El discurso de Lalo Rivera que enojó a Moreno Valle
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Por Jorge Rodríguez Corona/ A Puerta Cerrada/
Fuera de contexto, las palabras pronunciadas por el gobernador Rafael Moreno Valle el martes en San Francisco Totimehuacán no se comprenden bien; revelan, sí, la existencia de un nuevo episodio de desavenencias entre su emisor y el presidente municipal Eduardo Rivera, pero no evidencian sus motivaciones y por lo tanto dan pie a la especulación.
“Para esta obra”, arrancó Moreno Valle en el inicio de los trabajos de remodelación del bulevar Lafragua, “se destinaron recursos del (gobierno del) estado”.
“Aquí”, continuó, “no hay un centavo de aportación del ayuntamiento (de Puebla)”.
“Estamos viendo las grandes obras en la capital del estado”, remató, “pero también vemos con preocupación que a veces se olvidan las juntas auxiliares. Yo regreso hoy a esta junta auxiliar no a hacer obras pequeñas, sino a hacer obras que van a cambiar el rostro de esta junta auxiliar”.
Vistas así, sin contexto, estas palabras muestran a un pugilista ávido de combate que se aventuró a tirar el primer golpe.
Sin embargo, no es así.
Dos días antes, en esa misma junta auxiliar, otro discurso, emanado de un personaje diferente, fue el causante de las expresiones morenovallistas.
“Hay personas que minimizan el impacto de estas obras (la pavimentación de calles); yo estoy convencido que la ciudad que queremos no se construye solo con grandes obras, (sino que) son necesarias acciones que transformen directamente la vida diaria de los poblanos, por eso venimos aquí a entregarles este servicio básico”.
¡Zas!
Alguien escuchó estas palabras, repito, pronunciadas también en San Francisco Totimehuacán, pero dos días antes, e interpretó que fueron lanzadas para aludir al mandatario.
Las expresiones “personas que minimizan”, “grandes obras” y “que transformen directamente la vida diaria de los poblanos” fueron definidas como agresiones en el búnker morenovallista.
Y sí, adivinó usted, quien profirió esas frases fue el mismísimo Eduardo Rivera, el domingo, mientras inauguraba la pavimentación de la calle número 100 en esa junta auxiliar del sur oriente de la ciudad.
¿Qué ocurrió entonces el martes?
Que, como argumentan en Casa Aguayo, el gobernador solo hizo acuse de recibo.
¿Y lo de los policías?
Eso responde, como reza el clásico, a otra historia…