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Padre Félix Varela

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Padre Félix Varela
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 17 de abril de 2012
“Cuba no debe esperar ya nada de España 
ni de nadie, debe liberarse por sí sola”.
Es posible impulsar cambios en la sociedad desde el interior del ser humano, desde su propia conciencia y pensamiento, planteó un gran cubano, el Padre Félix Varela y Morales, quien vivió al final de la etapa colonial.
Este singular sacerdote, poco reconocido, sembró las bases de la independencia cubana con la educación de los jóvenes, a quienes enseñó a pensar antes de actuar y a reflexionar antes de decidir, con el poder liberador de la conciencia que se adquiere con el conocimiento.
Hoy, como una paradoja de la vida, todavía se aprende a repetir de memoria, lo que impide al pueblo salir de la ignorancia y lo hace presa fácil de la manipulación, del absolutismo, de la explotación e incluso de la esclavitud.
 
El padre Félix, con su vida y con sus obras, planteó que la religión y la política no pueden ni deben estar peleadas; el ser humano es un ser íntegro, con su fe y su razón, con cuerpo y alma. 
Félix nació en la Habana el 20 de noviembre de 1788. Desde niño enfrentó adversidades al perder a sus padres; ingresó al seminario y a sus 23 años el obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández lo ordenó sacerdote; fue su maestro y su apoyo en su vida sacerdotal, política y docente.
De joven impartió cátedra de latín, de retórica, de filosofía, de física, de química y de derecho constitucional, y fue el primer profesor que asestó un duro golpe a la escolástica.
Fue electo Diputado a Cortes impulsado por el obispo Espada. Sus enemigos impugnaron la elección y se realizaron nuevos comicios, resultó el único diputado reelecto. Representó a Cuba en España, con una actividad política muy activa en las sesiones. Formó un bloque de diputados de Puerto Rico y Filipinas en defensa de sus intereses comunes. Votó por la suspensión del rey Fernando VII, quien lo juzgó con la pena de muerte. 
Emigró a Estados Unidos, intensificó su apostolado y la formación de los cubanos, pese a la oposición a sus ideales libertadores que encontró en las autoridades de la isla, el rey de España y el propio Vaticano.
Escribió varios libros y publicaciones como: Lecciones de Filosofía; Miscelánea Filosófica; Cartas a Elpidio; Observaciones sobre la Constitución Política de la Monarquía Española; El Habanero; y la traducción del Manual de práctica Parlamentaria.
Construyó iglesias y practicó la caridad; padeció enfermedades y se enfrentó a múltiples obstáculos, pero nunca se quejó. Vivió los últimos años de su vida en la soledad y la pobreza. Falleció en San Agustín de la Florida el 25 de febrero de 1853. 
Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García Menocal, afirma que el padre Félix Varela, dio especial valor a las leyes e instituciones para el bien de la persona, convencido de que su eficacia depende de la ética del hombre, pues sus derechos descansan en las instituciones que están para salvaguardarlos.
“No hay duda que las instituciones políticas y las leyes civiles sirven de protección y de estímulo, pero no bastan para consolidar a los pueblos; son como los vestidos, que protegen el cuerpo y le libran de la interperie, más si está corrompido no pueden sanarlo”, Carta a Elpidio sobre la impiedad. 
Félix pensaba que todo poder debe estar balanceado y debe referirse a otras instancias.
Sostuvo que la fe y la razón no están separadas, lo demostró con su pensamiento y su vida.
La Verdad es inseparable de la Esperanza y de la Caridad, “un amor confiado a Dios y amor servicial a las personas”. Fue el sustento de su ética personal.
Carlos Manuel de Céspedes, refiere que el Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998, describió al padre Félix como la “piedra fundacional de la nación cubana”, con su fuerza renovadora en sus métodos de enseñanza nunca dejó de referirse a las realidades sociales y políticas de su época. 
Carlos Manuel explica que “la fe cristiana confiere al hombre su mayor estatura; la donación y la aceptación libre de la fe se sitúan en el diálogo íntimo e inefable entre Dios y la persona, la fe no se impone y los que la tienen, están llamados a compartirla con la vida y la palabra oportuna”.
En su Carta a Elpidio sobre la impiedad, el padre Félix advierte de los peligros de la religión, entre ellos: la impiedad, la superstición y el fanatismo. 
El Padre Varela fue el primero que habló de independencia y democracia cubanas, en armonía con la naturaleza humana:
1. Personas educadas para la libertad y la responsabilidad, con un proyecto ético forjado en su interior, que suman lo mejor de la herencia de la civilización y los perennes valores trascendentes, para ser así capaces de emprender tareas decisivas al servicio de la comunidad.
2. Que las relaciones humanas, así como el estudio de la convivencia social, favorezcan los debidos espacios donde cada persona pueda, con el necesario respeto y solidaridad, desempeñar el papel histórico que le corresponde para dinamizar el Estado de Derecho, garantía esencial de toda convivencia humana que quiera considerarse democrática.
Aunque en ese tiempo la independencia política de España era un ideal inalcanzable, sabía que para lograrlo era necesario formar a los hombres:
“Los jóvenes son la dulce esperanza de la patria y no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad”.
Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, afirmó en una conferencia en 2008 en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana, que el padre Valera tuvo un método de enseñanza innovador, parecido al de la mayéutica que despierta el interés por el conocimiento.
Por ello, lamentó que hoy, aún haya “maestros, en todos los niveles y disciplinas, poco capacitados en la materia que enseñan, repetidores, autoritarios y exigentes, sostenidos por una actitud pasiva de los alumnos, que no despiertan interés ni colaboran con el desarrollo del entendimiento”.
Estas prácticas en la educación, advirtió, desalientan a los alumnos, les crean apatía con relación al estudio, al aprendizaje y a la vida misma.
El legado del padre Félix, en cambio, es enseñar lo que es útil en todas las ciencias, sin caer en el mero pragmatismo: “Para el padre Félix nada es más útil que la búsqueda de la Verdad y la práctica de la Virtud”.
“El cimiento del aprendizaje reside en ‘aprender a pensar bien’, con cabeza bien estructurada y con pensamiento propio”, como dijo el discípulo de Varela, José de la Luz y Caballero sobre su maestro Varela:
“Mientras se piense en la isla de Cuba, se pensará en quien primero nos enseñó a pensar”. 
De este anhelo nació la generación Vareliana de San Carlos y la genealogía de hombres valiosos como José Martí.
El Padre Félix planteó la guerra como medio necesario para la independencia y el fin de la esclavitud de los negros.
Staff Puebla On Line 2009
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