Los informes de inicio y fin de sexenio
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En estos días se dieron dos eventos con paralelismos importantes: el penúltimo informe de Felipe Calderón y el último de Enrique Peña Nieto, ambos marcando hoy sí, el inicio de la contienda electoral 2012: el saliente y el aspirante a entrante más aventajado rindiendo cuentas a la población o montando shows de autohalago mediático.
El Informe de Calderón estuvo enmarcado por los fatídicos actos terroristas perpetuados en el Casino Royale en Monterrey; el de Peña por las inundaciones, que año con año, se presentan con los mismos efectos devastadores sin mayor inmutación por parte de las autoridades responsables.
Los dos eventos contaron con la presencia de los principales representantes de la clase política, económica, mediática y diplomática; y ambos fueron realizados fuera de un ambiente republicano que considera la interpelación de sus Poderes hermanos.
El del primero en el patio central del Museo Nacional de Antropología con hora y media de duración; el del segundo en el Teatro Morelos que tomó alrededor de una hora entre discurso y videos intercalados.
Ambos discursos fueron triunfalistas, destacando logros y minimizando los problemas y necesidades de la población a quienes aún representan.
Los dos gobernantes mostraron cuentas alegres al destacar sus magníficas obras en materia de educación, salud, infraestructura, desarrollo del campo, competitividad, empleo, economía, telecomunicaciones, turismo y medio ambiente, que de ser ciertas estamos viviendo en un México que la mayoría de los mexicanos no vemos ni sentimos.
Aunque hemos de destacar que, en el caso de Calderón, mucho de su discurso fue destinado a repartir culpas como cuando dijo “la democracia es una obra inconclusa………me preocupa, sincera y respetuosamente lo digo, me preocupa que aún sigan vacantes tres cargos de consejero electoral a pesar de que el plazo para su integración venció en noviembre del año pasado”.
De igual forma lo hizo al presentar un largo diagnóstico –la mitad de su presentación- sobre el crimen organizado, su origen y evolución en sexenios pasados destacando, en cambio, la actuación y logros de su Administración poniendo énfasis en la respuesta criminal a la acción del gobierno como cuando al referirse concretamente al caso de Monterrey, aseguró que la acción del Estado “es consecuencia y no causa del problema”, estableciendo que fue “por no actuar a tiempo lo que permitió alcanzar el poder que hoy tienen los criminales”.
De la misma forma que repartió culpas a los sexenios pasados, lo hizo con los Ejecutivos Estatales, con el Congreso de la República y el Poder Judicial cuando les acusó de incumplimiento en la renovación y confiabilidad de las instituciones de seguridad y procuración de justicia en los estados; cuando habló de la necesidad de avanzar en la aprobación de leyes que den “certidumbre jurídica en su actuar y de atribuciones legales” a los gobiernos y a las fuerzas federales, enumerando, de pasada, todas las iniciativas en la materia que aún se encuentran pendientes de ser aprobadas; y cuando pidió se revise la honorabilidad y honestidad de jueces y magistrados para abatir la corrupción y “cerrar la brecha entre la verdad real y la verdad legal”.
Para terminar al puro estilo Martin Luther King o más actualizado con Luis Donaldo Colosio –¿acaso los priístas no se dieron cuenta?- con un: “YO VEO ese amanecer de un México nuevo y debemos perseverar en ella………veo a ese México que asoma en su gente….,.en los jóvenes que se preparan,…….en los empresarios……que hoy avanzan……, en los familiares de las víctimas del crimen……, en algunos policías…., en una sociedad que grita un ya basta……,en las Fuerzas Armadas……que son atacados….y perseveran en su misión…….., en sus comunidades indígenas….., en las niñas y niños…”.
Por su parte, Peña Nieto, basó su Informe bajo el lema “gobierno que cumple, gobierno que cumplió” en destacar el cumplimiento de sus 6500 compromisos notariados convirtiéndolos en su principal bandera y tarjeta de presentación para lo que sigue.
Contrario a Calderón, el de Peña fue un discurso de conciliación al agradecer y reconocer el apoyo del Presidente de la República, de los gobernadores de las entidades vecinas destacando a Marcelo Ebrard, del Congreso de la Unión y del estado, del Poder Judicial y de las Fuerzas Armadas por sumar esfuerzos y su colaboración institucional a favor de los mexiquenses. En lo local también agradeció a los cuerpos de seguridad, a las organizaciones civiles, padres de familia, adultos mayores, a los trabajadores de la salud, de la educación, a los hombres del campo, organizaciones gremiales, sector privado y, por supuesto, a los servidores públicos por considerarles, a todos, agentes de transformación.
En lo que a seguridad se refiere, destacó su colaboración y compromiso con la modernización y fortalecimiento institucional al tiempo que se dijo igualmente indignado “por la violencia, impunidad y miedo que se vive en el país”.
Finalmente cerró enumerando uno a uno los que con seguridad serán sus postulados de propuesta de gobierno hacia la Presidencia de la República marcando en todo momento la unidad nacional que se requiere para recuperar la grandeza de México.
En síntesis, dos Informes triunfalistas diferenciados entre el repartir culpas de quien sale y prometer unidad de quien regresa.