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Violencia familiar

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Violencia familiar
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 11 de septiembre de 2011
La práctica de valores y la sana convivencia en el seno familiar son vitales para que nuestros niños y jóvenes sean ciudadanos responsables, solidarios, comprometidos, pero sobre todo, ciudadanos libres de violencia.
 
Los altos niveles de violencia a los que todos estamos expuestos hoy en día en nuestro País y Estado son motivo de reflexión, por ello es necesario preguntarse ¿qué motiva a las personas a actuar con violencia?, ¿cómo se forman las personas violentas? Sin embargo, antes de responder estas preguntas es necesario revisar algunos datos importantes para conocer el contexto nacional y local.
 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que la prevención de la violencia, en su marco general y familiar, es observada como un asunto de salud pública por el impacto negativo que tiene en la salud física y mental de los grupos vulnerables. Por otra parte, es un problema que no respeta fronteras geográficas ni políticas y que traspasa los límites étnicos, religiosos, educativos y socioeconómicos.
 
Por violencia familiar se entiende el conjunto de agresiones, psicológicas, físicas, económicas o sexuales, que ocasionan algún daño -emocional, físico, o sexual- a los integrantes con menos poder o autoridad en el hogar. La OMS considera que dentro de la violencia familiar se incluyen las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad en la vida pública o en la privada.
 
Datos de la Encuesta Nacional de Violencia contra las Mujeres México 2003, del total de mujeres encuestadas, el 42.2% reportaron haber sido golpeadas en la infancia, 21.4% insultadas y 16.5% humilladas por parte de sus padres y familiares. El 25.8% de las mujeres encuestadas afirmaron haber experimentado en su vida una relación violenta, donde en el 74% de los casos la pareja es el principal agresor y el 30% corresponde al padre o a la madre.
 
Por lo que respecta a los niños y jóvenes, en la Encuesta de Maltrato Infantil y factores asociados México 2006, el 60% de las niñas sufre maltrato emocional a manos de uno o ambos padres, mientras que el 47% de los niños se encuentra en esta situación. En lo que respecta a los adolescentes, las formas de maltrato más frecuente que ellos reportan en el hogar son la violencia física y la psicológica. En la escuela, la violencia verbal, el acoso sexual, la violencia de compañeros y la discriminación son los modos de maltrato más frecuentes.
 
Entre el 4 % y 6 % de la población adolescente entrevistada, refiere haber sido golpeado por su madre en los últimos 12 meses anteriores a la entrevista al punto de sangrar, dejarle moretones u ocasionarle alguna fractura.
 
De la misma manera, entre el 84% y 92% de los adolescentes encuestados consideran que la violencia en cualquier tipo ejercida hacia ellos por parte de sus padres, responde a situaciones provocadas por ellos mismos, lo que es reflejo de patrones autoritarios en el estilo de crianza y en el sistema educativo que aún siguen vigentes. 
 
Según el INEGI, en el documento Panorama de Violencia contra las Mujeres en 2006, Puebla ocupó la décima posición de los estados del país con mayor índice de violencia en la pareja. El 51% del total de mujeres encuestadas reporta haber experimentado un hecho de violencia por parte de su pareja, el 25.9% del total experimentó violencia extrema, sólo el 13.5% de las mujeres violentadas presentaron denuncia. De cada 100 mujeres que son violentadas por su esposo o pareja, 25 son víctimas también de agresiones por parte de los familiares. 
 
En el Consejo Ciudadano, del mes de Abril al mes de Septiembre de 2011, sólo 8.3 % del total de denuncias del Programa Denuncia sin Miedo son relativas a violencia familiar. Lo anterior, no significa que la violencia familiar haya cesado dentro del seno de las familias poblanas. Sino que por miedo, desconfianza en la justicia, la vergüenza, desconocimiento de otras formas de convivencia o el pensar que se es merecedor de la violencia, los ciudadanos poblanos no denuncian la violencia familiar.
 
Por otro lado, aunque la mayoría de las estadísticas están dirigidas a sectores de población como las mujeres, niños y niñas, ello no es indicador de que los adultos mayores y los grupos minoritarios estén exentos de ser sujetos de violencia.
 
La importancia de una convivencia sana sin violencia en el núcleo familiar toma aún mayor relevancia por la estrecha vinculación entre violencia familiar y conducta delictiva. La agresión hacia los niños, aunado a un pobre funcionamiento en la familia, tiene un fuerte efecto en los problemas de consumo de alcohol y otras sustancias en los agresores. Y si consideramos que bajo los influjos del alcohol y otras sustancias son cometidos numerosos actos delictivos entendemos mejor que uno, conducta delictiva, es la consecuencia del otro, la  violencia familiar.
 
En efecto, la violencia en la niñez incrementa el riesgo de que las víctimas utilicen el castigo físico en la edad adulta, bien lo afirma una frase popular “violencia genera violencia”. El fenómeno de la delincuencia está relacionado con antecedentes de violencia en las familias de origen como conducta aprendida por los agresores, esto quiere decir que la violencia familiar es un caldo de cultivo para las conductas delictivas. Ahora bien, ¿cómo acabar con la violencia familiar?
 
Sin lugar a dudas, el fenómeno es más amplio de lo que pudiéramos pensar, no está confinado a una clase social y mucho menos al género, la edad, la escolaridad y la ocupación. No es tarea sólo de los gobiernos, el modificar los esquemas de política pública con enfoque a la violencia familiar e implementarlas, ni de los procesos educativos desde los sistemas nacionales de educación, también es tarea de las propias familias, pero sobre todo es tarea individual, de reconocimiento y aceptación de que existe violencia familiar.
 
Sin embargo, mientras los esquemas se modifican y se trabaja al respecto, uno de los mecanismos para terminar con la violencia familiar es la denuncia, la responsabilidad de salvaguardar la integridad física y emocional es tarea de cada persona. No es necesario esperar a que haya lesiones graves que atender, hospitalizaciones o incluso muertes para actuar. Quien transgrede los derechos de otra persona y los pone en riesgo merece ser juzgado y sancionado de acuerdo a las leyes vigentes y las víctimas necesitan ser atendidas de manera integral para su recuperación. Entonces ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros? 
 
Si conoces a alguna persona que sea víctima de violencia familiar, proporciónale esta información, para poder actuar la denuncia debe ser personalizada, pero sobre todo, necesita haber un genuino interés por abandonar el círculo de la violencia en que vive. En el consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia  encontrarán asesoría legal y psicológica gratuita y confidencial para quienes decidan actuar en consecuencia. 
 
¡Llámanos! En la zona metropolitana de Puebla al 3 099 099, del interior de estado al 01 800 9 099 099 o ¡escríbenos! Vía correo electrónico: denuncia@consejociudadanopuebla.org, Facebook: Consejo Ciudadano de Puebla, Twitter: @ciudadanospue
Staff Puebla On Line 2009
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