Ana Tere crea nueva agrupación política: Conciencia en Movimiento
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El próximo 7 de agosto, se hará oficial el regreso de Ana Teresa Aranda a la escena política poblana a través de la presentación oficial de “Conciencia en Movimiento”, una organización que intenta impulsar la movilización ciudadana en aras de encontrar alternativas de solución a los problemas prioritarios del estado.
Si bien en el discurso seguramente se intentará recalcar el carácter apolítico de esta asociación, lo cierto es que resulta imposible no darle una interpretación de este tipo al hecho.
Ante la falta de contrapesos reales en el día a día político de nuestro estado, con un congreso entregado al ejecutivo, con partidos políticos que agachan la cabeza y ceden a los caprichos del nuevo tlatoani, con organismos empresariales urgidos de seguir recibiendo dinero público y prebendas de lo más alto del poder político local.
Con sindicatos y organizaciones sociales cooptadas en lo operativo y estranguladas en lo económico, Conciencia en Movimiento puede convertirse en esa voz crítica que, a seis meses del inicio del actual gobierno, ha dejado ya de oírse en la vida pública de Puebla.
En este contexto, resulta lógico el hecho de que sea Ana Tere quien lleve la batuta en esta intentona de ofrecerle a la sociedad una opinión diferente a la que se maneja desde el discurso oficial.
La Doña, ha sido una de las poquísimas que no ha caído rendida ante el pragmatismo del hoy gobernador, ese que usa a quien le sirve en un momento determinado y tira a la basura después de haberlo exprimido.
Eso, simplemente, le da la calidad moral suficiente para ser un contrapeso creíble en la vida política local.
Para ella, un rendimiento con su consecuente pago de factura hubiera sido el camino más fácil.
En plena coyuntura previa a la elección local del año pasado, los más diversos y poderosos actores políticos locales y nacionales movieron cielo mar y tierra para arrancarle una frase pública de apoyo al proyecto de Moreno Valle.
El hoy gobernador, inclusive, no dejó de operar para que Ana Tere se convirtiera en su compañera de fórmula y compitiera por la candidatura del PAN a la alcaldía de la capital.
Estaba dispuesto a olvidar todos los agravios a cambio de conformar una oferta electoral que tuviera mayores posibilidades de ganar.
No fue suficiente.
Una vez roto el diálogo con Moreno Valle, vino la intervención directa del presidente de la República, Felipe Calderón.
El mandatario puso sobre la mesa tres ofertas muy interesantes para Aranda, en términos de su futuro político en el corto plazo.
Palomeó personalmente el nombre de Ana Tere para encabezar dos Subsecretarías de dependencias consideradas como estratégicas para la actual administración, o bien para convertirse en la directora de un organismo descentralizado de la administración pública federal.
Todo, a cambio de no convertirse en un factor de encono y de potencial fractura en el panismo local, de cara a un proceso electoral que había sido clasificado por la propia presidencia de la República como “muy importante” para los intereses políticos del propio Calderón.
No aceptó.
Prefirió jugársela en Puebla e ir a contracorriente al interior de un partido entregado en ese momento al más ramplón pragmatismo electoral.
Aún en la “victoria panista” del 4 de julio, Ana Tere se mantuvo al margen de los festejos y las expresiones de júbilo, hoy ausentes por cierto en el discurso y el actuar de cientos de panistas que, a seis meses de gobierno, ya no sienten que hayan ganado la elección.
No era su triunfo.
No cayó en la tentación de caravanear con sombrero ajeno.
Será interesante lo que La Doña pueda aportar, en una coyuntura nunca antes vista en la historia moderna del estado.
Su movimiento puede ser la única luz al final del oscuro túnel que transitan quienes se sienten ya desilusionados por los nuevos tiempos que se viven en Puebla.
Minimizar sus potenciales alcances, sería un error monumental.