lunes, 15 junio 2026
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Los contrastes del poder

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Los contrastes del poder
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 29 de junio de 2011
Cuando Manuel Bartlett llegó a la gubernatura, Puebla entró en un proceso de pánico social. Los grupos de presión y algunos organismos empresariales creyeron que la entidad había ingresado a una nueva etapa de turbulencia política. Entre los académicos, el tema principal fue la vida llena de luces y sombras del ex secretario de Gobernación y Educación Pública. Sin embargo, aquella fama y el indiscutible desarraigo que le distinguió pasaron a ser una más de las anécdotas de la historia de Puebla. De haber representado algo así como el ¡ay nanita! de los primeros meses de gobierno, Bartlett se convirtió en el impulsor de la democracia poblana.
 
Al poco tiempo de ejercer el poder, don Manuel nos mostró su nueva faceta, la del político conciliador e interesado en los antecedentes de la entidad. Por este empeño histórico, nunca tuvo la peregrina ocurrencia de menospreciar a los poblanos, quizá porque su profesión y oficio político le habían enseñado que no hay enemigo pequeño y que un pueblo como el nuestro es capaz de organizarse para acabar con quien ofende sus tradiciones e inteligencia. Entre las particularidades de este controvertido personaje, la más destacable fue sin duda su preocupación por conocer la historia de Puebla y además hurgar para acordar o negociar con los grupos que habían hecho de la confrontación su modus vivendi. Por ello logró llevar la fiesta en paz y concluir su mandato ganándose el reconocimiento y respeto de casi todos los poblanos.
 
Con este breve trazo, digamos que curricular, trato de llamar la atención de quienes arribaron a la entidad suponiendo que la sociedad está muda, ciega, sorda e insensible a las tarugadas políticas del gobierno. Y de paso destacar lo que sin duda fue un fenómeno social dado que Bartlett inició su gestión con el lastre del descrédito. Se le veía, pues, como un gobernante impuesto por el Presidente de la República (Salinas), además de traer cargando la rémora de señalamientos en su contra: que la DEA, que Buendía, que Loret de Mola, que la caída del sistema, en fin. Lo asumió, lo ponderó y actuó en consecuencia partiendo de menos cero.
 
Ese fue Bartlett. Ahora veamos en dónde está parado Rafael Moreno Valle Rosas.
 
Podríamos decir que el gobernador actual inició su gestión ubicado en la gloria ya que en esta primera parte de su trayecto destacó su plus que algunos han llamado bono democrático: buena fama pública, buenos antecedentes curriculares, buena presencia y buenas intenciones, características que lo llevaron a la obtención de un triunfo electoral inobjetable. Por ello su punto de partida es muy superior al menos cero del ex gobernador mencionado. La parte negativa de esta incómoda comparación está en el siguiente hecho: a escasos cinco meses, en vez de subir o mantener sus expectativas, la imagen política de Moreno Valle (no la de las encuestas) ha caído de manera alarmante si consideramos que apenas lleva gastado el siete por ciento del tiempo total de gobierno (72 meses).
 
Antes de apuntar las causas de este inicio a contrapelo, me valgo del siguiente lance para establecer lo que es el oficio político:
 
Había una manifestación en el zócalo de la ciudad capital de Puebla, entonces gobernada por Guillermo Pacheco Pulido. Éste escuchó la algarabía de las protestas y sin pensarlo mucho dio la razón a los manifestantes. Dijo a sus colaboradores que si el pueblo pedía que encendieran las farolas aunque fuera de día, el gobernante estaba obligado a prenderlas. “Primero hay que darles la razón para enseguida empezar a dialogar con ellos”.
 
Uno de los motivos del desgaste del gobierno actual, surge al oponerse a escuchar las razones de los gobernados. Parece empeñado en emular alguna de las costumbres del despotismo ilustrado. De ahí los miles de despedidos y el resentimiento popular multiplicado por esos miles, actitud que nos lleva a la siguiente causa:
 
Son culpables todos aquellos que no comulgan con la “filosofía” del gobierno. De ahí las prácticas en contra de quienes trabajan o se mueven o piensan o se ubican en el lado opuesto a las condiciones del poder. Se trata de una versión incruenta (hasta ahora) del “primero fusílenlos y después averiguamos”, criterio (¿?) que ocasiona las consiguientes persecuciones; a saber:
 
“Hay que acabar con aquello que rememore a Mario Marín o, lo que es lo mismo, al PRI que derrotamos”.
El estilo apuntado obliga a suponer que se está librando una guerra, llamémosle burocrática, la cual ha empezado a propiciar la polarización que aquí y en Estados Unidos produce ingobernabilidad.
 
Claro que hay algunas cosas más que ya no caben en este espacio, entre ellas el talante administrativo y la necesidad de pagar facturas a quienes colaboraron para hacer ganar al PAN y sus aliados. Pero lo importante es dejar asentado que en vez de ir a la alza, el gobierno morenovallista parece estar colocándose el lastre de la discordia. Y digo gobierno porque se trata de un fenómeno de gabinete, todavía no atribuible al mandatario, lo cual sería otro agravante. Pero de ello hablaré en otras columnas.
 
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Staff Puebla On Line 2009
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