Los despachos de empleo un vil engaño
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Perdón, pero antes de escribir sobre los despachos de empleo que engañan vilmente a muchos jóvenes que andan en busca de una chamba por nuestra ciudad, no pude hacer de lado el escándalo y revuelo causado en la televisión, redes sociales y en you tube por el video sobre las “ladies de Polanco”. Más que sorprenderme o espantarme por sus muy decentes expresiones como: ¡orale¡ “pinche asalariado de mierda”, “ya estuvo…” “puto…” que sumadas a una violencia animalesca por estas dos mujeres, brutalmente enloquecidas, lo único que pueden causar son nauseas.
Cabe decir que esto es solo una pequeña muestra de una infinidad de situaciones impunes, intolerantes y racistas que se dan a diario en el país. Algo sucede con todo ese rencor, resentimiento impune y exclusión que se da en una clase social determinada.
Para que ir tan lejos, en Puebla de los Ángeles o de Zaragoza, este tipo de actos de violencia verbal, exclusión, racismo social, lenguajes excluyentes e impunidad, se ven a diario en los lugares de ocio de la clase alta, entre mujeres ricas y otras que simulan serlo, en las universidades privadas y también en los centros comerciales.
Muchas mujeres de seguro que han enviado las imágenes a sus amigas, lo mismo deben haber hecho los juniors con el video de las Ladies de Polanco con sus cuates, para reírse y justificar estas brutales expresiones.
Con todo lo que estamos pasando en el país, lo último que no podríamos aceptar es una descomposición social, que anide odio, resentimiento, violencia, discriminación, exclusión y debilite las instituciones.
Y como nadie se tienta el corazón, en la sociedad hay mucha miseria humana, abusos y engaños sobretodo con la gente humilde, ahí les comento una breve historia cotidiana.
Como cualquier día de la semana camino y apresuro el paso por las calles de la ciudad – están muy descuidadas y ningún ayuntamiento ha hecho nada por mejorarlas – es temprano, la circulación vehicular de cafres y personas manejando con celular en mano es poca aún, la hora de entrada a las escuelas aún no llega.
Llego a la equina de la 19 sur y la avenida Juárez, me faltan dos calles para llegar a la parada y esperar mi respectiva combi o micro, alguien me alcanza y pregunta, es una “chavita” chaparrita, delgada y humilde, trae bajo el brazo un fólder gastado y con algunos papeles que se asoman, busca el número de una calle de ahí cerca, empezamos hacer la plática.
Se acaba de bajar en el boulevar Atlixco y ha caminado unas buenas calles, casi llega al paseo bravo para encontrar el domicilio a dónde quiere llegar. Viene de Cholula en busca de trabajo o un empleo, tiene cuatro hermanos, su familia no tiene dinero, ella ha dejado la escuela y muy temprano se alisto pensando en encontrar una “chambita”.
Sin pensarlo nos acompañamos, me empieza contar y enseñar sus documentos que le han pedido, luego saca unos papelitos, son tres fotocopias de esos que pegan en las cabinas de teléfonos públicos y en mamparas o postes de los lugares públicos de la ciudad. Vaya sorpresa, algunas veces los he visto, pero nunca pensé el engaño que hacen estos truhanes con la desesperación de muchos jóvenes desempleados y más con la gente humilde.
Me toma confianza y empieza a contarme que ha venido dos veces, que son unas oficinas de unos supuestos licenciados, creo que solo ponen o inventan un apellido en los volantes de empleo, le han dicho que tienen varios trabajos en donde colocarla y que cuentan con influencias en “empresas”, me quedo pensando, la veo y no atino a decirle que la van a timar.
Una de estas oficinas que se promociona esta por la avenida Juárez sobre la 15 sur, la otra es por una plaza comercial de la 11 sur y la 25 poniente, en los papeles que pegan ponen sus direcciones.
Nos detenemos y me pregunta si deberá entregarles los 3 mil 500 pesos que le han pedido, solo alcanzo a decirle que no les entregue nada. Se los han pedido para hacerle un supuesto “contrato” de trabajo, le han dicho que tiene que firmar unos papeles y que en 15 días tendrá su anhelado empleo en la “empresa tin larin”.
Con su vestimenta muy simple y un suéter café, tez morena y muy delgadita me cuenta que ya los esta juntando, su ilusión de tener un trabajo le ha hecho creer en estos estafadores profesionales.
Sin saber como ayudarla, le digo que no les de nada aún, ella se despide, me da las gracias y se encamina con estos pestilentes defraudadores profesionales, que a veces hasta los ponen a gritar frases “motivacionales” y demás cosas, con tal de timarlos.
No pasa el “pinche” microbús, alcanzo a pensar algunas cosas, me parece injusto lo que sucede con tantas “chavitas” humildes como Rosa, que son vilmente engañadas por su condición humilde, ella solo ha venido a esta ciudad en busca de un trabajo.
El gobierno debe intervenir para detener a estos defraudadores que abusan de los jóvenes sin empleo, siguen estafando a la gente que se encuentra desesperada por encontrar un trabajo y nadie hace nada para meterlos en orden o detener sus engaños.