La guerra de los cien días
joomla.2009
Ahí estaba plantado el gran mariscal dirigiéndose a su ejército. Cinco mil personas lo veían arrobados. Detrás de él brillaba la gran pantalla cuyos reflejos formaban su efigie repitiendo, con milésimas de segundo de atraso, los vigorosos movimientos de sus brazos. Había concluido la primera etapa en la cual se derrotó a los ejércitos formados por decenas de miles de incrédulos, los mismos que un día vaticinaron la derrota de quien hoy es el nuevo líder camotero.
Volvió a surgir en el majestuoso escenario la V de la victoria que hizo famoso a Nixon, y también a Perón, y desde luego a Churchill, y obvio a los brits que la patentaron el día en que vencieron a los franceses en otra guerra, la primera de cien días (Agincourt, 1415). Fue, pues, la señal o leitmotiv que sirvió para manifestar la esperanza y la fortaleza que unidas permitirán que se cumplan los propósitos, deseos que nos deben conducir hacia la magna obra que dará rumbo a las acciones proyectadas para que la entidad, dicen, ocupe el lugar que se merece.
La voz del gran jefe retumbó en los enormes muros del morrocotudo edificio convertido en sede del elogio al éxito anunciado. Diez mil ojos presenciaron azorados lo que es capaz de hacer un hombre convencido de su fuerza popular. Otro tanto de manos aplaudieron al político que abrió las puertas del progreso, al gobernante que se ha comprometido ubicar a Puebla en el umbral de la gran meta que está a treinta años de distancia. Por ello, por esos grandes propósitos, diez mil corazones latieron al unísono y emocionados por la promesa cumplida, augurio de otras promesas en vías de desarrollo.
Como promesa con promesa se paga, el representante del gran guerrero azteca se comprometió a demostrar que el presupuesto es la fuente de los compromisos de amistad. Nada más puso como condición que nuestro mariscal cumpla dos mil días en el gobierno, lapso que el emisario confía atestiguar desde el Molino del Rey.
Concluyó el gran acto pero siguió otro que se esperaba por el estilo ya que, supuestamente, plantearía el eje o plan del desarrollo estatal (PED). Pero estaba cansado el respetable cuya apatía aumentó cuando salió a la plaza ese torito manso y desordenado. No hubo forma de sacarle la casta dado que ya había sido toreado en otros ruedos digamos que tecnocráticos. Tampoco mostró la clase que presumen los nuevos servidores públicos. Fue como aquel cohete que se lanza al cielo y no estalla ni traquetea ni retumba, y sólo alcanza a echar un leve chiflido.
He aquí un ejemplo de lo captado por el sector culto, el que esperaba ansioso una especie de pócima maravillosa equivalente a la piedra angular de la cultura:
No existe balance ni diagnóstico de la gestión cultural del gobierno del estado.
Es un texto plagado de generalizaciones y lugares comunes.
El inventario institucional de la primera oración es incorrecto por omiso.
Al hablar de “nuevas tecnologías” e “informática” como recursos para la divulgación de las actividades culturales, deja a un lado el hecho de que en Puebla sólo una minoría tiene acceso a internet.
No precisa su idea de democratización cultural.
No precisa su propuesta de regionalización.
No explica sus “tres ejes temáticos”.
No explica la orientación pedagógica de “los programas de iniciación artística”.
El Consejo Ciudadano para la Cultura y las Artes, según lo dicho en el PED, sólo será un distractor.
Por su redacción general, Pasaporte, Caravanas y Fábrica sólo parecen buenas intenciones
Los programas de cultura en escuelas públicas es una buena idea. Hace falta aclarar, explicar, diseñar el contenido curricular, capacitar a los docentes, etc.
No se llaman “Culturas originales”. Se llaman “Culturas originarias”. Tal cual está escrito en el PED, es un disparate. Por otra parte, este renglón disparatado es la única mención que existe sobre las comunidades indígenas de Puebla.
En fin, dejemos las guerras y que Julio Cortázar concluya esta entrega casi guerrera:
“De pronto le pareció entender aquello en términos que lo excedían infinitamente. Sintió como si le hubiera sido dado ver al fin la realidad. Un momento de la realidad que le había parecido falsa porque era la verdadera, la que ahora ya no estaba viendo. Lo que acababa de presenciar era lo cierto, es decir lo falso”. La banda.
acmanjarrez@hotmail.com
Twitter: @replicaalex