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Rictus de amargura

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Rictus de amargura
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 12 de noviembre de 2012
La sonrisa ha desaparecido del rosto de Calderón. 
 
En realidad nunca ha sonreído durante su sexenio. 
 
Lo que se veían eran muecas que trataban de atenuar un rictus de amargura. 
 
Podemos decir eso de Calderón: ha sido un Presidente amargo.
 
Su último sufrimiento se lo ha propinado el Senado, quien rechazó las ternas propuestas para cubrir las vacantes que habrá en la Suprema Corte de Justicia.
 
Cualquier entendido sabe que el Presidente envía las ternas para que las aprueben, pero una vez que ha “hablado” (entiéndase negociado) sobre la integración de la terna y la aprobación de algunos de sus integrantes.
 
Calderón pasará a la historia como el primer Presidente mexicano a quien el Senado le ha rechazado tres ternas para ocupar vacantes en la Corte (la anterior fue su primer intento para cubrir la vacante por la muerte del Ministro Gudiño). Eso no habla sino de una falta de oficio político.
 
Y es claro que el Presidente ha perdido buena parte del control de su partido. En el affaire de las ternas del Senado y en la aprobación de reformas a la Ley Federal del Trabajo es evidente lo que aquí afirmo: el partido del Presidente ha votado como le ha venido en gana.
 
El Presidente carece de operadores políticos eficaces. Cierto, la muerte de Juan Camilo Mouriño debilitó al calderonismo, pero también es verdad que después de cuatro años el Presidente no encontró un sustituto del otrora Secretario de Gobernación (quien tampoco las tuvo todas consigo durante el ejercicio de su función).
 
Felipe Calderón pasará a la Historia como un Presidente que llegó mal, gobernó mal y se fue mal. 
 
Un Presidente al que le faltó legitimidad, le sobró tozudez y careció de tacto político en momentos importantes.
 
Se puede afirmar que el Presidente ha fallado en sus dos apuestas principales, porque  terminará el sexenio como lo comenzó: con el PRI maniatándolo y sin legitimidad.
 
¡Cuánto dolor habría causado Calderón a su padre!, a quien, según se cuenta, juró no entregar el poder al PRI. 
 
¡Que amargo será el próximo 1 de diciembre para Calderón! Le ha fallado a su padre, aunque, a decir verdad y aunque no se haya dado cuenta, entregó una buena parte de ese poder desde el momento –triste para un país democrático- en que asumió la presidencia. 
 
El de Calderón es un adiós amargo. No porque se vaya, sino porque seis años es mucho tiempo para mantener esta mueca de sonrisa falsa ante tantos sinsabores.
 
Adiós, Felipe de Jesús. 
 
Adiós, Presidente amargo. 
Staff Puebla On Line 2009
Staff Puebla On Line 2009