Los pajaritos de Enrique Agüera
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Quien no conoce la esencia de la BUAP, está condenado a mariposear creándose escenarios falsos, surrealistas. Hablo del lamentable desconocimiento que suele presentarse en los jóvenes ajenos a la historia, así como en algunos de los fuereños cuya cultura está constreñida al mundo Blackberry. Por eso tantas especulaciones sobre el rector Enrique Agüera Ibáñez y el supuesto interés que hacia él y la Universidad ha demostrado el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.
“Es que va a ser senador”, dicen unos. “Dejará rectoría porque se va de diputado federal”, arguyen otros. Y todos están equivocados porque, según lo ha dicho hasta el hartazgo el propio Agüera, él concluirá su gestión y ya después otros pajaritos cantarán.
De lo que no habla el rector de la BUAP es de los porqués de su decisión, razones que sin duda llevan adosadas los enervantes aromas del poder. ¿Poder? ¿Cuál?, se preguntará el lector. Pues nada más y nada menos el que propicia la Institución que por ley, digamos que natural, debe ser crítica, autónoma, popular y democrática, influencia que en este caso tiene el sustento de la historia universitaria, además del apoyo de sus 60 mil alumnos, la mayoría de ellos –hay que subrayarlo– incompatibles con aquello que huele a gobierno.
Creo pues que no ha nacido el tipo que de un plumazo o decisión política logre que la Universidad Autónoma de Puebla gire hacia la derecha o se convierta en un ente sin alma ni espíritu, tal y como lo han sugerido los enemigos del rector. Quien así lo suponga tendrá que repasar la historia de la educación superior para, quizá, animarse a desechar esa peregrina idea. Y si acaso no se convence, entonces necesitaría analizar los antecedentes y enterarse de que la universidad pública poblana fue la que acabó con las verdades absolutas que han pretendido implantar, por cierto sin éxito, los avatares del liberalismo dieciochesco.
No. Todo indica que no habrá recule. Vea usted algunas de las razones de lo que pareciera ser una atrevida afirmación del columnista:
La Universidad que nació en 1578, seguirá siendo algo así como el antídoto contra los retrocesos ideológicos y políticos. No existe posibilidad de que ocurra una leve inclinación o coqueteo con lo que representa el poder político, circunstancia que equivaldría a la negación de sus principios. A los digamos que agoreros del desastre, habría que recordarles que ya ocurrió lo que fue la única y definitiva escisión, precisamente cuando se creó la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.
Vuelvo a Enrique Agüera y concluyo: si dejara la Universidad antes de que termine su periodo, aceptaría ser, literal, un cero a la izquierda dado que otro universitario (el que sea) concluiría su gestión llevándose los lauros que hasta hoy le corresponden a él, el rector en funciones. Por eso extraña que algunos lo vean como miembro del Senado, espacio donde aparecería como uno más de los “venerables legisladores”. Y peor aun si tomamos como seria la apreciación de otros, los que lo ubican en la Cámara de Diputados, ambiente en el que Agüera sería considerado parte de los 500 números que aparecen en el pizarrón electrónico. Además de este lamentable cambio de ubicación y sector, para su nuevo amigo, o sea el gobernador, ya como ex rector y senador o diputado, Enrique representaría uno más de sus leales subordinados, personajes siempre expuestos a ser recipiendarios de alguna lamentable descarga jerárquica.
Insisto: Agüera Ibáñez seguirá siendo rector hasta que concluya su gestión. Y en ese tiempo (casi dos años) se consolidará la idea de que él es el impulsor del cambio en la BUAP, evolución que le ha ganado prestigio y presencia en el medio académico nacional.
¿Recuerda usted a Enrique Doger Guerrero, el rector que renunció para ingresar a la política, decisión que (él lo ha dicho) lamentó debido a que perdió lo más por lo menos? Pues eso mismo le pasaría a Enrique Agüera Ibáñez quien, igual que ocurrió con su tocayo, al dejar la Universidad se quedaría sin la fuerza que concede una de las instituciones académicas más importantes de Latinoamérica. Y lo peor: así como Mario Marín menospreció a Doger, Agüera sería desdeñado por Moreno Valle Rosas.
Parafraseo a Zorrilla y a Ruiz de Alarcón y a Corneille para decir que, en el caso de Agüera, éste goza de buena salud porque políticamente aún está vivo y seguirá en la BUAP hasta que concluya el rectorado para el que fue electo. ¿Y después? Después otros pajaritos cantarán.
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