miércoles, 03 junio 2026
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Ex contralor y ex auditor, cómplices de Arango

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 13 de enero de 2012

¿Qué estaban haciendo Víctor Manuel Sánchez Ruiz y Víctor Manuel Hernández Quintana mientras Alfredo Arango se enriquecía abiertamente a través de sus cargos en la administración de Mario Marín Torres?

¿En qué estaban pensando el contralor y el auditor mientras pasaban por sus ojos las irregularidades cometidas en el ISSSTEP y en la Secretaría de Salud?

¿En qué estado mental se encontraban –o en qué estado de la república– que no advirtieron las irregularidades evidentes de las cuentas públicas del funcionario?

Y si lo advirtieron, ¿qué hicieron para evitar un escándalo que hoy podría arrastrarlos también a ellos?

Y es que los ex titulares de la SEDECAP y del ORFIS son tan responsables como Arango de las irregularidades que hoy han sido detectadas.

¿O no se castiga la omisión en las leyes poblanas?

¿No es el omiso una especie de cómplice?

¿Cómo olvidar en este contexto la entrevista que Pedro Ferriz de Con le hizo al gobernador Rafael Moreno Valle la semana pasada y la demanda del locutor en el sentido de que metieran a la cárcel a Marín?

Hoy que cayó el primero –el gran amigo, el gran compadre, el Gran Gatsby– los marinistas han perdido la certidumbre que tenían de que el gobernador simplemente no los tocaría.

Y aunque algunos despistados, los de siempre, insistan en que la aprehensión de Arango es un acto meramente propagandístico en vías del Primer Informe de Moreno Valle, lo cierto, lo real, es que el mensaje que mandó tiene una connotación brutal: que en Puebla no hay intocables ni acuerdos bajo la mesa.

Y más: que ni el propio Marín tiene la vida comprada.

El manotazo del gobernador cuidó los tiempos y las formas.

Tuvo eso que los que saben le llaman timing político y que tiene que ver con los tiempos, los momentos, las circunstancias para ejecutar una acción.

Desde que llegó a Casa Puebla, el gobernador ha dado amplias muestras de que sabía qué iba llegar a hacer.

En su discurso de toma de posesión delineó las acciones de su gobierno de manera puntual.

Hoy vemos que no fue retórica.

Los hechos lo han demostrado.

Algo es real: con el ramalazo de ayer el bosque se quedó en silencio.

Sólo se oyen murmullos o murmuraciones.

No se oye el vuelo de una mosca.

***

¿Dónde Quedó Lalo Macip? Eran los últimos días de diciembre.

Alejandro Gallego Basteri y yo estábamos en el restaurante La Encomienda.

De pronto, un joven comensal se me acercó.

–Eres Mario Alberto Mejía, ¿verdad? –me dijo.

–Sí –respondí.

–Un amigo me acaba de hablar para decirme que acaban de detener en Estados Unidos a don Lalo Macip.

–¿Seguro? ¿En serio? ¿Es buena tu fuente?

–Somos muy amigos de sus hijos.

–Déjame ver.

Y me puse a hacer llamadas.

Una de tantas fue a uno de los mejores amigos de Eduardo Macip Zúñiga.

“Lo checo y te habló”, me prometió.

A los diez minutos estaba al teléfono.

“Totalmente falso, amigo. Acabo de hablar con Lalo y goza de cabal salud”, aseguró.

Otros dos hombres cercanos me dijeron lo mismo.

Lo comenté con el joven comensal.

Insistió en su versión.

Nos despedimos.

Ayer leí la columna Dios en el Poder, de Selene Ríos, y me estrujó su historia:

“—Mija, vamos a tener que cancelar la boda. —trastabilló Eduardo Macip Zúñiga.

Plop.

“—Pe…pero ¿Por qué, papá? —dijo aquella devastada.

“Macip frunció, su ya súper fruncido ceño.

“Se aclaró la garganta.

“—No… no podemos hacer la boda, entiende.

“—¿Ocurrió algo, suegro? —preguntó el novio.

“—Tengo problemas.

“—¡¿Qué tipo de problemas, papá?! ¿Qué pasa? ¡¡¡¿Qué sucede que vas a suspender mi boda, mi boda?!!!

