La difícil aventura de Marcelo 2018
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El ex candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, le ha dado su bendición política a Marcelo Ebrard, dijo que el jefe de Gobierno del Distrito Federal, “está en su derecho” de iniciar los trabajos para obtener la candidatura presidencial en 2018. Lo mismo le ha reseteado el flamante diputado federal y ex coordinador de la campaña presidencial, Ricardo Monreal Ávila, quien le mando a decir que el Movimiento Ciudadano, no apoya sus aspiraciones. Del PT, nada bueno se podrá esperar, su líder moral y propietario, Alberto Anaya, primero tendría que consultar al “peje”.
Si Marcelo Ebrard pensó que por dejarle el paso libre a la candidatura que represento López Obrador, le iba a traer buenos apoyos recíprocos del Movimiento Progresista, pues se equivoco, en la izquierda también saben cocinar bien las venganzas, hay mezquindad política y el cobro de facturas no pagadas. Tendrían que suceder muchas cosas milagrosas para que en su momento fuera el candidato de un bloque de las izquierdas, incluyendo a Morena, en caso de que se constituya como partido político.
A pesar de su capital político que lo tiene, sobretodo en el Distrito Federal y entre las clases medias, por el trabajo hecho con sus innovadoras políticas públicas y en defensa de las libertades públicas y los derechos políticos, quien sabe si todo eso se multiplique en su beneficio y le alcance.
Con la memoria histórica de los mexicanos que nos dilata solo 72 horas, los logros hechos durante su administración y que no son poca cosa, tal vez solo queden como un buen recuerdo. Puesto que Miguel Ángel Mancera, será hoy quien tenga los reflectores puestos sobre su rostro. Le falto impactar o presumir más a nivel nacional todo lo que puede lograr un gobierno de corte progresista.
Dirigir o gobernar una de las ciudades más grandes del mundo, no es cosa fácil, una metrópolis llena de contrastes y moderna al mismo tiempo, con desigualdades sociales aún, caótica, dura, medio violenta, diversa, plural, heterogénea socialmente, con grandes migraciones internas, multicultural y siendo el principal centro económico del país. Tiene grandes significados y posibilita todo lo que se puede hacer por la sociedad mexicana.
Con todo eso y aunque parezca muy adelantado, Marcelo Ebrard, ha empezado su nueva aventura rumbo al 2018. Son seis años los que tiene para promocionarse fuera de los reflectores institucionales, también para posicionarse políticamente, crecer y meterse en la agenda mediática nacional.
Contener al PRI, evitar que se queden por más de un sexenio y enfrentarlo electoralmente en las entidades en donde habrá elecciones, no son “papitas”, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, debe conjuntamente con su partido (PRD) enfrentar esos retos políticos.
Otro asunto, no menor, que no puede descuidar o menospreciar, son los costos aún intangibles que tendrán que pagar en el PRD, por la salida abrupta de López Obrador, tomando en cuenta que su rompimiento no fue pensado para lograr las grandes escisiones a su interior, al contrario la creación del nuevo partido es para mantener un capital electoral que votó el pasado 1 de julio. Una situación para provocar que los votantes de la izquierda se desplacen hacia la opción que representará el nuevo partido.
El propio Marcelo Ebrard lo ha venido repitiendo, la izquierda no puede tener dos candidatos para el 2018, tampoco para el gobierno de la capital del país, sería un suicidio político para está opción democrática. Sin embargo en los tres partidos que conformaron el Movimiento Progresista (PRD, PT, MC), no piensan así, sobretodo entre los perredistas, además Jesús Ortega Martínez buscará también la nominación.
No imagino qué podrá hacer Ebrard conociendo que su partido- PRD – está secuestrado por las corrientes de siempre, que además los “Chuchos”, “Bejaranos” y otras tribus se reparten puestos y candidaturas. A eso se han dedicado en los procesos electorales y mañosamente sostienen que para López Obrador la candidatura presidencial, para ellos el partido, gobiernos, senadurías, diputaciones, delegaciones y asambleístas.
Las corrientes perredistas han llevado al fracaso a esta opción de izquierda en México, la convirtieron en una franquicia y no en una oposición partidaria congruente y seria. En muchos estados solo mantienen las estructuras, el emblema, pero no creció y tampoco tiene una presencia territorial en todo el territorio nacional.
Por supuesto que los logros en la ciudad de México son magníficos, la izquierda fue capaz de demostrar que sus ideas se pueden hacer realidad en beneficio de la gente, pero con un partido tribalizado, estos logros se ven frustrados y no alcanzan los efectos políticos nacionales.
Es comprensible que Marcelo Ebrard siga en el PRD, que busque reformarlo, pero eso le llevara demasiado tiempo y no le alcanzará para trabajar su presunta candidatura. Su Fundación Equidad y Progreso no le dan para mucho, aunque falten seis años, tiene que empezar su carrera contra el tiempo, posicionarse con todos los sectores sociales, inaugurar un nuevo discurso de la izquierda que quiere ser, atraer multitudes, caminar el país y crecer como líder.
Su carrera apenas empieza y los obstáculos son muchos, para empezar no tiene corriente alguna en el sol azteca, eso es bueno, pero su bronca seguirán siendo los grupos de presión al interior del perredismo y los costos que tendrá que pagar por pasar la aduana “chuchista”, sin embargo en la izquierda escasean los liderazgos.