Los costos de gobernar
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Después de haber recibido cajas y cajas llenas de documentos, pruebas y demás por parte del Movimiento Progresista, que impugna los comicios, más otro “tambache” de papeles y carpetas en defensa de su presunta victoria por parte del PRI, los magistrados responsables del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, trabajan a marchas forzadas para emitir su veredicto final en los primeros días de septiembre. Esté será inapelable para los partidos que impugnaron la elección para elegir presidente de la República. Como están las cosas, como se mueven, así como por las señales y los símbolos políticos, creo que no invalidaran los resultados electorales y Enrique Peña Nieto (PRI) quedará ratificado como el “candidato ganador” del pasado 1 de julio.
El broncón es el país que tenemos, el que recibirá, el que nos tocará vivir, él que quiere supuestamente construir y la viabilidad de su proyecto de nación.
Para la antigua clase política mexicana, era importante, fundamental y hasta un privilegio nacional el lograr ser presidente de México y gozar de todo lo que da el poder público. Todos buscaban, luchaban descarnadamente y querían ser el tapado, para después el elegido por el dedazo presidencial. El sueño ideal de aquellos políticos del viejo sistema, era verse enfundados con la banda presidencial atravesando su pecho nacionalista, ser victoreados y queridos por el pueblo, tener a todo el mundo bajo sus órdenes, disponer del país, quitar y poner gobernadores, inaugurar obras con su nombre, hacer la “justicia social”, acrecentar sus fortunas, comprar haciendas, ser aplaudido por las multitudes y terminar viendo su nombre plasmado en los muros del Congreso de la Unión.
Como no les iba a gustar la presidencia o ser el presidente de los mexicanos a los priistas, si la escuela del Revolucionario Institucional (PRI) así los enseña, aunque sólo llegan los elegidos y eso de servir al pueblo es solo discurso.Lo que les ha gustado antes de resolver los grandes problemas nacionales, es verse en el balcón del Palacio Nacional cada 15 de septiembre, hacer sus fortunas, viajar por el mundo, vivir placenteramente en los Pinos y gozar el poder.
Hoy muchas cosas han cambiado y las ambiciones políticas se han modificado, ya no son las de un solo hombre y su partido, para estos momentos son las de un amplio grupo económico y político. Antes, para los propios priistas tener el poder fue un negocio completo, hoy lo tienen que compartir. México no es un país centroamericano y tampoco un bombón, representa muchos intereses no solo políticos, también de grandes inversiones económicas.
Por eso ganó Vicente Fox en el 2000, los grandes empresarios y los capitales financieros se cansaron de la corrupción del PRI cuando les tocó administrar el gobierno. Por eso los sacaron del poder y les dieron oportunidad a los panistas que finalmente resultaron peor y fracasaron.
Cabe decir que algunos de los costos que enfrentará la nueva administración federal, será el cumplimiento de todos sus compromisos hechos, muchos grupos empiezan a exigirlos, por ejemplo: los caciques del PRI piden sus cuotas de poder y espacios prometidos, las corrientes internas hacen lo mismo, quieren el reparto del pastel y puestos burocráticos para su gente, los gobernadores irán por lo suyo: más presupuesto federal, más proyectos carreteros y de desarrollo para sus entidades.
Los aliados del PRI como la maestra Elba Esther Gordillo negociarán mucho más de lo imaginado, aprovechara la presión social sobre Peña Nieto y le garantizará su apoyo. Los verdes saben que el chantaje es su fuerte y que sin ellos las negociaciones en ambas cámaras no prosperaran, seguirán lucrando con su franquicia, ese grupo de jóvenes “corruptos” y prepotentes se han aprendido bien el caminito. Los sindicatos pedirán respeto a su autonomía para seguir controlando obreros y gozar de las cuotas sindicales. Antorcha Campesina no quedará conforme y buscará más, sus diputados amenazaran gobiernos, tendrán proyectos y con sus marchas seguirán enriqueciéndose a costa de los pobres.
Tener la presidencia de la República, no es para cumplir compromisos como los hechos por Peña Nieto y los priistas.
Además habrá que sumar a los negociantes del PAN, que encarecen su dialogo con el PRI, porque buscan a como de lugar se aprueben en este último tramo varias reformas que les interesan: la laboral, energética y hacendaria. Sus compromisos con inversionistas españoles son prioritarios, eso de su refundación y rescate de su identidad es una vil mentira.
Los grandes retos nacionales e internacionales rebasan por mucho la simple visión que tienen muchos de nuestros políticos. Quien gobierne necesitara ver más allá de sus narices, los problemas estructurales y otros muy complejos siguen sin resolverse: pobreza, desempleo, desigualdad, desarrollo, crecimiento económico y violencia.
Nadie lo duda, la lucha por la democratización en México es fundamental, se trata de reconstruir una nación severamente golpeada por todos los partidos, pero no es la única, el país esta agobiado de deudas sociales y económicas con su gente. Tal vez por eso la izquierda tiene cambiar radicalmente su pensar y actuar en beneficio de los que dice defender.