La obstinación de un ignorante
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Para el Presidente Calderón, la decisión del gobierno argentino de expropiar una empresa es un acto irracional e irresponsable. El gobierno argentino ha expropiado YPF, una filial de la española Repsol, aduciendo diversos motivos entre los que destaca la falta de inversión.
Si Calderón considera la expropiación un acto irracional e irresponsable, habría que preguntarle exactamente en qué consiste esa irracionalidad; ¿en que el Estado invierta dinero público en la adquisición de una empresa privada?
Si Calderón piensa ello es porque está en contra de lo previsto por la Constitución, lo cual no sería malo, salvo por el hecho de que la Historia del México tuvo su capítulo más importante en el siglo XX -después de la Revolución Mexicana- precisamente en la expropiación petrolera.
Calderón, debemos suponer, considera que Lázaro Cárdenas fue un irresponsable y un irracional.
Pero no adelantemos juicios.
Por supuesto que Calderón no está en contra de la inversión de dinero público en empresas privadas que considera estratégicas. De lo contrario, hubiese protestado cuando gobiernos como el de Estados Unidos, Inglaterra y una decena de países occidentales invirtieron dinero para rescatar aseguradoras, bancos y fondos de inversión como consecuencia de la crisis financiera y económica de 2008.
¿Por qué no protestó y llamó irresponsables a Obama, Gordon Brown y compañía?
Probablemente porque lo que estaban haciendo era “salvar” el dinero de millones de personas (una falacia, si a los resultados nos remitimos –recordemos la forma de celebrar de los Ejecutivos de AIG, en hoteles en los que la noche costaba más de mil doscientos dólares).
De inversiones el señor Felipe Calderón tiene gran experiencia, porque como Presidente del PAN y junto con centenares de legisladores ya “salvó” al pueblo de México, rescatando los ahorros de millones de personas mediante la figura del Fobaproa, que no fue sino la forma de enmascarar el fraude de un grupo de banqueros beneficiarios de la debilidad del Gobierno y la corrupción de funcionarios.
Eso demuestra que, para Calderón, invertir dinero público en negocios privados no está del todo descartado.
¿Por qué entonces Calderón enarbola la bandera de la protección del capital privado en Argentina?
La respuesta es doble: porque es ignorante y porque cree que algún provecho sacará del conflicto español-argentino.
Es ignorante del pasado de su país. Eso es claro. Se da un balazo en el pie al criticar un acto que, salvando las distancias, es análogo a un suceso histórico crucial en nuestro país.
Y, por otra parte, Calderón cree que obtendrá algún beneficio, porque calcula que como actor principal en el G-20 durante la reunión que en los próximos meses se celebrará en Cancún, puede ganar peso en algún otro tema.
Lamentablemente, y para variar, una vez más Calderón ha errado en la lectura del escenario político internacional: los Estados más importantes de occidente no condenarán a Argentina. Tomarán medidas menores, pero de ninguna manera abrirán un frente contra el gobierno de Kirchner. Es un asunto menor (salvo en España y en Argentina) y que, contrario a lo que se piensa, abrirá oportunidades para las petroleras estadounidense y francesas.
Por eso Washington no se ha mostrado firme y opositor ante la decisión Argentina.
Calderón ha demostrado que es ignorante de la Historia de México y que, además, quiere dejar un legado internacional importante. Si Fox dejó un boquete en la relación de México y Cuba, Calderón hará lo propio en la relación México-Argentina.
Es el resultado de la obstinación de un ignorante.