lunes, 15 junio 2026
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Puebla, ¿estado de paz? (II)

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Puebla, ¿estado de paz? (II)
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 20 de junio de 2011
La Secretaría General de Gobierno cabe en la definición de “monstruo burocrático”. Pero no como una hidra funesta de varias cabezas, no, sino como un ente cuyos tentáculos llegan a todas partes, a veces con la intención de acariciar a los titulares de las dependencias, y en ocasiones con la finalidad de limpiar la casa. Es pues una criatura cuya autoría se debe a Rafael Moreno Valle Rosas y Fernando Manzanilla Prieto, los amigos que hace doce años iniciaron el proyecto que hoy funciona casi a la perfección.
 
De acuerdo con el eslogan adoptado por la Secretaría de marras, esos brazos se moverán para mantener la paz social en Puebla, algo de lo que por cierto presumió Mario Marín Torres. De ahí que la frase “Estado de la paz” pretenda rescatar para el morenovallismo lo que es y seguirá siendo la principal preocupación de los gobiernos de la República, en el caso de Puebla quitándole a su antecesor el derecho de atribuirse lo que funcionó como el plus del marinismo. Es bien sabido que la entidad se considera uno de los pocos estados libres de violencia, calidad que obliga a preguntar: ¿y por cuánto tiempo? No lo sabremos hasta que el sesudo programa sectorial y de corresponsabilidad, como lo designó Manzanilla, muestre sus ventajas o las deficiencias que conlleva la teoría que intenta iluminar el “reino de la oscuridad”.
 
Antes de abundar sobre el tema aclaro que lo de espantajo o engendro está dicho con ánimo lúdico y no con sentido peyorativo. De cómo veamos las bondades o perjuicios de este nuevo espécimen oficinesco, dependerá de lo que haga, diga o calle quien desde siempre ha sido el factótum del mandatario poblano, influencia que convoca a recordar un dato digamos que histórico:
 
Cuando Mariano Piña Olaya decidió disfrutar del cargo de gobernador, creó a su propio monstruo peludo. El toque mágico recayó en la persona de Alberto Jiménez Morales, el “gran asesor”, cuyo poder prevaleció los seis años del gobierno. No obstante que don Beto hizo bien su trabajo, la eficacia que lo distinguió acabó por afectar el prestigio del entonces mandatario. Al final del día Mariano quedó como la marioneta de Jiménez, apreciación que se debió a que el Gran Asesor complacía a su jefe con variadas estrategias de tipo personal. Sabía cómo manejarlo y, según dijo la canalla administrativa de la época, encontró la forma de mantenerlo ocupado para que no metiera su cuchara en los asuntos del gobierno. “Déjame a mí el trabajo pesado –dicen que le dijo– para que tengas tiempo de cultivar tus excelentes relaciones, mismas que nos ayudarán a impulsar el desarrollo de Puebla”. Piña le hizo caso y durante seis años se regodeó con el poder y lo que éste trae consigo, incluyendo los llamados de la libido.
 
¿Podría repetirse la influencia que, por exagerar en el ejemplo, popularizó Rasputín, aquel monje que manipuló al zar y a su esposa?
 
Tal vez pero con algunos asegunes dado el séquito que rodea a Moreno Valle, varios de ellos con el ego insuflado ya sea por su talento o incluso, por qué no, por su metro-sexualidad. Dejemos pues que las estrellas nos muestren la verdadera personalidad de los integrantes del grupo y sigamos con el tema que nos ocupa.
 
En lo que podría llamarse su Leviatán, Manzanilla ha propuesto acciones que, parafraseo a Hobbes, consideran la competencia que permite al hombre alcanzar sus objetivos; establecen la desconfianza en la práctica de gobierno como principio para garantizar la seguridad; y, lo que es consecuencia de lo anterior, funcionarán para generar el prestigio que llevaría al gobernador (y al propio Fernando) al estadio donde juegan los políticos reputados.
 
Lo anterior es desde luego una arbitraria síntesis del documento que elaboró el equipo de Manzanilla (200 páginas). Pero ello nos muestra que el objetivo primario es la seguridad y por ende la paz, que, como ya se dijo, forma la parte axial del sexenio. Transcribo el párrafo respectivo:
 
“…diseñamos nuevos esquemas para la protección de la sociedad y la coordinación interinstitucional y, apoyados en la tecnología, buscamos prever y reaccionar en conjunto ante todo aquello que ponga en riesgo la gobernabilidad, el orden, la paz y el progreso”.
 
Ello sugiere que los ayuntamientos estarán “infiltrados” por un programa cibernético que detectará los focos rojos que suelen prenderse, precisamente en los municipios. Hay que recordar que el esquema ya fue probado por la Secretaría de Gobernación federal con el resultado harto conocido. Creo que se llamó o se llama: “Semáforo”.
 
El documento también plantea la necesidad de contar con poblanos “con esperanza que vean en el Gobierno un guía y un compañero en el proceso de transformación”. Es obvio que no están en ese propósito los más de dos mil despedidos y aquellos que son considerados “nacos con taparrabos”, o sea varias centenas de millares de poblanos. De eso y un poco más tratará la siguiente entrega.
 
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Twitter: @replicaalex
Staff Puebla On Line 2009
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