En la Sierra Norte de Puebla, el poder se hereda entre familiares
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La sierra poblana guarda un rosario de historias relacionadas con los cacicazgos políticos tal que pareciera que ahí nació don Perpetuo del Rosal, el personaje que Rius creó para mofarse de los caciques. Aunque, a diferencia del presidente municipal de San Garabato de las Tunas, acá el poder se hereda y se transmite a hijos, naturales y políticos, hermanos, tíos, sobrinos y demás parentela, para evadir el dique de la no reelección que nos heredó la Revolución mexicana, sin soltarlo jamás.
Hace unos días el portal de noticias e-consulta puso reflectores sobre el tema al contar la historia de Benjamín Silva Cuevas, seis veces alcalde en Ahuazotepec —dos como interino y cuatro como constitucional—, municipio enclavado en la sierra Noroccidental.
Aunque si de cacicazgos se trata en Puebla uno de los que más se recuerdan es el de la familia Ávila Camacho, oriunda de Teziutlán –municipio ubicado en los linderos de la sierra negra—, que logró incluso ubicar a uno de los suyos, Manuel, en la silla presidencial entre 1940 y 1946; y a los otros dos Maximino y Rafael como gobernadores en Puebla.
Maximino además ocuparía una secretaría de estado durante el sexenio en que gobernó el país su hermano y construyó un grupo político que le permitiría mantener el control del estado durante varias décadas decidiendo sobre gubernaturas y alcaldías, el Congreso local y demás, y colar a uno de los suyos: Adolfo Díaz Ordaz, en la Presidencia de la República.
Una línea que estirándola un poco llega hasta el actual gobernador Rafael Moreno Valle, nieto del médico militar nacido en la mixteca poblana que Díaz Ordaz impulsó como gobernador del estado entre 1969 y 1972. Durante su corto periodo al frente de la administración estatal el general Moreno Valle cobijó a Melquiades Morales Flores, quien a la postre se convertiría en gobernador también y, a su vez, cobijaría al nieto impulsándolo como su Secretario de Finanzas, lo que le permitiría llegar a Casa Puebla.
En su libro “Caciquismo y estructura de poder”, Luisa Paré escribió: “Frente a la imposibilidad legal de conservar ciertos puestos políticos por más de un periodo electoral, los caciques posrevolucionarios han tenido que desarrollar métodos más sutiles para conservar el poder. El continuismo o el poder del funcionario saliente de nombrar a su sucesor es una función directa de la ausencia de la participación política real de las masas”. La cita no necesita interpretación.
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