Notarios le declaran la guerra a Mario Marín
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Hace seis años, Melquiades Morales abdicó la posibilidad dar su premio sexenalen forma de notaría a los incondicionales que lo acompañaron a lo largo de seis años. Lo impidió una traición encubierta proveniente, precisamente, de algunos fedatarios a los que prohijó con miles de escrituras, así como la reforma democrática que él mismo promovió para liquidar la designación directa del Ejecutivo para sustituirla por concursos de oposición calificados por el Consejo de Notarios. Recibió una auténtica puñalada por la espada, la misma que ahora los notarios quieren darle a Mario Marín al cancelar de forma unilateral seis de los ocho concursos que había convocado la Secretaría de Gobernación. Conforme a sus atribuciones, el Consejo de Notarios dilató el análisis de los expedientes por semanas, el dictamen final provocó la ira del gobernador, quien no planea dejarse. Laguerra se desencadenará hoy, probablemente, en vísperas de las vacaciones. Cuentan los enterados que, con un manotazo sobre la mesa, Marín afirmó que él no iba a dejarse como sí lo hizo Melquiades. La respuesta, a través de Valentín Meneses, es una promesa de sangre y fuego: en caso de persistir con la negativa para organizar los concursos, el PRI promoverá en el Congreso local una reforma fast track a la Ley del Notariado para eliminar las oposiciones y regresar al viejo sistema de las asignaciones directas. Además, eliminar facultades a la representación de los notarios que hoy quieremorder la mano que les dio de comer por seis años para impedir que los gobernadores sean sus rehenes. El pleito de fin de año promete.
Marín quiere premiar a sus fieles, por las buenas o por las malas, a su conocido estilo desangre y fuego. En sus cálculos, la reforma fast track a la Ley del Notariado y la reducción del poder de los fedatarios públicos encontraría el beneplácito del gobierno electo. La marcha atrás a los concursos por oposición beneficiaría hoy al mandatario actual, pero mañana también a Moreno Valle, quien no tendría las manos atadas dentro de seis años para repartir sus premios. Así que seguramente Manzanilla no saldría a oponerse:deslindarían en el PRI la contrarreforma al Notariado, que pagaría el costo político. Un costo que sería una raya más al tigre tras las numerosas ignominias que ya han cometido.
La democracia se volvió en contra de Melquiades Morales en el 2004, luego de promover una reforma a la Ley del Notariado que liquidó el mecanismo patrimonialista de la asignación de notarías como regalo sexenal. En su lugar estableció un mecanismo transparente de concursos públicos regulados y calificados por el Consejo de Notarios. Un buen ejemplo de pesos y contrapesos: el Ejecutivo abría las plazas vacantes y regulaba el procedimiento, mientras los propios notarios escogían a los nuevos miembros de su casta dorada. Todo muy bien, hasta que llegó la aplicación en la realidad. Melquiades Morales, tras cumplir con su responsabilidad en la victoria del PRI,preparó la entrega de premios para sus fieles, la lista de beneficiarios incluía a Héctor Reyes Pacheco, secretario particular del gobernador; César Sotomayor Sánchez, regidor electo de Puebla y exdirector del DIF; Javier Ramírez Chantrés, director jurídico de Gobernación; Ramón Xílotl Ramírez, delegado de Relaciones Exteriores en Puebla; Héctor Maldonado Bonilla, hijo del procurador; Mario Alfredo Mendoza López, magistrado del Tribunal Superior de Justicia; Carlos Ferrao Rojas, abogado del senador Germán Sierra Sánchez; Víctor Díaz Ortiz, hijo del secretario de Desarrollo Rural; e incluso Javier López Zavala.
Melquiades Morales fracasó en la asignación de sus ocho notarías gracias a unapuñalada trapera del Consejo de Notarios, especialmente de uno de sus más allegados, quien cobró viejas facturas. Tal y como ahora pretenden hacerlo, el Consejo encontró inconsistencias y descalificó a los favoritos del gobernador. Ante la disyuntiva del ridículo, a escasos nueve días del final de su sexenio, se dio por derrotado y la Secretaría de Gobernación declaró vacante el concurso arguyendo un tecnicismo: que no se habían reunido las ternas para cada una de las notarías vacantes, y en esa virtud no podían realizarse los discursos. Melquiades Morales se fue del poder sin premiar a sus favoritos y guardando en el fondo de su corazón la traición que sufrió de aquél que fue su notario más allegado.
El Consejo de Notarios pretende aplicarle la misma receta a Mario Marín, aunque de forma menos severa: le concederá nombrar a dos notarios en los distritos judiciales de Tepexi de Rodríguez y Tetela de Ocampo, lugares en donde urge ya que los jueces presten la fe pública por ministerio de ley, pero nada más. Por supuesto, Marín no va a conformarse y abdicar, sobre todo cuando le quedan 46 días en el poder formal. Cuenta con su mayoría mecánica en el Congreso, por lo menos hasta el 10 de enero, por lo que la amenaza es clara: convocar a un periodo extraordinario de sesiones para reformaripso facto la Ley del Notariado y regresar al viejo esquema. Los cálculos indican que podría hacerse y todavía habría tiempo suficiente para la publicación en el Periódico Oficial del Estado. Veremos qué de cuero salen más correas. Si del Consejo de Notarios o del gobernador —por poco tiempo—Mario Marín. Un episodio más de la feria de las deslealtades.