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Museo de Santa Mónica en Puebla reabrirá sus puertas en diciembre

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 28 de noviembre de 2011

El Ex Convento de Santa Mónica, en el Centro Histórico de Puebla, hoy Museo de Arte Religioso, es sometido a trabajos de restauración por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), tanto de su arquitectura como de sus colecciones que datan de los siglos XVII a principios del XX, con la finalidad de contrarrestar el deterioro que presentan por el paso del tiempo, y atender afectaciones del inmueble causadas por fenómenos naturales, como el terremoto de 1999. Se prevé que el recinto reabra sus puertas al público el mes próximo.

Eduardo Merlo, arqueólogo de la delegación del INAH en Puebla, informó que las labores de reestructuración integral del museo y la actualización del guión museográfico se realizan desde hace seis años, con el objeto de brindar a la sociedad una nueva lectura del Museo de Arte Religioso, el de mayor acervo en esta temática a nivel nacional —con alrededor de tres mil 500 piezas—. El recinto se alberga en el Ex Convento de Santa Mónica, uno de los dos que aún se conservan en Puebla, de los 11 que existieron en los siglos XVII y XVIII.

Los trabajos, dirigidos por la arquitecta Claudia Reyes, directora del museo, contemplan el remplazo de vigas carcomidas por insectos, así como cambio total de los sistemas eléctrico e hidráulico, esta última acción de gran importancia ya que en los claustros, el agua tendía a acumularse debido a que el drenaje —colocado en el siglo pasado— no fue el adecuado y provocaba pequeñas inundaciones y humedad en época de lluvias.

De igual forma, se remodelaron los servicios sanitarios y el vestíbulo, además se sustituyeron los pisos del siglo pasado que guardaban humedad por otros de madera; también se trabajó en el remplazo de los marcos de las ventanas y de puertas apolilladas.

“En lo que respecta al jardín, se construye una cisterna para acumulación de agua pluvial, que se utilizará en el riego de las plantas, el funcionamiento de las dos fuentes existentes y en la limpieza general del recinto; al término de la obra se sembrarán diversos árboles, muchos de ellos frutales”, explicó el arqueólogo Merlo.

Asimismo, señaló que tanto en el Coro Bajo —donde eran veladas y sepultadas las monjas fallecidas— como en el Coro Alto —en el que las religiosas oraban y cantaban diariamente—, se realizan resanes en las paredes que presentan grietas provocadas por el terremoto que sacudió la ciudad de Puebla de Zaragoza en 1999.

Además, el arqueólogo destacó las labores realizadas en las dos escaleras del inmueble conventual; la primera de ellas, que era de cemento y azulejos y databa de principios del siglo XX, fue retirada por completo debido al gran deterioro que tenía, y en su lugar se colocó una de mármol mucho más resistente. En tanto que a la segunda escalera, del siglo XVIII, se le reintegran faltantes y es sometida a una limpieza exhaustiva para recuperar el brillo de sus azulejos.

El especialista destacó que las labores de conservación se realizan siempre respetando la pátina y estilos únicos del conjunto conventual, es decir, “cada una de las restauraciones hechas han sido acorde con los materiales originales y arquitectura del inmueble”, concluyó.

Más de 250 piezas religiosas restauradas

Como parte de las labores de reestructuración integral del Museo de Arte Religioso de Puebla, a partir de 2006 diversos restauradores de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH —dirigidos por Dora Méndez, supervisora de los trabajos, y Fernanda Muñoz, subdirectora de Talleres de Conservación e Investigación de la CNCPC— han atendido 285 piezas, entre pinturas, esculturas y objetos litúrgicos y personales pertenecientes a las monjas agustinas que habitaron el Ex Convento de Santa Mónica hasta 1934, cuando fueron exclaustradas definitivamente.
 
Entre las obras intervenidas destaca el cuadro El cantar de los cantares, también conocido como El jardín del rey Salomón, es de gran formato (5 por 2.70 m) y su antigüedad se estima es de finales del siglo XVIII; tiene en el centro una especie de bisagras que permiten desmontarlo y doblarlo a la mitad. Dora Méndez detalló que la pintura estuvo adosada a la arquitectura como un elemento funcional, quizá a manera de puerta.

“La pintura, que aborda la vida de las monjas como esposas de Jesús, tuvo un tratamiento de restauración muy completo, ya que el lienzo se había desprendido de algunas partes del bastidor y estaba deformado, además tenía roturas, el barniz estaba oscurecido y tenía suciedad acumulada. Si bien, no tenía faltantes de capa pictórica, sí estaba bastante deteriorado a nivel estructural, por lo que se le puso un bastidor nuevo para volverla a tensar, se aplicó barniz y en las partes donde había roturas, se resanó y se reintegró”.

Otra importante serie de pintura hecha sobre lámina en pequeño formato, es la del Viacrucis, representativa del arte popular. “Las láminas estaban oxidadas y con rayones, y los marcos apolillados, por lo que fue necesario eliminar la corrosión existente, reintegrar el color y cambiar los marcos”.

La restauradora también se refirió a un retablo-relicario, de 1.40 m de alto por 1.10 de ancho, que tiene pintura sobre lámina con imágenes relativas a la Pasión de Cristo; en el centro muestra la representación del Sagrado Corazón, y en la parte superior de la Santísima Trinidad y del Cordero de Dios, en relieves hechos en cera. Además posee algunas reliquias (parte de hueso o tela) adosadas como parte de la decoración. La pieza del siglo XVIII será exhibida por primera vez tras haber estado guardada en la bodega del museo.

Otros objetos restaurados son documentos, libros y textiles, además de ornamentos ceremoniales, como casullas, túnicas y estolas. Resalta también una serie de coronas de profesión de las monjas, manufacturadas entre los siglos XIX y XX, con un alma de hierro que les da la forma de corona imperial o real; están adornadas con figuras de cera y flores de tela.

Entre los objetos que guardaban las religiosas, se encontró y restauró un estuche de madera con herramientas de metal que usaban para modelar las flores de las coronas, y una colección de figurillas de cera.

La especialista Dora Méndez comentó que desde 2006 a la fecha se ha restaurado aproximadamente 10% de la colección —que es parte de lo que estará en exhibición—, cuyas labores se han hecho simultáneamente en el museo poblano y en los talleres de la CNCPC, en la Ciudad de México.

“Es un  acervo con piezas de muy buena factura y calidad, que necesitan restaurarse prácticamente por completo, ya que nunca se les había hecho alguna intervención y eso provocó su deterioro. Ha sido todo un reto restaurarlo y dejarlo en óptimas condiciones para su exhibición y resguardo”, concluyó. 

Staff Puebla On Line 2009
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