, en la que convive con Bugs Bunny y otros personajes de caricatura de los Looney Tunes, le redituó ganancias por 230 millones de dólares por exhibición en salas de cine y otros 209 en venta de videos.
El recuerdo de su imagen en la duela sigue siendo fuerte y las más recientes estrellas de la NBA como Kobe Bryant, ganador de cinco anillos de campeón, o LeBron James, figura del Heat de Miami con un cetro de monarca, han sido comparadas en sus logros con Jordan, quien se ha convertido en la medida para cualquiera que aspire a ser considerado entre los más grandes jugadores de la historia. Hasta ahora, ninguno ha podido hacer sombra al ex toro.
Imperio más allá de las duelas
El imperio que Michael Jordan erigió fue más allá de las duelas. El apetito de grandeza del mejor basquetbolista de la historia encontró otro reducto para su magnificencia creando su propia marca de ropa deportiva bajo el auspicio de la firma Nike, que registra ganancias superiores a un billón de dólares anuales y que comenzó en invierno de 1984 al firmar con el emporio por 2.5 millones de dólares, después de que fuera seleccionado en la tercera ronda del reclutamiento colegial por los Toros.
Cuando Jordan bajó por tercera vez el telón de su brillante guión como jugador con los Wizards comenzó a crecer su faceta de empresario con la marca que lleva su nombre y que nació en 1997. Con 16 años de recorrido, la firma expande sus horizontes más allá de artículos y tenis perfilados a basquetbolistas: posee entre sus clientes a figuras del beisbol, automovilismo, boxeo, futbol americano, atletismo y hasta connotados personajes de la esfera artística.
Russell Westbrook, joven armador estrella del Thunder, fue la más reciente figura alcanzada por la firma cuyo presidente es el propio Jordan. A pesar de que ya han transcurrido nueve años desde su partida, Jordan generó 60 millones de dólares de ingresos en 2011 por ser la imagen de Nike, Gatorade, Hanes, Upper Deck, 2K Sports y Five Star Fragances. Su fuente de ingresos se incrementa al ser propietario de cinco restaurantes de lujo y de la mayor parte de las acciones de los Bobcats.
Nike fue la primera marca que confió en aquel chico de 21 años, que hoy festeja sus primeros 50 años de vida. A partir de ese convenio la estrella de la Universidad de Carolina del Norte, que ya había alcanzado notoriedad con la medalla de oro olímpica de Los Ángeles 1984 y con el campeonato colegial de 1982, transformó sus brillantes actuaciones en empresas interesadas en firmarlo.
Air Jordan, como se conoció a la línea hasta 1997, se convirtió en una línea dentro de Nike después de que Michael ya había amasado logros suficientes para ser considerado el más grande basquetbolista con cinco campeonatos, dos medallas de oro olímpicas, cuatro premios de Más Valioso de la NBA en 1997. Aún faltaba el colofón de su magnifica carrera con el cetro de la liga, el MVP de temporada y de Finales que alcanzaría en 1998.
Los primeros deportistas que fueron respaldados fueron el ex guardia Eddie Jones, de los Lakers, y el ex delantero Vin Baker, de los Sonics. Con ellos arrancó el proyecto de aglutinar estrellas. La constelación de Jordan sigue atrayendo estrellas a su alrededor. Su reinado más allá de las duelas sigue en constante expansión.
Caravanas de los rivales
La historia de Michael Jordan como ídolo e incontrolable rival pudo haber significado rencillas o problemas fuera y dentro de la duela. Contrario a como sucede con muchas de las figuras en el deporte, el ex jugador de los Toros es recordado por sus rivales como un jugador incomparable, noble, como rival, y un dios en la duela.
Larry Bird, legendario ex jugador de los Celtics, mencionó, después de un triunfo de Chicago 135-131 en los playoffs en 1986, que “dios había reencarnado en Jordan. Es impresionante lo que puede hacer, nos enfrentamos a un jugador que puede convertir un partido cualquiera en un choque excepcional gracias a su talento”. La alabanza de Bird llegó antes de que los Celtics se coronaran esa campaña.
Jordan tuvo una rivalidad especial con Isiah Thomas, armador de los Pistones, quien aseguró: “Mike es un tipo fuera de serie, no sólo como jugador, también por el impacto en sus compañeros”.
En el curso de sus 15 años de carrera, Jordan fue capaz de generar sentimientos encontrados con sus rivales, pero en la mayoría de los casos fue señalado como un gran ganador y alguien que aceptaba cuando perdía.
“Vaya que hizo grandes a sus rivales. Enalteció victorias y derrotas, fue un jugador que supo aceptar cuando no fue capaz de vencer a alguno de sus oponentes y respetar cuando resultaba ganador, que era lo más común, Michael Jordan era inigualable”, comentó Charles Barkley, uno de sus mejores amigos y quien perdió las Finales de 93 con los Soles ante los Toros de Jordan.