A tres años de la tragedia en la discoteca New´s Divine
joomla.2009
Afuera del local donde estuvo la discoteca New’s Divine se pueden ver nueve ataudes. Fotos de Daniel, Alejandro, Leonardo, Heredy, Mario Alberto, Rafael, Mario, Erika e Isis se observan en playeras, pancartas y sus nombres ocupan cada uno de los féretros.
Son los nueve jóvenes fallecidos durante un operativo policiaco ocurrido el 20 de junio de 2008.
“Ha faltado voluntad para hacer realmente justicia”, expresa el padre Miguel Concha Malo, presidente del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco Vitoria, quien ofició la misa para recordar a los jóvenes muertos.
Pero la demanda no sólo es de él, en esa frase, se reúnen cientos de voces que también claman justicia ante la tragedia, madres y padres de familia tanto de fallecidos como de afectados continúan a la espera de algo que parece no llegar.
El ambiente áspero entre policías y afectados continúa. Las heridas parecen estar aún abiertas, sangrantes por los recuerdos de aquel día cuando sus hijos murieron o donde, para quienes sobrevivieron, se marcó un cambio importante.
Tras la marcha silenciosa, organizada por madres de familia de las víctimas, una cae desmayada. Los asistentes la auxilian y al ver la presencia de un par de elementos de la Policía Bancaria e Industrial exigen su retiro.
— Váyanse de aquí, estamos aquí por ustedes, por su culpa sucedió esto, gritaba señor de, aproximadamente 50 años.
—¿Me está corriendo señor?, preguntaba la mujer policía con un tono elevado de voz.
No quedó más que retirarse, los ánimos no podían comenzar a encenderse. La ayuda para Carmen sólo sería proporcionada por vecinos.
DOLOR QUE NO TERMINA
En la eucaristía, una mezcla de tristeza, resignación, impotencia y clamor por justicia, estaban presentes entre amigos y familiares de los jóvenes fallecidos.
El dolor tomaba forma de lágrimas que no dejan de correr por las mejillas de Patricia Domínguez, madre de Daniel de 15 años, quien murió en el operativo.
El recuerdo de cómo eran cada uno de estos muchachos y cómo serían hoy, tres años después, invade a algunos de sus amigos. La impotencia de no poder hacer nada y castigar a los culpables impera entre ellos.
“No hay reparación de daños. No se ha cumplido con el ejercicio de una policía que sepa cumplir su función y respete los derechos de los jóvenes”, exclamó el prelado Miguel Concha, durante la misa.
Jóvenes que aún recuerdan que al salir ya no había mas que hacer, la valla de elementos policiacos estaba afuera, el trato como si fueran delincuentes a penas comenzaba.
SOBREVIVIENTES
En la mirada de “Samantha” aún se refleja algo de tristeza al recordar su primer ida a una discoteca. Al leer “Sabemos que están junto a Dios, en nuestros corazones y siempre los recordaremos” inscrito en una de las playeras que se repartieron no puede evitar estremecerse.
Tal como los marcaron ese día con un número en la mano, se siente una de las madres de estos jóvenes sobrevivientes. Marcada porque desde la tragedia su hija no es la misma, “es más agresiva”.
La ayuda psicológica ofrecida por la Procuraduría para quienes salieron con vida del lugar no fue suficiente.
La hora de encender las veladoras ha llegado, cientos de camisetas blancas impresas con rostros inocentes elevan una oración más “para el descanso de nueve víctimas del abuso de autoridad”, dijo una de las asistentes.
Para algunos, las cosas no se arreglan creando sitios de esparcimiento; tirar el lugar (la infraestructura de la discoteca) es borrar lo que pasó.
“La impunidad cumple tres años, la justicia cuándo”, es lo único que se preguntan los deudos de esta tragedia.
Los ataudes postrados frente al New’s Divine ahora se encuentran rodeados por un ambiente lleno de solidaridad, por personas que exigen estos hechos no se vuelvan a repetir y sobre todo, justicia.