“—…

“Macip tomó fuerzas.

“—Me hablaron hace un rato…—balbuceó, casi a punto de llorar.

“—Ya, por Dios…

“—Ya liberaron una orden de aprehensión en mi contra por desvío de recursos. ¡Y no quiero ir a la cárcel!

“Snif.

“Snif.

“El domingo esta historia tendrá todo el sentido del mundo.”

La línea final es sobrecogedora.

¿Alguien sabe lo que ocurrirá el domingo?

***

Buenos Muchachos (GoodFellas). Alfredo Arango y Mario Marín se conocieron cuando ambos eran unos modestos servidores públicos.

Sólo tenían proyectos, sueños de opio, algunas amistades “importantes” y una conexión a prueba de nóminas.

Fue en ese tiempo cuando se hicieron compadres.

Muchos años después, ya con la buenaventura en los bolsillos, Arango y Marín se descubrieron infinitamente ricos, tanto que no quedaba nada de aquellos modestos funcionarios del principio.

El compadrazgo rindió sus frutos cuando Marín empezó a crecer en la pirámide del poder.

Y siempre, inevitablemente, su compadrito era uno de sus beneficiarios consentidos.

Más adelante, una vez que la revolución marinista llegó al poder, Alfredo Arango pasó a dirigir el ISSSTEP, primero, y la poderosa Secreetaría de Salud, después.

La narrativa de esos años tuvo como personaje sobresaliente, entre otros, a nuestro héroe de hoy.

Y es que, pese a que la burbuja marinista poco lo quería, terminó por convertirse en uno de los hombres más cercanos al gobernador.

Varios recuerdan cuando, unos días antes de asumir la gubernatura de Puebla, Marín y sus amigos viajaron a Estados Unidos para brindar por los buenos años que vendrían.

Fue un viaje familiar: de esposos con esposas.

En el vuelo de ida, Marín empezó a tener dolores a la altura de la vesícula.

Fuertes dolores.

Dolores clavados en el alma.

El pánico cundió entre los marinistas.

Los peores presagios se cruzaron de pronto por sus mentes.

El médico Arango se hizo cargo de la situación, le tomó el pulso al paciente, hundió sus dedos en el estómago y dio por fin el dictamen.

Al llegar al aeropuerto, gracias a la oportuna intervención del empresario Héctor Cabrera, una ambulancia se hizo cargo de Marín y lo trasladó a un hospital de lujo.

Más que ufano, Arango empezó a presumir que ese día, en pleno vuelo, le había salvado la vida al gobernador electo.

Ya con el sexenio en marcha, Arango fue nombrado director del ISSSTEP, donde un sexenio atrás había trabajado al lado del inolvidable Miguel Martínez Villalpando.

Y desde ahí empezó a preparar su arribo a la Secretaría de Salud.

Fue en ese periodo cuando, al más puro estilo rulfiano, los muertitos siguieron recibiendo sus pensiones… en las tumbas.

El descalabro financiero de la institución se hizo evidente, pero la información se reservó para el futuro.

Un futuro que, creyeron, nunca llegaría.

Tras la romería de personajes que desfiló por Salud llegó, por fin, Arango.

Para entonces su vida privada había dado un vuelco: una guapa conductora de televisión era su nueva compañera sentimental.

Todos los días, a todas horas, en todos los lugares se les veía juntos: enamorados y felices.

Las redes sociales fueron su hábitat natural.

En Twitter y en Facebook empezaron a aparecer fotos de sus viajes al extranjero.

Las revistas de sociales los volvieron clientes habituales: “Karla y Afredo en el Desafuero” / Click. / “Los felices novios comiendo chalupas en Mi Ciudad” / Click / “El doctor Arango y su guapa acompañante cortaron el listón del nuevo bar” / Click.

Su arribo a la Secretaría de Salud fue vertiginoso: algo así como viajar en el AVE de Madrid a Barcelona.

El vértigo trajo consigo mudanzas de todo tipo, y al poco tiempo Arango se descubrió convertido en un socialité y viviendo una extraordinary life.

Por supuesto, faltaba más, se la jugó con Javier López Zavala, quien le había garantizado que sería ratificado en Salud a la hora de la victoria que nunca llegó.

