Eduardo Medina recomendó a Ardelio Vargas para ser secretario de Seguridad
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Una de las primeras acciones que tomó Rafael Moreno Valle Rosas como gobernador electo del estado de Puebla fue la de pedirle al presidente Calderón que propusiera a quien en su opinión cubría el perfil ideal para encargarse de la Secretaría de Seguridad Pública estatal en el próximo sexenio.
Pragmático, como siempre y conocedor de la importancia que para Calderón tiene que los estados de la República se sumen incondicionalmente a la estrategia que ha emprendido para combatir a la delincuencia, solicitó de inmediato la línea presidencial
El jefe del ejecutivo federal, a su vez, le pidió a uno de sus hombres de mayor confianza, Eduardo Medina Mora, que le diera forma a la propuesta.
El actual embajador de México en el Reino Unido y ex Procurador General de la República no lo dudó ni un minuto.
Pensó de inmediato en un poblano, incondicional suyo, con el que había trabajado ya de 2000 a 2005 cuando fue Director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional.
En ese período de tiempo, Ardelio Vargas se desempeñó como Director de Seguridad e Investigación del CISEN y consolidó una relación muy cercana y de confianza con él.
El palomeo desde lo más alto llegó y fue entonces cómo- más allá de un asunto de inclusión y pluralidad, como se quiere vender hoy-Ardelio resultó ser el “más indicado” para operar en Puebla las estrategias integrales de seguridad y combate a la delincuencia dictadas desde la Federación.
Si bien el nombramiento no generó ningún tipo de polémica en el ámbito local, en los círculos más cerrados de las instituciones de seguridad de nuestro país se convirtió en un acertijo inexplicable.
¿Cómo un gobierno panista decide nombrar como Secretario de Seguridad Pública en Puebla a uno de los más acérrimos enemigos del actual Secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna?
Y es que, en ese ambiente, es ya famosa la antipatía mutua que comparten estos personajes, cuando coexistieron en la dependencia que García Luna hasta la fecha encabeza.
El cese de Ardelio fue fulminante después de los airados reclamos que le hizo a García Luna una vez que la dirección a su cargo fue inexplicablemente marginada de un operativo realizado en la aduana de Manzanillo en marzo del 2007, en donde fueron decomisadas más de 23 toneladas de efedrina.
Sin embargo, a pesar de lo anterior, el funcionario federal es uno de los más entusiastas partidarios del nombramiento de Vargas Fosado.
Teniendo la capacidad de vetar la designación, prefirió apoyarla.
La razón es simple: desde la Cámara baja del Legislativo federal, Ardelio ha sido un auténtico dolor de gónadas para García Luna.
Como titular de la Comisión de Defensa Nacional del Congreso de la Unión, Vargas Fosado ha sido uno de los más feroces críticos de la política de seguridad pública implementada por el gobierno del presidente Calderón.
Ha bloqueado sistemáticamente cualquier intento de reforma legal que amplíe las facultades de las fuerzas armadas para combatir a la delincuencia organizada, ante el monumental fracaso de los programas de profesionalización de los cuerpos policiacos, además de criticar severamente la iniciativa presidencial que pretende reformar el fuero militar
En septiembre pasado, cuando su nombramiento en Puebla era inminente, encabezó una revuelta de diputados con motivo de la comparecencia de García Luna como parte de la glosa del cuarto informe del presidente Calderón.
Ante medios nacionales declaró que “es urgente un cambio de estrategia en el combate al crimen organizado, toda vez que los más de 28 mil asesinatos vinculados a este fenómeno muestran que el país no camina por el rumbo adecuado”.
Además, cuestionó la honestidad con la que García Luna ha gastado los recursos públicos destinados a la seguridad pública en México.
Ahora, como Secretario de Seguridad Pública estatal, Ardelio estará controlado.
No podrá salirse del redil.
Por congruencia tendrá que aplicar en Puebla esa estrategia de combate a la delincuencia que calificaba hasta hace muy poco como de “rotundo fracaso”.
Hoy, tendrá que rendirle cuentas al enemigo y agachar la cabeza para decirle a García Luna: “Sí, Señor”.
¿Quién gana y quién pierde realmente con su designación?