Niño pastor de Petlalcingo fue mutilado por una granada del Ejército
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Un pastor de 11 años perdió su pierna y brazo derecho luego de que le explotó una granada en Petlalcingo cerca de un campo de entrenamiento del Ejército. Mientras el secretario de Seguridad Pública, Ardelio Vargas, trató de negar el hecho, los padres del menor sólo están haciendo frente solos a los gastos generados por una complicada intervención quirúrgica en el Hospital del Niño Poblano
Osvaldo Zamora Barragán, de once años, resultó gravemente herido tras la explosión de una supuesta granada, mientras pastoreaba en un cerro de la comunidad El Ídolo, en el municipio de Petlalcingo, una zona usada por el Ejército para actividades de adiestramiento desde el pasado mes de marzo y donde actualmente el Quinto Regimiento de Caballería Motorizada ha montado un campamento.
Su tía Amparo Barragán, relata que Osvaldo había salido desde la mañana a cuidar un pequeño rebaño de siete chivos pues, al igual que otros niños de bajos recursos en la localidad, se dedicaba al pastoreo durante las vacaciones, ante la necesidad de ayudar a su familia.
Desafortunadamente, alrededor de la una y media de la tarde, una vecina les informó que un grupo de soldados llevaban malherido al menor, por lo que se trasladaron al lugar donde ocurrieron los hechos. En el camino se encontraron con más elementos del Quinto Regimiento que realizaba ejercicios en los alrededores y por ellos se enteraron que Osvaldo era conducido a Petlalcingo.
Amparo Barragán denuncia que lo hicieron aún sabiendo que en el centro médico de Petlalcingo no contaban con los medios para atender las heridas de Osvaldo y, con todo, tardaron veinte minutos más en decidir trasladarlo al Hospital General de Acatlán de Osorio, donde tampoco pudieron prestarle los auxilios adecuados.
“Ellos no nos notificaron nada, nos trasladamos a Acatlán y el soldado, el encargado, no quería hablar, exigimos un traslado porque estaba perdiendo sangre y nos dijeron que no porque no tenían los recursos. Pedimos una ambulancia y nos dijeron que nosotros la debíamos conseguir” reclama con la voz cortada, antes de comenzar a llorar.
Una vez en Acatlán, los soldados que habían conducido al niño se retiraron sin ofrecer ningún de tipo de apoyo y la familia se vio abandonada en medio de las gestiones para conseguir una ambulancia que lo trasladara hasta el Hospital del Niño Poblano.
Las circunstancias en que ocurrió el infortunio continúan sin aclararse. La primera versión fue que el niño encontró el artefacto y lo accionó por curiosidad, sin saber lo que hacía, pero según familiares, Osvaldo se mantuvo consciente en el trayecto a Puebla y les dijo que la granada explotó cuando, al tropezarse accidentalmente, la golpeó y fue a dar contra una piedra, aunque no pudo decirles la forma del explosivo o el material con el que estaba hecho.
Amparo detalló que luego de la explosión, el rostro de su sobrino estaba cubierto de algo que le parecía pólvora y, ya en Puebla, el médico les había informó que encontraron esquirlas en su abdomen, que por fortuna no causaron heridas de gravedad.
Las tías del menor afirman que ningún elemento del Ejército se ha presentado para al menos conocer el estado de salud del menor, y si bien al llegar a Puebla un supuesto funcionario se presentó asegurando que el gobierno pagaría los gastos médicos, no pueden recordar su nombre o la dependencia que lo enviaba.
El hospital ya les ha informado que las intervenciones y tratamientos correrán a cuenta de la institución, pero la familia Barragán seguirá exigiendo al Ejército y a las autoridades del estado que se deslinden responsabilidades y otorguen una pensión vitalicia a Osvaldo, quien luego de siete horas de operación ha perdido la pierna y el brazo derechos, con el riesgo latente de perder la pierna izquierda.
Por el momento, la salud del menor se reporta de gravedad, con numerosas heridas en los muslos, la zona genital y las extremidades izquierdas. Su madre, Paula Barragán, permanece vigilante en el área de terapia intensiva, acompañada por sus hermanas, pues su esposo emigró a los Estados Unidos en busca de trabajo.
La familia de Osvaldo denuncia que, desde su instalación, los militares dejan balas y explosivos en el campo, sin preocuparse por establecer medidas de seguridad para proteger a los niños y las personas que en su gran mayoría se dedican al pastoreo de ganado y labores agrícolas.
Ante la falta de ayuda gubernamental, los afectados solicitan colaboración de la sociedad civil para que lleven al Hospital del Niño Poblano:
Pañales grandes etapa cinco
Albumina
Friaxona
Fentanil
Tempra inyectable de 10 ml
Además solicitan donación de sangre tipo RHO positivo y recargas para el 953 123 96 37 de Telcel.