La izquierda, el ingeniero y Krauze
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Este jueves Enrique Krauze fue entrevistado por Carmen Aristegui sobre su nuevo libro, en el que el eje es una izquierda caudillista y su desarrollo en América Latina.
Además, comentó uno de los sucesos más importantes de la semana: la entrega de la Medalla Belisario Domínguez al Ingeniero Cárdenas. Me referiré, entonces, a la entrega de la Medalla y a la línea discursiva de Krauze.
El Ingeniero Cárdenas es el símbolo de la política mexicana del último cuarto de siglo. Es un hombre histórico. Su papel como fundador del partido de izquierda más importante en la vida democrática de México es indiscutible.
Cárdenas ha tenido aciertos y ha tenido, también, actitudes que le han valido críticas sustentadas. Pero, más allá de eso, el Ingeniero trata de ser congruente con sus ideales políticos. Fue uno de los perjudicados de la “caída del sistema”, pero sólo uno, porque, como él sostiene, finalmente todos lo fuimos.
Sostiene que la democracia electoral es hoy distinta –mejor, aunque no perfecta- que la que teníamos en 1988. En gran parte se lo debemos a él.
Cárdenas es símbolo porque si alguien representa el cambio, el paso, de un sistema autoritario como el priísta a un sistema democrático –con todo y sus problemas- ese personaje es el líder moral del PRD. Cárdenas supo unir a distintas fuerzas de izquierda frente a un enemigo común, el PRI, que encarnaba el retraso y el paradigma de antidemocracia.
Krauze hablaba en su entrevista con Aristegui del indudable merecimiento de Cárdenas para recibir la medalla Belisario Domínguez.
Pero el discurso de Krauze tiene, en el fondo, una crítica al Ingeniero.
Krauze afirma que él prefiere una “izquierda moderna” al estilo de Lula en Brasil. Una izquierda, se entiende, que no sea una izquierda que busque un “redentor” (y el historiador piensa que Andrés Manuel López Obrador lo es)
Lo reprochable es que Krauze nunca sostiene de manera clara en qué consiste esa izquierda. Se entiende que quiere una izquierda plural, abierta, una izquierda que tenga interlocución con distintos grupos, que no excluya, que no busque un “Mesías tropical” (sobrenombre que Krauze le endilga a AMLO)
Es obvio que Krauze apuesta por una izquierda basada en un liberalismo social. Obviamente, por más que sostenga lo contrario, es muy difícil encasillar a esa posición como una posición de izquierda. Sostiene que es un antipriísta de cepa, que enfrentó al sistema, que fue “oposición” en el régimen de Salinas y que Octavio Paz (su mentor y guía) coqueteaba con el PRI porque creía que el sistema podía cambiar desde dentro) Pero se equivocó. Todo ello, no obstante, no significa (por sí solo) ser de izquierda, aunque el historiador lo confunda.
En pocas palabras, a Krauze le gusta una izquierda utilitarista. Por supuesto, hay quienes no comparten su opinión.
Paradójicamente, la crítica de Krauze encasilla a aquellos que no creemos en su modelo de izquierda, en personas que deseamos un redentor de izquierda que “salve al país”. Krauze cae en uno de los errores que algunos critican a López Obrador, cuando afirma (el tabasqueño) que quien no está con él es parte de la mafia del poder.
En la lógica de Krauze, quienes no comparten su visión de izquierda, es porque buscan al “mesías” de izquierda (descarta otras opciones en las que muchos nos incluiríamos). Digo paradójico porque esa visión está basada en la dualidad amigo-enemigo, cuyo máximo exponente fue Carl Schmitt. Curiosamente es una doctrina empleada por el neoconservadurismo (la visión política del neoliberalismo). Es decir, la crítica de Krauze a la gente de izquierda que está fuera de su modelo de “izquierda moderna”, se encuentra basada en una doctrina conservadora, de derecha.
Krauze podrá dirigirse al lector de izquierda (dice que esa es su intención), pero eso dista mucho de que lo convenza y dista, aún más, de que su discurso, por el solo hecho de dirigirse a la izquierda, sea verdaderamente de izquierda.
En eso, su distancia respecto del Ingeniero Cárdenas es enorme. Por más que ambos se asuman de izquierda. A Cárdenas los hechos le respaldan; a Krauze le condenan.