lunes, 15 junio 2026
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Blanca y su paradoja

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Blanca y su paradoja
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 12 de enero de 2011

Ser mujer conlleva una gran responsabilidad. Para empezar es la dadora de la vida. Y si además se echa a cuestas el mantener o impulsar el prestigio de su género dedicado a la política, su responsabilidad aumenta ene número de veces ya que así como insufla aliento a los suyos, también provee de fuerza y optimismo a quienes dependen de su trabajo y decisiones administrativas. Por ello las mujeres que dedican parte de su vida a la función pública, deben centrarse en cumplirle a quienes representan. Y hacerlo sin las distracciones que trae consigo estar pensando en la siguiente elección.

¿Y los hombres?, preguntará el inquisitivo lector. Lo mismo aunque tamizado con el cinismo o la irresponsabilidad generacional que la mayoría suele llevar en sus genes o copiar de sus paradigmas políticos.

En estos trazos surge la figura de Blanca Alcalá, la primera mujer electa para gobernar al municipio capital del estado. Ella trató de cumplir con ese enorme compromiso, sin embargo, no pudo hacerlo tal y como lo prometían las expectativas que se propuso. Fue rebasada por sus cercanos colaboradores que le vendieron la idea de hacerla gobernadora primero, después secretaria general del PRI nacional, y finalmente senadora de la República. Y junto con esa imagen de crecimiento político –de la cual prevalece la última alternativa–, la convirtieron en conejillo de indias de un modelo propagandístico que la metió en la dinámica ajena a su responsabilidad de gobernar con eficacia.

A esos proyectos que paradójicamente sólo benefician a sus promotores, se debe la caída del ave blanca que hace treinta y cinco meses inició su vuelo rumbo a las alturas del cielo nacional. Los vientos goebbelianos la empujaron a la región más opaca del aire, la misma que en una “versión vanguardista de la Comedia Humana”, Carlos Fuentes definió como la más transparente. Y allá ocurrió el vertiginoso descenso, quizá por la falta del oxígeno poblano.

El proyecto de Blanca no estaba del todo errado. Cumplía con los requerimientos que establece la costumbre política. El problema nació por dos causas atribuibles a la, insisto, ambición personal de sus promotores: el tratar de ganarle tiempo al tiempo, más la sobre exposición mediática a que fue sometida privilegiando la opinión nacional sobre la local. Esto produjo el efecto que, por ejemplo, a Sergio Pitol le costó varios años para que en México fuera reconocido su trabajo (se ausentó tres décadas). La ventaja del escritor (que no tiene ninguno de los políticos) es su calidad literaria de alto impacto y trascendencia al futuro.

Así fue como Blanca Alcalá Ruiz se metió en el torbellino nacional (y a veces internacional) abandonando la lógica que aconseja dedicarse de tiempo completo a gobernar y, en este caso, convivir con y para los poblanos de la capital y sus alrededores. Algo que no menciona ningún manual de procedimientos o técnicas de empoderamiento, dado que esa actitud acompaña al honor de presidir la célula del federalismo mexicano.

Dije en la columna de antier, que después de que Blanca dejara la presidencia municipal, entraría en un impasse pesado, denso y turbio en el cual el canto de las sirenas que le llenó la vida pública se transformaría en algo similar al aullido de las hienas. Agregué a este “augurio” producto de la observación y la información, que sufriría sacudidas o “coscorrones” mediáticos. Y mire usted, en su primera parte la predicción se concretó el lunes pasado y ayer, días en que fue objeto de menciones que ponen en duda su eficiencia y honestidad para gobernar, algo sin duda paradójico…

acmanjarrez@hotmail.com

 

Staff Puebla On Line 2009
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