La comunicación, talón de Aquiles del gobernador Moreno Valle
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Más allá de lo que ocurre en Venezuela, no concibo una estrategia de comunicación que dentro de sí, contenga la presión o la intimidación a la prensa para llegar a un fin donde lo que se quiere, es la aceptación popular por medio del voto a mediano o largo plazo.
Imaginar la denuncia hacia uno o varios periodistas como parte de esa estrategia –que si no existe por escrito, no es tal- , es digno no de una dirección del área, pero si de una Procuraduría donde más que un estratega, se tiene un inquisidor que más que analizar líneas críticas que prevengan a su jefe, tiene por objetivo satisfacer intereses personales dignas de una frustrada obsesión litigante.
Es imposible imaginar al gobernador de Puebla -un tipo hábil políticamente hablando- sonriendo y aplaudiendo la presentación de un proyecto comunicativo que en el camino para llegar al fin –cualquiera que este sea- obtendrá calificativos como megalómano (Proceso); “un gobernante que lleva a Puebla a un periodo de opacidad… como en los años 40” (La Silla Rota); “iluminado que empieza a aburrir a sus interlocutores” (El Universal); perseguidor de la libertad de expresión (CNN); “Stalin pozolero” (Anonymous); y más adjetivos escritos lo mismo por Lydia Cacho que Carlos Loret, o Lorenzo Meyer.
Los dos últimos sexenios, la administración estatal ha tenido en los gabinetes de comunicación a sus principales talones de Aquiles. En ambos casos, las dos áreas han hecho menos a la prensa, acabando con un circo donde les han crecido los enanos.
Insisto, si el fin es el 2018, no hay más que mirar al ejemplo del Estado de México en la época de Enrique Peña Nieto para entender que para ganar simpatías y elecciones, hay que ganar amigos, no enemigos. David López Gutiérrez, director de comunicación muy probablemente de Enrique Peña Nieto en la presidencia y líder del llamado “ChilorioPower”, puede dar la muestra de que con la prensa se gana más con la capa que con la espada.
Sinaloense y economista, López Gutiérrez ha fungido siempre como un Pepe Grillo del presidente electo, entendió que el fin de “su gobernador” justificaba los medios y el resultado final está a la vista.
Como en el bigbrother, a partir de diciembre las reglas cambiarán, el mandatario poblano no es del partido del presidente y si se su fuerza política lo ha destapado como aspirante prematuro, lo mejor será evitar motivos que lleven al linchamiento mediático, aun cuando estos se disfracen de absurdos como una “Ley de General de Medios”, pues la mejor ley que se puede tener con ellos es la de dejarlos trabajar y contratar o no para anunciarse a quienes se consideran propicios para transmitir un mensaje. Inventar leyes en donde no las hay –¿se imagina usted a Peña Nieto haciendo una en diciembre, cuando no lo hizo en EdoMex?- es trabajo para abogados que quieren chamba, y no para un estratega en comunicación que lo que debe propiciar, son soluciones y buenas referencias para su “jefe”; no generarle polémicas o conflictos, en donde no los tiene.