La soberbia y el desaseo del diputado José Luis Márquez
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Según el punto III del Artículo 45 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado de Puebla, un integrante del Congreso pierde la condición de diputado cuando obtiene licencia para separarse del encargo en los términos legales vigentes.
El martes, en sesión del pleno de ese Poder, José Luis Márquez Martínez recibió la licencia “para separarse del encargo” por un término de 14 días: del 7 al 20 de febrero.
El 14 se le autorizó para hacerla retroactiva a partir del 7.
¿Qué significa esto?
Que según lo establecido en la propia Ley, Márquez Martínez perdió su condición de diputado en las dos semanas que duró (casi termina) la licencia.
Y si perdió la de diputado, con más razón la de presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política.
Aun así, el legislador con licencia, precandidato del PRI a diputado federal por Zacatlán, acudió al informe de gobierno de Eduardo Rivera Pérez y ocupó el lugar destinado para el representante del Poder Legislativo.
Sin ser diputado, insisto, según la Ley que Márquez está obligado a conocer bien, el día 15 fue hasta la mesa principal para llenar un asiento junto al gobernador Rafael Moreno Valle, donde estaba sentado, además, el presidente municipal de Puebla.
La falta de respeto molestó a no pocos de sus compañeros.
Esa sorpresiva aparición de José Luis Márquez en un acto público como presidente del Congreso, aun sin serlo, no es la única evidencia de la altivez con que ha estado conduciéndose este supuesto representante popular.
El legislador, ex sub coordinador de la campaña de Javier López Zavala al gobierno del estado en 2010, ha comunicado a sus pares del Poder Legislativo que no pretende promover el nombramiento de un nuevo presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política para que asuma esa responsabilidad durante sus ausencias.
Eso explica que llegara al informe del edil panista sintiéndose y haciéndose pasar por el líder de los diputados.
Márquez quiere seguir como presidente del Congreso, con o sin licencia, y por alguna extraña razón sus compañeros de bancada le han permitido cometer esta irregularidad.
Zeferino Martínez Rodríguez, del Partido del Trabajo, y Héctor Alonso Granados, de Nueva Alianza, son claros en su crítica:
El primero explicó que la fracción parlamentaria del PRI debió haber nombrado a un sustituto para encabezar al Congreso.
“Se les exhortó (a los diputados tricolores) en el Pleno para que resuelvan quién va a quedar como coordinador del PRI en tanto Márquez no está y resolver el vacío de representación que tiene el Congreso del Estado. Tenemos que recordar que él pidió licencia. Él ni siquiera fue (al informe de Eduardo Rivera) como diputado porque tiene licencia, no debió haber representado al Congreso”, expuso el representante del PT en una entrevista que hoy publica EL SOL DE PUEBLA.
“Si está con licencia no podría haber asumido la representación del Congreso del Estado, la Junta de Coordinación debió, entre sus miembros, haber nombrado a alguien para que de manera temporal ocupe el lugar que está dejando por razones muy personales el diputado Márquez”, declaró por su parte Alonso Granados.
Se trata, exclusivamente, de aseo político.
Si José Luis Márquez hubiera cedido el lugar al panista Mario Riestra Piña, quien es presidente de la Mesa Directiva, no sería hoy el blanco de las críticas.
Pero no lo hizo.
Y entonces evidenció ese apetito desenfrenado por el poder.