Henaine contra RMV
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Ricardo Henaine ya forma parte de la historia de aventuras poblanas. La misma donde a veces festejamos y en ocasiones criticamos a Martín Garatuza, por ejemplo. El espacio que conserva vivos los lances que hicieron famoso a Gutierre de Cetina, aquel poeta español que se enamoró de Leonor de Osma, una mujer hermosa pero, para desventura del poeta, casada con un médico de armas tomar. Don Ricardo es, pues, una especie de empresario atrevido que gusta de las andanzas, en este caso finacieras, peripecias que nada tienen de románticas y sí algo de engatusadoras.
Además de esa su habilidad para caminar en el filo de la navaja, Henaine nos ha demostrado su gusto por los negocios peligrosos dado los riesgos que éstos conllevan. El último y más publicitado es el Valle Fantástico en cuyo nombre lleva su estigma, operación que nació con las agravantes que produce la desconfianza en las autoridades que, en vez de gobernar, se dedicaron a impulsar las operaciones inmobiliarias con terrenos que, por mandato expropiatorio, deberían ser de utilidad pública.
Antes de entrar en materia aclaro al lector que Martín Garatuza fue un habilidoso hombre de negocios eclesiásticos: se disfrazaba de cura para hacerse de limosnas y cuando fue descubierto usó su capacidad para engatusar librándose así de la terrible Inquisición: convenció a los juzgadores de la época y éstos le dieron permiso de regresar a Puebla a despedirse de su familia. Nunca más se supo de él. Respecto a Cetina, hay que recordar que el tipo convirtió el frustrado adulterio en uno de los madrigales más citados de la literatura poética, inspiración que le cobró la estocada que pasado el tiempo le costó la vida.
Hecha la pertinente aclaración para evitar confusiones de época y estilo, apostilla que me lleva al parangón entre el pasado fugazmente referido y el presente en el cual don Ricardo es todo un osado personaje, ahora y como dicen los “clásicos”, voy al grano.
Durante dos gobiernos sexenales, Henaine ha logrado convencer a quienes sin habérselo propuesto se convirtieron en sus impulsores financieros. De ahí que no tuvo problemas para lograr hacer negocios después de un apretón de tuercas jurídicas por acá y otro ajuste legaloide por allá. Como acostumbran los abogados que se la saben de todas todas, sólo tuvo que encontrar la ficción jurídica para darle la vuelta a la tortilla. Y así, basándose en esa digamos que premisa legal, pudo hacer lo que hasta ayer había hecho, incluso, por qué no, engausar a Rafael Moreno Valle Güitrón para que éste se enfrente al gobernador electo (su primo) al avalar la pretendida operación hipotecaria del predio en disputa.
Pero no obstante los éxitos de este personaje del capital y el deporte, triunfos que sin duda se deben a la habilidad de sus abogados, parece que semejante osadía política-jurídica tendrá respuestas nada poéticas y menos aun románticas.
La razón es que las pretenciones y juegos financieros de don Ricardo, gozan de la impopularidad que contrasta con la buena fama pública del gobernador electo, a quien por cierto el pueblo le exigirá firmeza y contundencia para que sin dilación o pretextos rescate lo que se ha llevado el oleaje de la corrupción burocrática.
Ya no será la Santa Inquisición o el marido ofendido, los entes que señalarán con dedo flamígero al controvertido empresario. No. Podría enfrentarse a la sociedad que está harta de los “buenos negocios” hechos al amparo del poder; y al mismo tiempo retar a un gobernador que llegará al cargo con un incontrovertible bono de confianza, mismo que Moreno Valle Rosas está obligado a validar.
De darse, la del personaje en cuestión sería una apuesta de alto riesgo y costo que nadie en sus cabales financieros querría cubrir a pesar de que en negocios de cochinos todo sea dinero y en negocios de dinero todos sean cochinos.
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