Peña Nieto sacó a López Zavala del Senado por insurrecto
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Frente al sorpresivo desplazamiento de Javier López Zavala de la segunda posición de la fórmula de candidatos del PRI al Senado, la versión que explica lo ocurrido y ayer dominaba en la noche, es la siguiente: el ex aspirante a la gubernatura no renunció a la postulación, tal como él lo dice, sino lo bajaron, por una determinación que vino del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del tricolor para mandar un mensaje de que no se permitirá cuestionamientos o insurrecciones en contra de las decisiones de Enrique Peña Nieto.
La decisión de degradar a López Zavala, quien perdió la oportunidad de ser senador y ahora tendrá que conformarse con ser diputado, se debió a la irritación que provocó el haber cuestionado públicamente la postulación de la ex edil de Puebla, Blanca Alcalá Ruiz, en la primera posición de la fórmula a la Cámara Alta, ya que la dupla se construyó con base a cinco encuestas, en las cuales siempre salió en primer sitio la ex alcalde de la capital y en cuarto lugar el ex aspirante a la gubernatura.
Mandar a López Zavala a una candidatura plurinominal fue la mejor manera para que Enrique Peña Nieto difunda el mensaje a todos los grupos políticos de que no tolerará insubordinaciones en su contra; pero al mismo tiempo evita romper con el grupo marinista, el cual sigue moviendo una parte importante de la estructura del PRI en el estado, sobre todo en las zonas rurales.
Esa es la misma lectura que se puede dar a la nominación de última hora de Juan Carlos Lastiri Quirós, quien a duras penas parecía mantenerse en la presidencia del PRI y parecía aspirar a todo, menos a ser candidato a un puesto de elección popular. Su nombramiento como aspirante al Senado es un remedio para evitar un alejamiento de Peña Nieto con el marinismo.
Juan Carlos Lastiri sigue siendo un activo importante del grupo marinista y es quien tiene el manejo más reciente de la estructura estatal del PRI. Con ello, Peña Nieto evita sacar de la contienda electoral al grupo del ex gobernador Mario Marín Torres y al mismo tiempo le pone un escarmiento a Javier López Zavala.
Más allá de que la anterior versión sea cierta o no, la determinación de sacar a López Zavala de la fórmula priista resulta ser un movimiento positivo para el tricolor, ya que el “señor Z” amenazaba con convertirse en un anclaje de la campaña electoral del PRI, pues que de todos los priistas que fueron medidos por las encuestas del tricolor, el ex aspirante a la gubernatura tenía el mayor índice de calificaciones negativas.
Con Juan Carlos Lastiri el PRI no tiene un candidato bien posicionado, es decir, no es la suficientemente popular; sin embargo, se tiene la ventaja de que el ahora ex presidente del tricolor no tiene tantos rubros negativos como López Zavala, por lo cual no corre el riesgo de convertirse en un lastre para Blanca Alcalá y en general para su partido.
En el caso de Javier López Zavala queda claro que se acabó cayendo al no haber podido hacer una lectura correcta de dos aspectos fundamentales:
1. Que Blanca Alcalá siempre estuvo en el ánimo de Enrique Peña Nieto, razón por la cual la nombró delegada del CEN del PRI en Colima, entre otras cosas, para que la ex edil tuviera acceso a la dirigencia nacional del partido, que es donde se deciden todas las candidaturas.
En lugar de que López Zavala entendiera esa circunstancia y buscara construir una alianza con Blanca Alcalá, en los últimos meses se dedicó a denostar a la ex edil y buscar convencer a grupos del PRI poblano de que era falso que la priista tenía posibilidades reales de ser candidata al Senado.
La mejor prueba de lo anterior es que uno de los principales ataques en contra de Blanca Alcalá provino de dos prominentes diputados locales zavalistas, José Luis Márquez y Filiberto Guevara, quienes amenazaron con frenar en el Congreso del estado la aprobación de la última cuenta pública de la ex edil.
Eso en el CEN sonó a conspiración, ya que en estos momentos golpear a Blanca Alcalá significa también golpear al partido tricolor y las aspiraciones de Enrique Peña Nieto.
2. Parece que López Zavala no acaba de entender que perdió la elección de gobernador de 2010 y que eso le ha generado la animadversión de todos los priistas que están sufriendo la pérdida del poder por parte del PRI.
“El señor Z” no ha logrado asumir que la derrota de 2010 de ninguna manera acabó con su carrera política y sus posibilidades de ser gobernador de Puebla. Pero que su retorno a la política activa en el estado tenía que ser cuando el actual jefe del Poder Ejecutivo, Rafael Moreno Valle, entrar a la fase natural de desgaste que provoca el ejercicio del poder.
Intentar ser ahora el principal candidato del PRI a un puesto de elección popular en el estado, cuando está muy reciente la derrota por la gubernatura y Moreno Valle Rosas goza del llamado “bono democrático”, lejos de darle simpatías a López Zavala le generó calificaciones negativas.
De hecho, es previsible que otros aspirantes al Senado, tanto del PAN como de las izquierdas, ayer hayan lamentado la salida de López Zavala de la dupla priista al Senado, ya que el ex aspirante a la gubernatura les significaba tener un contrincante débil en el PRI, que podían derrotar fácilmente y convertir en el “payaso de las cachetadas”.