Cuatro preguntas sobre educación
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Difícil creerlo, pero es cierto: el candidato de Nueva Alianza a la Presidencia de la República, es el único que ha puesto sobre la mesa el tema más importante de la agenda política mexicana, la educación.
El problema es que es el candidato de un partido que representa al sindicato más poderoso de Latinoamérica, liderado por quienes hasta los ciegos ven como la líder más corrupta del país.
Pero, descalificar la importancia del tema, por provenir de quien debería comenzar por la autocrítica, sería un despropósito.
Para empezar, habría que dejar de lado las cifras pomposas de las escuelas y aulas construidas. Los estudios serios sobre educación demuestran que la infraestructura es solo el primer paso para consolidar un sistema educativo de calidad, y ya llevamos décadas entrampados en esa etapa (por cierto, siempre insuficiente)
Lo verdaderamente trascendental sería conocer las respuestas de los candidatos en, al menos, cuatro temas primordiales en materia de educación:
1. ¿Cuál es la visión que tiene cada uno de los candidatos respecto de la educación mexicana y cuáles son sus proyectos para los próximos 20 años? Con ello dejaríamos de lado el cortoplacismo que caracteriza a la política y obligaríamos a que todos los partidos políticos concuerden en una agenda educativa común. Sabemos perfectamente que habrá discrepancias, pero, si cada seis años queremos reinventar el país, llegaremos a final del siglo con el mismo lastre.
2. ¿Cómo abatir el analfabetismo funcional?
En México, de acuerdo a los estudios y a los exámenes aplicados por organismos internacionales, se estima que hasta un 30% de la población es analfabeta funcional. Eso quiere decir que los programas de alfabetización de poco han servido y que la educación en la que se gastan millones de pesos de nada sirve. El problema es que las escuelas secundarias, preparatorias y las universidades están repletas de gente que tiene la capacidad de leer y escribir, pero a ellos hay pocas posibilidades de ayudarles en esto momento.
Digamos, con toda sinceridad, que los programas que hoy se planeen servirán para la próxima generación de mexicanos. Esta generación, por el momento, ha tenido la suerte de ir a la escuela, pero ha tenido la desgracia de haber perdido el tiempo.
3. ¿Cómo pretenden convertir los centros educativos de educación superior en centros de formación y no de gestión?
Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que las universidades mexicanas se han vuelto excelentes gestoras, en el mejor de los casos, y simples gestoras, en la mayoría de ellos (las universidades “patito” pululan)
¿Cuál es la agenda que se propone para que los centros educativos dejen de ser cotos de poder de caciques universitarios (de todos colores y de todas las ideologías) y se conviertan en centros que formen a sus propios profesores, investigadores y del que surja el conocimiento necesario para el desarrollo de la sociedad y la creación de empleos?
Obviamente hay excepciones, pero incluso en las Universidades más importantes y de mayor prestigio en el país existen facultades, institutos y departamentos que repiten el patrón de la gestión, sin preocuparse por evitar la simple transmisión del conocimiento y centrarse en la creación del mismo
4. ¿Cómo democratizar al SNTE y cómo democratizar el acceso a una plaza de maestro?
Afirman, algunos atrevidos, que una plaza de maestro no es vendida y que el sistema ha cambiado. Con ellos es imposible discutir, porque, para solucionar un problema, primero hay que plantearlo. Y quien no ve un problema en la forma en la que se elige a quienes educarán a la niñez mexicana, es porque vive en un país distinto al México que millones habitamos.
En el México actual, la venta de plazas de maestros es una constante y ello tiene una repercusión brutal en la calidad de la educación. Obviamente se trata de un problema primordial en el sistema y es la base del poder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. ¿Cómo se pretende curar este cáncer?
Habrá que acotar: existen maestros excelentes en este país; ni duda cabe. Pero también habrá que aceptar que la mayoría de maestros son profesores inexpertos, poco preparados y mediocres. Podemos continuar con los adjetivos, pero sería prolijo.
Quitarle al SNTE un poder que tiene, no como representante de los trabajadores, sino como caja chica de la lideresa más impresentable de este continente, será el punto de partida para modernizar la educación mexicana. Ni más, ni menos.
El político que se atreva a ello, entonces sí, estará hablando de educación en términos serios.
Porque lo peor sería que emulen a Carlos Salinas, que quitó a Jongitud y puso a Elba Esther.
Y pasamos de la luz tenue, a la tiniebla educativa.