La derrota, pues, puso nervioso al feliz funcionario y empezó a cabildear para que su futuro no fuera como el presente perpetuo que lo atormenta hoy en el Cereso de San Miguel.

Algo debió haberlo tranquilizado porque de pronto reanudó su apretada agenda social.

Todos los días se le empezó a ver de nuevo en los más exclusivos restaurantes de Puebla.

Enamorado.

Enamorado y feliz.

Enamorado, rico y feliz.

Enamorado, rico, feliz e impune.

Imagine el lector la escena de su aprehensión:

Cuatro de la mañana en el exclusivo fraccionamiento La Vista.

Un grupo armado entra en medio del silencio.

Sigilosamente.

Arango duerme feliz, ajeno a lo que le ocurrirá en unos minutos.

De pronto, ruidos insospechados interrumpen el sueño.

¿Qué pasa por la cabeza de la gente cuando un operativo se mete a su recámara?

Notas. Silencios. Claves. Alteraciones.

Diría el poeta: un denso vaho semejante a las virtudes humanas.

***

El Silencio Sospechoso de Bartlett. Mario Marín fue un invento de Manuel Bartlett Díaz.

Vea usted:

Primero lo hizo subsecretario de Gobernación.

Luego, secretario de Gobernación.

Luego, presidente del Comité Directivo Estatal del PRI para enfrentar las elecciones federales de 1997, las del carro completo.

Finalmente, candidato del PRI a la Presidencia Municipal.

Siempre tuvo para él palabras de admiración, de respeto, de orgullo.

Fue su padre político.

En el 97, ante un gimnasio Miguel Hidalgo lleno en su totalidad, el gobernador Bartlett –ojos líquidos, piel chinita, voz quebrada por la emoción– destacó el trabajo de su hijo político, se deshizo en elogios para él y terminó diciendo que lo pasaba de Gobernación al PRI porque ante las elecciones federales que venían era el cargo más importante en el estado.

Siempre lo vio como un padre a su hijo: orgulloso de su nepotismo y seguro, segurísimo, de que no lo defraudaría jamás.

Y así fue… hasta que se le atravesó Lydia Cacho.

Entonces, el escrupuloso Bartlett guardó silencio y no le hizo una sola crítica pública.

Ni una sola.

O sí: un rasguño de león a su cachorro: lo llamó “desprestigiado” en un artículo de El Universal.

En reciprocidad, Marín le dio a Bartlett atenciones y trato esmerado.

Incluso a una recomendada suya le cedió un tema millonario de seguros para el gobierno del estado.

Nada menos, pero nada más.

Hoy que Bartlett viene en su papel de crítico de izquierda, las dudas matan:

¿Crucificará a su pupilo convertido hoy por hoy en uno de los políticos más impresentables del país?

¿Hablará despectivamente de los Marines que dejaron a Puebla en los últimos lugares?

¿Se irá en contra de los ex funcionarios marinistas que han empezado a caer en la cárcel por temas de corrupción y enriquecimiento inexplicable?

¿O simplemente guardará silencio y evadirá los temas en memoria de los favores recibidos?

Ya lo empezó a hacer ayer mismo.

Y a cada pregunta sobre Marín y Arango respondió con evasivas.

¿Qué opinará, por cierto, de Macip: su amigo, su ex funcionario?

***El miércoles, en su cuenta de Twitter, Ulises Ruiz, ex gobernador de Oaxaca, escribió: “Felicidades a mi amigo Mario Marín candidato al Senado por el Estado de Puebla #vivaelpri”.

Semanas atrás adelantó lo que hoy parece ser un hecho real: su nominación al Senado por el estado de Oaxaca.

Revisando la cuenta queda claro que no es hechiza y que tampoco se trata, como suele ocurrir, de un trol que haya usurpado los bigotes del ex gobernador para golpear a sus amigos o a sus enemigos.

Nada de eso.

Es la cuenta de un priísta en el mejor –o peor– estilo de Ulises Ruiz: dicharachero a veces, baladrón, e institucional.

Habrá que tomar nota del tuit.

Aunque es claro que con Alfredo Arango en la cárcel las cosas cambiarán, y mucho.

 

 

Staff Puebla On Line 2009
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