Inocultable, el pleito entre Moreno Valle y el PAN
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Los sucesos observados recientemente en el PAN dejan ver nítidamente lo que registra en sus entrañas, pues la pugna por el control del partido entre el gobernador Moreno Valle y El Yunque se ha vuelto inocultable, al grado de desbordar los límites que ambos contendientes quisieran guardar.
Hay que checar cómo se ha gestado la situación.
Antes de la campaña de 2010 el PAN poblano había sido humillado en las elecciones de 2004, 2007 y 2009 y recordemos que en 2001 Luis Paredes ganó la alcaldía a pesar (y tal vez por eso) de no ser el candidato del Yunque y que en las federales intermedias de 2003 logró que AN arrollara al PRI en los cuatro distritos con cabecera en el municipio de Puebla, mientras el tricolor ganaba al Yunque en 10 de los 11 distritos del interior del estado.
Pablo Rodríguez y Antonio Sánchez, supuestos candidatos de súper lujo fueron apaleados por Enrique Doger y Blanca Alcalá, mientras en las federales de 2009 Marín se llevaba el carro completo.
En 2006 -cuando no ganó Felipe Calderón, sino que perdió Andrés Manuel López Obrador, mientras Roberto Madrazo hacía el ridículo- la inercia nacional y el desgaste de Marín le dieron al PAN los dos escaños en el Senado y 12 de 16 diputaciones federales.
Ante la carencia de un buen candidato entre los suyos (Pablito y Toño aún sangraban) y dado que el Yunque se ha dado a la tarea de guillotinar a las cabezas que piensan y a eliminar a cualquier liderazgo que contraste con la creciente mediocridad de sus militantes, plantearon usar a Rafael Moreno Valle para darle al partido la fuerza que ellos dilapidaron.
Les era vital ganar algunas alcaldías donde pudieran colocar a sus hordas, que ya no saben hacer otra cosa que medrar del erario -y cuya disciplina está en función de las dádivas, por miserables que estas sean- de manera que a partir de la premisa de que no era posible ganar la gubernatura de Puebla, calcularon los riesgos de hacer candidato a Moreno Valle y los consideraron manejables, aunque hoy es cada vez más frecuente escuchar entre los mandos yunquistas y los administradores del partido que fue un error jugársela con Rafael, que por su parte se comprometió solemnemente a no tocar los intereses yunquistas.
Ya como candidato operó el preclaro dicho “prometer para meter, que una vez metido no importa lo prometido” y luego, cuando sorpresivamente la participación social impidiera la prolongación del marinato, los jefes orgánicos se encontraron de pronto ante un hombre de poder (y el poder no se comparte) en cuyo proyecto no sólo no caben, sino que -por naturaleza- lo dificultan, por lo que éste será el tópico central en la política de los primeros años del sexenio.
La Organización ha sabido sortear situaciones similares, la más notable con Felipe Calderón, a quien con enorme paciencia fingieron someterse mientras se iba debilitando. El presidente no tuvo la perspicacia necesaria para vedarles aquello que les ha permitido controlar al partido: la capacidad de dar chambas y de impulsar o impedir candidaturas, de manera que el Yunque sigue siendo factor determinante en el PAN, al grado de que el mandatario federal ha perdido ya la capacidad de conducir el proceso de su propia sucesión.
Si bien algunos panistas relegados por el Yunque piensan que ahora pueden encontrar oportunidades con el gobernador (lo que le fortalecería), eso sólo sucederá en el caso de que éste muestre capacidad de designar candidatos, si incluye selectivamente a liderazgos intermedios para operar en el partido y si se asocia con quienes tengan visión de largo plazo en la acción política, pero hasta ahora comete el mismo error que Calderón: no articula a los grupos antiyunquistas y pone en manos de ¿ex? yunquistas su operación en el PAN que hasta ahora ha sido poco eficaz e innecesariamente conflictiva.
Después de haber logrado una gran coalición con la colocación de sus incondicionales mediante candidaturas de diferentes partidos y de que obtenía otras en el propio PAN (no olvidemos que incluso propuso a Doger como candidato a la alcaldía angelopolitana), mientras que su alianza con el melquiadismo le permitiría influir en el PRI y el asegurarle impunidad a Marín le consentía leyes y créditos aún antes de asumir formalmente el cargo, se presentaba como un gobernador con poder extraordinario, que además gozaba de los favores presidenciales.
Todo parecía salir a modo del gobernador Moreno Valle, quien se preparaba ya para ser en 2018 el presidente de México.
Sin embargo, como le platiqué ayer: el 2012 se le complica y el 2018 se le aleja.