lunes, 15 junio 2026
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Romero Deschamps, de pobre a “dueño de Pemex”; así construyó su imperio

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Romero Deschamps, de pobre a “dueño de Pemex”; así construyó su imperio
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 21 de marzo de 2013
Un reportaje de Sinembargo.com pone al descubierto la historia del poderoso líder sindical. “Vino a Salamanca como todos nos vinimos de Tampico: con una mano por delante y otra por detrás. Ese cabrón salió de aquí con los únicos zapatos que tuvo durante añales”, cuenta un amigo suyo…
“¿Está don Joaquín?”, preguntó Carlos Romero Deschamps con su orgulloso vozarrón, endulzado para esa noche con el tono servil utilizado por quienes, de alguna manera, estaban cerca de La Quina; así fuera por teléfono, como era en ese instante.
 
–Ya se fue a dormir– respondió atento El Pollino, el hombre responsable de la seguridad de La Quina en la noche que se hacía madrugada el 10 de enero de 1989.
 
–Bueno, no lo molestes. Déjalo, después le hablo.
 
Pero después no hubo llamada.
 
Después llegaron aviones militares de la Ciudad de México al aeropuerto de Tampico. Bajaron y siguieron directo a la casa de Joaquín Hernández Galicia. Avanzaron con bazucas por delante y derribaron la puerta. Los soldados arremetieron contra la casa grande, pero, en ese momento, La Quina dormía en un departamento adyacente. A sus hijos les tocó despertar con los primeros estallidos.
 
Joaquín brincó de la cama. Caminó hacia la salida. Siguió con la seguridad de que no lo detendrían; estaba cierto –se lo había dicho días atrás a cercanos suyos– que lo matarían. No había un lugar en que no hubiera un hombre vestido de verde y con los fusiles de asalto recargados en los hombros. Su guardia personal, una pequeña pero efectiva milicia, esta toda detenida y bocabajo.
 
Hernández Galicia se equivocó. No moriría esa mañana. Sería capturado y llevado en vilo únicamente con los calzoncillos que vestía.
 
Salvador Barragán, líder nominal del Sindicato en ese momento, se refugió en la Confederación de Trabajadores de México con su líder, Fidel Velázquez.
 
Algunas versiones aseguran que Romero Deschamps se guareció en el mismo lugar; otras aducen que Chava despreciaba a Carlos, de quien nunca confió. Como fuera, los petroleros no pudieron permanecer juntos mucho tiempo más, porque Barragán sufrió un infarto en el corazón o algo cercano a esto y, principalmente, porque la CTM dejó de funcionarles como escondite.
 
Al inicio, Fidel apoyó a Joaquín. Pero metió reversa apenas supo qué tan duro había sido el manotazo de Carlos Salinas de Gortari sobre el escritorio. Tan duro fue que el momento político sería conocido como El Quinazo y el término funcionaría para sintetizar cualquier ajuste de cuentas llevado por un Presidente hasta la cárcel. En justicia, ahora también existe como referencia El Elbazo.
 
–Chava, no hagas nada– aconsejó antes de cerrar la puerta Fidel Velázquez, espectador cercano de berrinches presidenciales durante el último medio siglo.
 
Pero esta rabieta y ejemplo, hecho por un hombre que quería presumir arrestos, no alcanzaría a Carlos Romero Deschamps.
 
Lejos, muy lejos, quedaban los días en que Romero se ganaba la vida como abonero en Tampico. O como tortero afuera de la Refinaría Ingeniero Antonio M. Amor en Salamanca. O como un sencillo trabajador petrolero cuyo sueño era conseguir su base laboral. O como chofer y tapadera de un ingeniero enamoradizo.
 
Estaba a días de ganarse sus otros apodos, los definitivos. Al sobrenombre de El Güero Guacamaya , se sumaría el de El Judas y a este el de El Charro Mayor.
 
CONSULTE AQUÍ EL REPORTAJE COMPLETO:
Staff Puebla On Line 2009
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