Manzanilla y el beneficio de la duda
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En un interesante ejercicio político, Fernando Manzanilla Prieto acaba de mostrar su don en el manejo del poder. Ocurrió ante los periodistas y directores de los medios de comunicación poblanos, reunión en la que el Secretario General de Gobierno dejó escuchar su voz, que es la del gobernador. Mostró cómo maneja la brida, a veces haciéndolo con firmeza y en ocasiones aflojándola para que sus colaboradores muestren y dejen constancia del rango de libertad que él les ha concesionado.
El hecho que aconteció el lunes pasado, valida lo que se dijo en este espacio sobre el documento que, entre otros temas de gobierno, plantea la necesidad de que los poblanos colaboren para alcanzar la transformación de Puebla. Es la intención de Manzanilla. Sin embargo, la realidad social podría impedir aquello de que Puebla sea el “estado de la paz”. He aquí dos problemas, sólo dos:
El más obvio lo forman los poblanos que por haberse quedado sin chamba, todos los días y a todas horas expresan su coraje contra el nuevo gobierno. Más de dos mil familias cuyo encono los ha convertido en críticos acérrimos del morenovallismo, ciudadanos que se quejan y critican provocándole daños a la imagen del gobernador. La “ventaja” es que este daño aún no trasciende debido a que, por el momento, se explaya en la clandestinidad.
Otro de los inconvenientes lo constituye la creciente violencia cuyo útero se encuentra en las zonas marginadas, urbanas y rurales. Lo dije en la primera entrega de esta serie que hoy concluye: se trata del crimen organizado, mismo que opera como una transnacional que pudo haber puesto el ojo en Puebla, el “estado de la paz”. Si esto llegare a ocurrir, se requerirían de millones de dólares y de una profunda mudanza psicosocial. ¿Catastrofismo? No. Simplemente es la lógica del país en “guerra”, espacio donde participa el gobierno poblano.
Aparte del dinero, la buena voluntad y la estrategia que propone Manzanilla, ¿qué más se necesita para afrontar lo que parece un problema sin solución dado que se gesta en y nutre de la pobreza que crece de manera exponencial?
Se requiere de programas elaborados por especialistas honestos, visionarios, preparados, éticos e inteligentes, y a la vez de gobernantes cuya voluntad rebase con mucho a las tradiciones políticas.
Se requiere de propiciar el crecimiento económico junto con la revolución educativa, la culturización de la sociedad, la urbanización inteligente y armónica de las zonas rurales, y el impulso alimentario para que todos coman y puedan discernir.
Se requiere contar con el apoyo de quienes serían los primeros objetivos para moralizar a la sociedad; a saber: sindicatos corruptos o no; presidentes municipales; la mañosa burocracia dorada; los miembros del poder Judicial (que es uno de los reductos de la corrupción sofisticada), y desde luego de los legisladores, marionetas o auténticos.
Se requiere de una reforma radical a las leyes penales para que los castigos atemoricen a todos los delincuentes y éstos transmitan ese temor a las nuevas generaciones que por falta de buenos ejemplos no le tienen miedo a nada, ni siquiera a la muerte ya que la prefieren a la pobreza que parece su inalterable destino.
Se requiere acabar con los políticos mentirosos y corruptos así como de un moderno y eficaz sistema de comunicaciones e inteligencia, además de policías municipales y estatales preparados, honestos y muy bien remunerados.
¿Pero cómo acabar con el fenómeno que se multiplica todos los días debido a que los delincuentes se educan en el más absoluto analfabetismo, y se diploman en las cárceles, y se reciben en los barrios, y adquieren su doctorado en la escuela del crimen, y hacen posgrados en las células criminales que operan en otras entidades y naciones?
Se requiere cambiar los métodos de combate al crimen organizado haciéndolos más ágiles y garantes de la integridad física de los policías, personal que suele trabajar asustado por la muerte que les espera a la vuelta de la esquina.
Se requiere armar y concientizar a la sociedad para que ella misma adopte su sistema preventivo, de respuesta inmediata y de protección contra los delincuentes; que las fuerzas del orden sean respetadas para que los criminales también las respeten y les teman.
Se requiere de una nueva ley que castigue con rigor a los policías que traicionan el código de conducta y la confianza de la sociedad. Es necesario investigar, perseguir y capturar a los servidores públicos que hayan sido engullidos por la corrupción, estén asociados con el crimen organizado, ayuden a los capos o laven el dinero mal habido.
Se requiere encontrar salidas en el mundo que ha sido construido por el crimen organizado, espacios que han succionado a las autoridades que sin darse cuenta ya están contaminadas con ese virus que se desarrolla en la mierda social. Hay que cambiar el estatus de los centros penitenciarios controlados por los reos; construir nuevos penales gobernados, diseñados y equipados para evitar privilegios.
¡Ah! También se requiere de una enorme cantidad de dinero para que Puebla sea un estado de paz.
¿Podrá lograrlo Manzanilla?
El pasado lunes se ganó el beneficio de la duda de la prensa. Ojalá no lo desperdicie.
acmanjarrez@hotmail.com
Twitter: @replicaalex