La historia de la Casa del Mendrugo
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La casa ubicada en la 4 Sur 304 de Puebla, donde se encontraron vestigios funerarios olmecas, fue propiedad de los jesuitas, un intento de vecindad… ahora un espacio para jazz
Cuando uno compra una casa normalmente lo hace con la idea de formar una familia, ver crecer a sus hijos en los pasillos de la misma, o simplemente contar con un lugar en el cual envejecer y tener un patrimonio que heredar.
Pero uno nunca pensaría que esa propiedad que acaba de adquirir tendría oculto un secreto que podría cambiar no sólo tu vida, sino la concepción misma de la fundación de la ciudad en la que vives.
Hace tres años, el señor Ramón Lozano Torres compró una casona antigua en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla, en parte porque siempre ha estado enamorado de la zona y porque el domicilio con el número 304 de la 4 Sur perteneció en algún momento a un familiar suyo, por lo que guardaba un cierto valor sentimental.
Desde un principio tuvo la idea habitar con su familia la casa, conocida como “La Casa del Mendrugo”, por lo que se dio a la tarea de remodelarla dado que estaba muy deteriorada, luego de que su última dueña fracasara en convertir el inmueble en una vecindad para 18 familias.
Al pararse en el patio de la casa uno logra comprender ese proyecto de construir múltiples viviendas en el lugar. La casona cuenta con tres pisos, cada uno con numerosos cuartos, algunos conectados, otros muy pequeños, pero todos muy frescos.
Cruzando el umbral uno se topa con dos juegos de escaleras que llevan a los otros niveles; sus barandales son de una herrería muy vieja y en el primer descanso del lado izquierdo hay una cruz de piedra, herencia de los jesuitas que alguna vez habitaron allí.
Ahora ninguno de los cuartos tiene puertas, y sólo se pueden ver pequeños umbrales con arcos, muy característicos del siglo XVI, cuando fue construida la casa.
Fue al pie de la escalera del lado derecho donde se hizo el hallazgo. Hace un año aproximadamente se estaban realizando unas excavaciones para la construcción de una cisterna, cuando se encontraron con una pequeña vasija.
Con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se siguieron los trabajos con mucho cuidado, y se fueron encontrando cada vez más piezas, hasta que se toparon con los restos de dos personas que fueron enterradas debajo de la casa.
Luego de que el INAH realizara los estudios necesarios, se determinó que estos restos pertenecen a la cultura olmeca y tienen cerca de tres mil 500 años de antigüedad, lo cual viene a poner en entredicho la leyenda de que Puebla se fundó sobre un sitio sin presencia de culturas prehispánicas.
Desde su construcción en el siglo XVI, la Casa del Mendrugo ha tenido diferentes inquilinos, y ninguno de éstos tuvo conocimiento de lo que ocultaba bajo sus lozas.
Sin embargo, de acuerdo con algunas teorías de los investigadores del INAH, pareciera que los jesuitas que vivieron en la casona desde el siglo XVII hasta que fueron expulsados, pudieron haber encontrado en algún momento los restos humanos, pero no hicieron más que mover las piezas un poco para construir un pozo de agua en el lugar, sin importar el daño que pudieran ocasionar a éstos.
Lozano Torres no hará lo mismo. Desde que fueron encontradas las piezas, cambió la percepción que tenía de la casa, y los trabajos se han ajustado para poder integrar los hallazgos al proyecto.
Para empezar, al pie de la escalera donde fueron encontradas las piezas se dejó abierta una pequeña ventana con un cristal, donde se puede observar uno de los restos humanos.
Un ala de la segunda planta de la casona será adecuada como una sala de exposición, donde se tendrán en exhibición de manera permanente las piezas funerarias que fueron encontradas y el otro cuerpo.
En la primera planta se construirá un restaurante con un café, en el patio se instalarán unas mesas y un escenario para conciertos de jazz. Además, los cuartos ubicados al lado izquierdo del patio se convertirán en salas de exposición para artistas poblanos.
El plan es integrar a La Casa del Mendrugo al ambiente cultural del Centro Histórico de Puebla, afirmó Lozano Torres.
A pesar de estos proyectos para la casa, la cual abrirá oficialmente sus puertas al público en junio del 2012, el plan de la familia de Lozano Torres no ha cambiado, y la tercera planta de la casona será adecuada para que ellos la habiten. Así, el futuro de esta familia se unirá al pasado de la ciudad.