Partidos políticos, entre machismo y democracia
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Esta semana el Instituto Federal Electoral (IFE) ha tenido que salir a recordar a los Partidos Políticos que deben cumplir con la cuota de género en las listas de candidaturas al Senado y a la Cámara de Diputados.
Esto quiere decir, en términos prácticos, que los partidos deben postular al menos a 40% de mujeres en sus listas de candidatos.
Los más osados se han rebelado contra el IFE acusándolo de “obligarlos a crear candidaturas al vapor”, de “regular en exceso a los partidos políticos”, de realizar un “sinsentido más” en este proceso electoral. Algunos, como el Presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, se han atrevido a afirmar que recurrirán ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación*. Otros más han apelado a los derechos de quienes ya eran candidatos y ahora no lo son.
La realidad es que los partidos sufren de un Alzheimer brutal, porque fueron ellos quienes aprobaron esa cuota de género. Ellos sabían desde hace casi cinco años que debían cumplir con ese porcentaje. Son ellos quienes debieron prever que los procesos de selección de candidatos los condujeran a cumplir con la citada cuota. El IFE sólo se los recordó. En otras palabras, el IFE no fue quien reformó la ley electoral.
Hay una excepción para el cumplimiento de la cuota: que se trate de candidaturas de mayoría relativa que sean resultado de un proceso de elección democrático.
Obviamente, si los partidos políticos hacen malabares para tratar de cubrir la cuota de género que les impone el COFIPE es porque son antidemocráticos, esto es, porque sus candidaturas NO fueron resultado de procesos democráticos.
Además, ya ha sido debatido por la doctrina que la cuota de género no agravia a los hombres. Solo como ejemplo, el Tribunal Constitucional Español, el Francés, el Italiano y el Alemán han dado su aprobación a las cuotas de género, partiendo de una cuestión: la posición real de desventaja de la mujer en el ámbito político; su posición debilitada.
No significa que la mujer sea naturalmente débil o inferior, sino que se trata de contrarrestar una realidad, una práctica, que hoy refleja que las mujeres carecen de los espacios políticos que se merecen.
Las cuotas de género fueron pensadas como una acción positiva que concede ventajas a las mujeres (las perjudicadas con la realidad política imperante) y desventajas al género masculino (que domina el escenario en esta realidad), porque los datos arrojan que efectivamente la mujer no tiene igualdad de oportunidades y espacios en el sistema político mexicano.
Así, el problema no es la cuota de género, sino que la realidad política de nuestro país, el sistema político mexicano, sigue siendo machista.
Ante ello, si los partidos se sienten incómodos con las cuotas de género, la mejor solución es hacer democráticos sus procesos de selección de candidatos. Pero, frente a la disyuntiva entre ser democráticos o cumplir con la cuota de género, preferirán la segunda opción. El machismo pueden dejarlo parcialmente de lado. La democracia, en cambio, es una palabra que les queda muy lejos.
* Los partidos políticos no pueden recurrir la cuota de género ante el TEPJF porque es improcedente; la vía que tenían era una acción de inconstitucionalidad, cuyo plazo feneció hace 4 años.