Puebla ¿en manos de extraterrestres?
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Algo extraño ocurrió en Puebla. Quizá bajó alguna nave de alguna colorida galaxia con varios extraterrestres a bordo. O tal vez se reprodujo el virus del conformismo, la enfermedad social que ante las imágenes de cristal líquido se manifiesta con ataques de pánico, timoratez, aprensión, sospechosismo, incertidumbre y sobresalto. No sé pero por ahí debe haber una cosa rara porque desde Maximino Ávila Camacho no habíamos visto este llamémosle fenómeno sucesorio. Créame que no exagero. Sólo me baso en las consecuencias de esa, insisto, cosa rara que flota en el ambiente poblano. Vea usted algunas de ellas:
El PRI se volvió un partido pazguato, autista y ajeno a sus postulados y principios. Nadie de sus filas se atreve a cuestionar al gobierno morenovallista o a exigirle lo que sus militantes piden y gritan en silencio porque no los dejan hablar. Los diputados que pastorea José Luis Márquez, ya no respetan su origen partidista y, en vez de actuar como representantes populares, parecen más gobiernistas que sus antecesores marinistas. La dirigencia del otrora partidazo actúa como si estuviera haciendo méritos para obtener el visto bueno del gobernador y así lograr la postulación como candidatos, no del PAN ni de la Alianza, que conste, sino del Revolucionario Institucional.
Los empresarios que antes se manifestaban como la piedra en el zapato de los gobernadores, hoy parecen ovejitas atentas a la voz del nuevo pastor civil. Unos porque se equivocaron azavalándose, otros debido a la esperanza de hacer buenos negocios al amparo del poder, y los menos (o los más, depende su apreciación) atemorizados por las posibles auditorías que son digamos que potestad o arma perversa del gobierno del estado.
El mismísimo PAN se quedó pasmado después de la victoria electoral cuya autoría intelectual –sugieren los ganadores– pertenece al grupo del gobernador conformado por convergentes, elbistas, petistas, arribistas y priistas chaqueteros. No les tocó lo que esperaban del pastelote cuyos ingredientes principales son el presupuesto gubernamental y, por ende, los beneficios generados por el poder Ejecutivo. Los miembros de las llamadas familias custodias, ahora son simples vigilantes, topiles, porteros o ujieres de la “joya de la Corona”.
La prensa, ¡ah la prensa! Bien que se la hicieron los cerebros del poder ya que, para empezar, parte de su economía depende de Norberto del Sagrado Corazón de Jesús Tapia, un defeño que de Puebla y los poblanos sólo sabe que hay que exterminarlos (le llaman depuración de enemigos). Y aquí, en este concepto de aniquilación, es válido hacer un paréntesis semántico:
¿Cuál es la obligación de la prensa? Pues representar y servir los intereses de la sociedad. ¿Y la del gobierno? Cumplir el mandato del pueblo que avala su gestión. ¿Y entonces porqué unos medios de comunicación actúan como si fuesen empleados del gobernante, mientras que el gobierno se desenvuelve como si los gobernados y los periodistas tuviéramos el compromiso de aplaudir hasta sus flatulencias? ¿Y de cuando acá el gobierno tira la línea para que los otros poderes, niveles e instancias hayan dispuesto aplicar sus presupuestos siguiendo los pasos del Ejecutivo? La respuesta merece un análisis, ensayo o tesis que a su debido tiempo alguien tendrá que hacer. Tal vez partiendo de lo que dijo Arcadi Espada: “El periodismo nació de la sociedad para controlar el poder. Y ahora el poder maneja al periodismo para controlar a la sociedad”.
Me amarro el dedo y espeto:
Dirán los amanuenses del morenovallismo, que quienes escribimos sobre el tema queremos ser escuchados para recibir el chayo. Esta es una forma aldeana de tapar su propia cloaca de donde extraen el líquido con el cual algunos de los servidores públicos intentan darse baños de pureza. Algo parecido ocurre con aquellos que formaron el grupo que se introdujo a las redes sociales para denostar a los rivales de su entonces candidato, hecho que también merece un estudio psicológico y sociológico.
Ahora retorno al sentido del primer párrafo y agrego:
Claro que hay una operación del poder diseñada con la idea de mediatizar lo que infiera desde algo incómodo para los políticos en pleno ejercicio, hasta las actitudes democráticas como la crítica al gobierno, la libertad de prensa, el derecho a disentir y la obligación de señalar las actitudes que bordean la ley y se sustentan en la represión en sus distintas manifestaciones.
¿Quién diseñó semejante estrategia?
Hay dos que tres funcionarios que encajan en la descripción de algo que podríamos llamar “retrato hablado”. Y aquí cabe una nota bene para decir al respetado lector, que ése será el tema de la siguiente columna, misma que empezará con la anécdota donde un columnista confundido me incluyó como promotor laboral de Verónica Escobar (nombre de mi nuera), homónimo de quien desde las nóminas del gobierno le operaba al entonces aspirante a la gubernatura.
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