Miranda de Wallace, dos momentos
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Hoy se ha anunciado que Isabel Miranda de Wallace será la candidata del Partido Acción Nacional a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Wallace es conocida en el ámbito nacional por haber buscado, encontrado y enfrentado a los secuestradores y asesinos de su hijo, Hugo Alberto Wallace.
Fue reconocida su labor de verdadera heroína, madre adolorida con agallas para que el crimen de su hijo no quedara impune y, de ser el caso, poder encontrar su cadáver.
Pero habrá que diferenciar los dos momentos de Wallace: un primer momento en que buscó a su hijo, lo supo muerto, indagó sobre los asesinos, los buscó afanosamente, les encontró, se enfrentó a ellos de manera valiente y obligó a actuar a una autoridad pasmada y superada por el amor de Wallace por su hijo. Ni un ápice habrá que minusvalorar la labor de Isabel Miranda en este ámbito.
Un segundo momento es el presente, que no es sino una consecuencia de muchos años cerca del círculo de poder. Era por algunos criticados (entre ellos John Ackerman) su cercanía y coqueteo con la derecha en México.
El discurso de Wallace encaja perfectamente en una tradición decimonónica en materia de seguridad y justicia penal: mayores penas previstas en el código penal, piensa, tendrán como consecuencia mayor seguridad. Pero la historia se cansa, una y otra vez, de echar por la borda este discurso penalista de Wallace.
Con la incursión de Isabel Miranda en la política como candidata de la derecha al Gobierno de la Ciudad de México pierde la sociedad civil. Muchos confiaban en que Isabel Miranda no iba a sucumbir a las hienas que son los partidos políticos que buscaban afanosamente acallar una voz -incómoda en muchas ocasiones (sobre todo en el sexenio pasado) y que seguiría siendo un baluarte de la sociedad civil contra la partidocracia. Un baluarte de derecha, cierto, pero no por ello dejaba de ser de la sociedad civil.
También pierde la propia Miranda de Wallace. Nunca más podrá ser una voz independiente, porque ha pasado de la política apartidista a la política partidista. El viaje de una a otra es un camino sin retorno.
El único que obtiene un triunfo con la nominación de Wallace es el Partido Acción Nacional, no porque crean que con ella tienen posibilidad de ganar la elección para Jefe de Gobierno en el Distrito Federal, sino porque están pensando y actuando en clave nacional: quieren que Wallace sea un trampolín para quien resulte ser el candidato panista a la Presidencia de la República. Piensan que con Wallace ganarán votos no sólo en la ciudad de México (que por supuesto no ganarían con alguno de sus candidatos grises que se perfilaban hacia la candidatura) sino al interior del país. Piensan que Isabel Miranda será una excelente compañera para su candidato presencial en las próximas campañas. En ello, el Partido Acción Nacional se ha apuntado un triunfo.
Una última interrogante: ¿Cuándo empezó Miranda de Wallace a tejer su candidatura? Porque, lo peor de este escenario es que ahora muchas de sus críticas y su actuar quedan bajo un manto de duda: ¿Dónde acababa la madre adolorida y dónde empezaba la ambición política?