“Pare de sufrir” y mejor no les haga caso
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Como cualquier otro domingo, salgo a echar una carrerita por el Paseo Bravo, uno de los pocos lugares tradicionales que aún persisten en nuestra ciudad y que tristemente poco a poco va perdiendo su calor y color social. Más por morbo, llego al “gallito”, una esquina simbólica, punto de reunión de muchos y llena de historias, solo para ver los encabezados periodísticos, en el puesto de revistas que siempre ha estado ahí.
De pronto por el paseo bravo, muchas personas solas y en grupo, reparten un periodiquito titulado “Pare de sufrir” “porque una vida mejor lo espera”, su mensaje principal reza: 63 % de los mexicanos satisfechos, pero no felices.
Quienes hacen propaganda, son personas que forman parte de un llamado Santuario de la Fe.
Tomo uno y todo está lleno de frases sobre dios, amor, autoestima y broncas familiares, en donde los milagros se cumplen y hasta el corazón deja de sufrir. Me pongo a medio pensar y llego a la “brillante” conclusión que en tiempos de crisis política, social y económica, el desaliento social gana espacios.
Y cómo no se le van a ir las ganas a los ciudadanos por hacer algo por su país, si ve que algo no está funcionando bien entre la clase política y los partidos.
De pronto empiezan a oler mal por sus actos de corrupción e impunidad en todas partes, destilan bilis en sus discursos en lugar de proponer y se alejan día con día de la realidad.
Cabe subrayar aquí que no todos los líderes o miembros de los partidos son y hacen lo mismo, pero la gente lo que menos quiere saber de ellos son sus dimes y diretes.
Muchos de estos dizque generales o jefes políticos, sin darse cuenta están autodestruyendo el sistema político con sus actos, cuando esté ha sido generoso, les provee poder, legitimidad, espacios, puestos y representación popular, además formas privilegiadas que les permite vivir muy bien.
Los ciudadanos están hasta el full, cansados de ver y oír todos los días informaciones, videos o grabaciones de corrupción y abusos de nuestros políticos. Lo único que quieren es tener un trabajo, fuentes de empleo y la certidumbre de que las cosas no empeoren en el país y pongan en riesgo su economía familiar, sobretodo por los efectos de una recesión mundial.
Algunos sectores sociales empiezan a perder la credibilidad en la política y esto no es nada bueno para los institutos partidarios, mucho menos para la democracia mexicana.
Necesitamos que alguien les diga algo para que reaccionen, hacen y deshacen a su antojo, piensan que son los únicos herederos de la patria, se sienten los dueños de las instituciones públicas, casi se envuelven en la bandera mexicana para que les creamos, se piensan impunes y con poder, sienten que nadie los ve y sin ninguna consideración se burlan y ríen de la gente común.
Todos los días nos embuten sus mentiras, nos buscan involucrar en sus confrontaciones por el poder y para colmo siempre recibimos sus “exitosas” notas de sus tropelías y abusos por la impunidad de la que gozan.
No se dan cuenta que una gran mayoría de los mexicanos diariamente llega a sus hogares, para medio descansar de sus largas jornadas de trabajo, luego para medio comer y sentarse a ver un poco de televisión; que lo menos que quieren saber y escuchar son noticias malas, cuando empieza la información sobre la inseguridad y los temas de algún político corrupto simplemente le cambian de canal, se malhumoran y encabronan con lo que sucede en México.
El mundo del poder y la política es total y diametralmente opuesto al de los ciudadanos de a pie y carne y hueso.
Quieren escuchar otras cosas por lo menos medio buenas y algunas positivas sobre nuestro país tan herido y lastimado por todos.
No le interesan las broncas que se traen en el viejo PRI, tampoco el último informe de Enrique Peña Nieto, mucho menos la disputa de los tres panistas por ver quien queda como candidato o las trifulcas diarias de los perredistas.
Quieren trabajar, participar, aportar talento, innovar, construir soluciones, esperanzas y formas sociales que ayuden a la sociedad, pero las malas noticias sobre la violencia, corrupción y la crisis económica lo echan a perder.
Nuestra clase gobernante, los políticos y los partidos tiene que cambiar su hábitos extremos de mirar de arriba para abajo a los ciudadanos, algo tienen que hacer para terminar con su cultura de la corrupción, privilegios, impunidad e inmunidad de la que son tan aficionados.
No debemos acostumbrarnos a la fatalidad, tampoco permitir que nuestra capacidad de asombro e indignación termine por ser derrotada por los actos de algunos malos gobernantes y políticos.
Cuando las mujeres y hombres comunes decidan no hacerle caso o pelar a nuestra clase política, entonces si se preocuparan, porque nadie legitimara su poder.