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Moreno Valle, factótum en el PRI de Puebla

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 15 de febrero de 2012

Fue a finales de 2011 cuando un integrante de la dirigencia nacional del PRI me explicó que Javier López Zavala no aceptaría la segunda fórmula de la candidatura al Senado porque tenía la certeza de que este partido, en lo que corresponde al estado de Puebla, perdería las elecciones.

Más allá de las diferencias y el encono acumulado con relación a Blanca Alcalá, comentó esta misma fuente, el verdadero obstáculo de Zavala eran sus propios pronósticos sobre lo que ocurriría en la entidad el primer domingo de julio de 2012.

Debo decir que no me extrañaron las palabras del priista.

Además de estar matizadas de toda lógica, dado el escenario de competencia partidista imperante en el estado, su dicho coincidía con el actuar de López Zavala a lo largo del sexenio de Mario Marín Torres.

Entre 2007 y 2010, el ex secretario de Gobernación y de Desarrollo Social fue protagonista de tres episodios similares.

En todos evidenció temor al riesgo.

Primero se bajó de la puja por la presidencia municipal de Puebla, en 2007, asustado por la crisis del caso Lydia Cacho.

En esa misma elección local pidió contender por una diputación, pero sin arriesgar el pellejo.

Logró entonces, gracias a Marín, ocupar el primer lugar de la lista de plurinominales.

Por último, en 2010, ya como abanderado a gobernador, escogió no deslindarse de Marín por miedo a quedarse sin su apoyo, a quedarse en el desamparo.

Con estos antecedentes era fácil comprender los pronósticos pesimistas de Zavala, y por tanto, dar crédito a las palabras de mi interlocutor.

No obstante, el asombro llegó después, cuando este priista, reitero, integrante de la dirigencia nacional, me confió que Javier López Zavala estaba en lo cierto, que el PRI de Puebla perdería la contienda por el Senado y que, quien sea que ocupara la segunda de las dos fórmulas, vería truncadas sus aspiraciones.

“¿En serio?”, pregunté incrédulo.

“Sí”, respondió el personaje.

“Y como ¿por qué?, ¿qué te lleva a esperar la derrota cuando ustedes superan al resto (de los partidos) en preferencias electorales?”, lancé.

“Los pactos celebrados entre la cúpula de mi partido y el gobernador de Puebla”, contestó sin titubeos.

Según esta especie, el PRI y Rafael Moreno Valle se pusieron de acuerdo para repartirse el pastel en la entidad.

Con la complacencia del tricolor, el mandatario panista palomeó y vetó candidatos, a diputados federales y senadores, y escogió, con las fichas puestas sobre la mesa, dónde y cómo ganar.

“Si bien nos va en Puebla”, remató el desvergonzado priista, “ganaremos ocho distritos y el segundo lugar en el Senado”.

Pues sí, ahora comprendo a Zavala.

***

En sentido estricto, las negociaciones “secretas” de Moreno Valle con el partido de Enrique Peña Nieto tendrían que haber llegado a su fin la misma tarde que el PRI y el Partido Nueva Alianza, propiedad de Elba Esther Gordillo, aliada del gobernador, anunciaron su separación.

Sin un lazo visible que los uniera, y más, después de la presunta fractura, el siguiente paso era reventar todas aquellas negociaciones que los alfiles de uno (Peña) y de otra (Gordillo) hubieran venido gestándose en el pasado.

Si eso ocurrió en el país, Puebla debió ser la excepción.

La nominación de candidatos afines al morenovallismo, como José Luis Márquez Martínez, Jesús Morales Flores y Javier Filiberto Guevara González, así como el arribo de Fernando Morales a la dirigencia del PRI, son evidencias de ello.

Aun después de la ruptura formal de Nueva Alianza con el PRI, el inquilino de Casa Puebla mantuvo sus propios acuerdos.

***

Ayer, a través de las páginas de EL SOL DE PUEBLA, José Alarcón Hernández hizo declaraciones que ayudan a ver luz en este tema.

“Se comenta sobre la intervención del gobernador Moreno Valle en la elaboración de las listas del PRI, se dice que ha palomeado y vetado candidatos, ¿es cierto eso?”, se le preguntó al presidente del órgano auxiliar de la Comisión Nacional de Procesos Internos del tricolor.

“Yo prefiero guardar ciertos secretos”, respondió después de un prolongado silencio.

“¿Por qué los tengo que guardar?”, continuó, “porque soy el presidente de la Comisión de Procesos Internos del PRI o el presidente del órgano auxiliar de la Comisión Nacional”.

Volvió a tomar un respiro extendido para rematar después, ya con más seguridad: “además, porque ni me consta”.

“¿Cuáles son esos ‘secretos’ que tiene que guardar?”, se le insistió.

No contestó.

Pero en cambio soltó una justificación entre líneas.

Después de recurrir a un hecho histórico acerca de la conferencia de Yalta de 1945, donde los jefes de gobierno de Estados Unidos, el Reino Unido y la URSS hicieron acuerdos para “recomponer” al mundo de la posguerra, expuso lo siguiente:

“Ahí se arreglaron y dijeron: No nos gastemos más, vamos a ponernos de acuerdo… con esto quiero decir que no es la primera vez ni la última en la que en ‘las alturas’ se dan acuerdos para llegar a soluciones específicas”.

Punto.

***

Fernando Morales Martínez resultó un visionario.

El domingo 15 de enero, en el primer informe de gobierno de Rafael Moreno Valle, el diputado federal comentaba “en corto” que si no resultaba elegido para contender por una senaduría, como aspiraba, llegaría entonces a la presidencia del PRI para sustituir a Juan Carlos Lastiri.

No se equivocó.

Ayer, gracias a una extraña mescolanza de recomendaciones, las de Manlio Fabio, Moreno Valle y Melquiades Morales, cumplió el pronóstico.

Hasta la próxima.

Staff Puebla On Line 2009
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